ARGENTINA : Texto y pretexto - la retórica del perdón en Cambiemos

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Florencia Galzerano y Cristian Secul Giusti, Revista Zoom, 3 de diciembre 2017
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Dañar para avanzar: un análisis del ethos político y discursivo detrás de la lógica de gestión macrista y la fenomenología de la prueba y el error.

La retórica del pretexto y del perdón resulta central en el discurso de Cambiemos. Es uno de los pilares de la enunciación comunicativa del gobierno y otro de los modos de encubrimiento en términos políticos. En este sentido, los resultados de su gestión se construyen semánticamente desde la excepción y la salvedad, y en pos de una aparente intencionalidad benevolente fundada en la lógica “prueba y error”.

En ese derrotero, la vara favorable del pretexto es intencionalmente diagramada por los medios masivos de comunicación para acompañar y amplificar las estrategias políticas y económicas del actual gobierno. Bajo los rótulos de justificación y disculpa -y sus consiguientes exabruptos o desfasajes-, el gobierno es ponderado por su actitud pretextual y por la aplicación de un “rostro humano” en las respuestas. Por este motivo, dicho despliegue retórico le sirve a Cambiemos para consagrarse como novedad y como alianza política que avanza desde la simpatía y la supuesta afabilidad.

Si la distinción entre intención y acción constituye uno de los problemas políticos y sociológicos más complejos para desentramar, esto no le es ajeno a la construcción identitaria que pretende configurar la alianza política bajo un cascarón ético que, necesariamente, coloca a su adversario en la vereda opuesta a “verdad”.

Esto revela, al menos, dos cuestiones. Por un lado, da cuenta de una concepción unívoca de lo real y lo verdadero que le atribuye a la historia un sentido y un fin último que inexorablemente se desarrollará de modo providencial. Por otra parte, la inmanencia de las intenciones subjetivas funciona como cerco protector de las acciones que procuran escapar de la responsabilidad constitutiva de la política; al tiempo que intenta zanjar a la discusión sobre la imputabilidad de las consecuencias de éstas. Sin embargo, como reza el dicho popular: “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones y el cielo de buenas obras”.

Cálculo y avance

El oficialismo es construido por el discurso mediático como el paladín de la transparencia, y la racionalidad que supuestamente toma decisiones con dolor y dramatismo para mejorar las situaciones de vida. Muy por el contrario, el kirchnerismo es narrado a partir de una perspectiva compleja y opaca signada por el oscurantismo y el azar.

Así, los resultados políticos, económicos y sociales exitosos obtenidos por los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner son relatados en función de lo fortuito y lo casual. El famoso “viento de cola” señalado como acusación por los sectores entonces opositores sirve para anular los alcances y los objetivos de la administración kirchnerista. Asimismo, es también un modo de deslegitimar conquistas sociales y de desprestigiar trabajos colectivos que lograron imponerse a partir de la búsqueda de justicia y memoria, por ejemplo.

La estructura discursiva “cool” del neoliberalismo actual asocia la política estatal del kirchnerismo a lo vetusto e ineficiente. En contraste, la estrategia comunicacional de Cambiemos se sitúa desde una voluntad que propone concretar lo que no pudo ser o no se logró imponer -“Haciendo lo que hay que hacer”, “Iniciando proyectos”, “Consolidando sueños”-.

En ese escenario de polarización semántica, la alianza gobernante utiliza latiguillos y frases sueltas publicitarias que solo visten una superficie y no incluyen un contenido particular. El pretexto, en ese caso, se sostiene en los leitmotiv y fraseologías dolientes como las sistemáticas referencias a las decisiones “dolorosas, pero necesarias” que permiten diferenciarse con una política estatal anterior, vinculada directamente con el descalabro y el desorden.“Cambiemos se configura como una gestión de nuevos tiempos, que busca la acción concreta y la “restauración” como propósito de ejercicio político; pero, ¿qué tipo de Estado es el que busca restaurarse?”

Ahora bien, si el kirchnerismo aparece en el discurso asociado a estas características, la idea de “normalidad” para el país se presenta absolutamente suspendida en el abstracto, sin referencia histórica alguna.

En esta última línea, Cambiemos se configura como una gestión de nuevos tiempos, que busca la acción concreta y la “restauración” como propósito de ejercicio político; pero, ¿qué tipo de Estado es el que busca restaurarse? La omisión parece no ser azarosa, puesto que esa verbalización explícita chocaría de frente con la memoria colectiva de los argentinos; razón por la que se procura esgrimir un texto sin contexto y postular un futuro mejor a fuerza de material sacrificio y esotérica confianza.

En esa batalla cultural y política, la retórica del perdón se advierte como un concepto directriz y una ética -en tanto se destaca como valor opuesto a la soberbia- que esconde un cinismo contemplado y una lógica corporativa de avance.

Dicho aspecto cínico de la política del gobierno se vincula con una estética que roza la altanería a través de falacias argumentativas ad hominem que, en primer lugar, desconoce o invalida contra-argumentaciones provenientes de un adversario y, en segundo orden, lo descalifica al momento de comunicar los discursos de una gestión.

Desde este plano, su propia historicidad empresarial ejercita un ideario de disculpa y excusa que se presenta impasible y liviana. Así, la enunciación no retoma el acto equívoco en sí, sino resalta un menester que se vitaliza por el avance posterior, más que por el error correspondiente. Lo importante, en términos de Cambiemos, es excusar el acto, mas no resolver lo acontecido o proponer una manera de sellar la fisura. Lo hecho, hecho está y sobre eso se despliegan los movimientos ulteriores.

El pretexto en la maquinaria de demoler derechos

Recapitulando, el pretexto y el perdón tienen una implicancia sustancial en Cambiemos porque admite una instancia de error, falla y cálculo equívoco con una intencionalidad de avance, pero no de retroceso. Aquí es donde se aprecia una concepción lineal -y no dialéctica- de los tiempos históricos que permite anclar una perspectiva ideológica y coquetear con cierta idea de darwinismo social absolutamente compatible con la meritocracia y la supervivencia del más fuerte en el “libre mercado”.

La noción de pretexto incluye un intento de distribuir legitimidades dispares y de activar voces unidireccionales que se rigen según la excusa continua del gobierno. En esta ocasión, Cambiemos utiliza sus “equivocaciones” para construir oponentes, diseñar destinatarios y poner en funcionamiento un ideario de acción. En ese tránsito de responsabilidades y acusaciones, se decide quién merece los premios y los castigos correspondientes, y quién ocupa el lugar de la bondad, de los esfuerzos y los merecimientos.

A través de lo pretextual se performa una estrategia para enmascarar la distribución inequitativa de los derechos y la consiguiente deslegitimación de discursos. Por este motivo, Cambiemos modifica y reubica sus decires y sus acciones empleando excusas que buscan resarcir la consagración de consecuencias.

Desde la consideración de “grasa militante” o de “ñoquis” a la hora de los despidos en el estado, hasta la duda sobre el merecimiento de las clases populares en la adquisición de tecnología (celulares, tablet, televisores) o el gasto conveniente de energía según la utilidad, este espacio político desarrolla la excusa para efectivizar su plan de ajuste económico e imponer una perspectiva social excluyente tras haber afectado severamente el núcleo de relación capital-trabajo.

Sin embargo, estas apuestas discursivas se presentan como logros -desde una perspectiva triunfalista- y son amplificados por el poder mediático hegemónico que custodia y reproduce lo articulado por la gestión macrista. En términos periodísticos, la noticia se desplaza y los medios masivos se pliegan a un discurso oficialista y empresarial que consagra el desarrollo de un “periodismo gendarme”. De esta forma, el ejercicio periodístico se desenvuelve de acuerdo a lo diagramado por el gobierno y su lógica neoliberal, custodiando sus objetivos y revalorizando los “yerros” que rodean a esas decisiones políticas.

En ese juego, la divulgación mediática del pretexto construido permite re-diseñar escenarios de discusión política y social favorables para sus ópticas de acción. Sin ir más lejos, en términos de defensa y seguridad, la excusa de la fragilidad sirve para poner en común desempeños militares y policiales en el interior de la ciudadanía. De la misma forma, la proliferación de relatos atravesados por retóricas de miedo y terror reavivan confusiones en la cotidianeidad y generan resquemores en el espacio público.

Por esta razón, el pedido de “perdón” esconde estrategias y postula cercenamientos futuros en términos de derechos y demandas. A partir del diseño de justificaciones y puestas en escena pretextuales, la disculpa del gobierno se enuncia como comodín de argumentación vacía que se zanja por oposición a una idea de desorden.

En este rigor de política “minuto a minuto” y de lógica de desplazamiento pretextual, la alianza gobernante tiene un distintivo que lo construye de un modo “dinámico”. Al respecto, las marchas y contramarchas en sus iniciativas, los supuestos pasos al costado en algunas tomas de decisión marcan la identidad de su retórica de disculpa y excusa.

En estas decisiones de gobierno -intempestivas y cubiertas bajo un halo de posible arrepentimiento- no se advierte una instancia de sensibilidad o de reflexión, sino un efecto de consideración mecánica y de entramado que describe la estética propia del universo Cambiemos: se desplaza del texto al pretexto, sin pedir nunca permiso ni decir gracias. El avance es el designio perpetrado y el timing en sus decisiones es el fundamento primordial del éxito en un escenario de dispersión que beneficia y refuerza sus propósitos venideros.