España 1936, Libia 2011

por toni solo y Jorge Capelán, 16 de septiembre 2011

Simone Weil escribió que lo que asombró a los europeos de la barbarie del gobierno democráticamente elegido de la Alemania Nazi fue la aplicación a Europa de los métodos coloniales de la represión y el genocidio. Los pueblos del mundo mayoritario fuera de Europa y Norte América pueden ver que nada ha cambiado. El asesinato en masa es tan natural para los políticos actuales de la OTAN-Cosa Nostra -  Ashton, Cameron, Clinton, Obama, Sarkozy y sus cómplices – como jamás lo fue para Goering y Himmler.

La maldad banal de estos individuos sirve un sistema político-económico monstruoso. Es un sistema que rescata a sus banqueros con millones de millones de dólares mientras que por falta de unas decenas de miles de millones la mayoría empobrecida a nivel mundial muere de hambre y de enfermedades fáciles de tratar. Muchos escritores ya han analizado esta psicología psicópata, desde Hannah Arendt hasta Edward Said. Un componente fuerte de esta patología es la mentalidad colonial encarnada en el rechazo de las y los sofisticados delincuentes de la OTAN de cualquier tipo de propuestas para una resolución negociada del conflicto en Libia.

Con sus propuestas ignoradas o menospreciadas, los dirigentes de la Unión Africana se han dado cuenta que su lugar es el de colgar las chaquetas de los dirigentes de la OTAN, lavar sus trastes sucios y limpiar sus baños. En Libia, en el terreno, esa arrogancia y menosprecio coloniales se han expresado en los pogromos y linchamientos llevados a cabo por los renegados racistas apoyados por la OTAN. Poder acomodarse a tales horrores es una calificación esencial para ser un dirigente político en Europa y Norte América. La ignominia demostrada por Barack Obama y de Susan Rice no pudo ser más categórica.

Quizás nunca se sabrá el alcance de los crímenes de lesa humanidad cometidos por los europeos y norteamericanos en Libia. Los medios, tanto los corporativos como muchos de los denominados alternativos, han trabajado duro para esconderlos y camuflarlos. Sin embargo, aún los mismos renegados a sueldo de la OTAN hablan de 60,000 muertos. Ya los bombardeos indiscriminados y despiadados de la OTAN han estado matando civiles al por mayor desde hace más de 6 meses. La invasión por tierra de Trípoli por la OTAN incluyó masacres cometidas por helicópteros artillados. Se ha reportado el uso de bombas de racimo y de armas químicas en Sirte y en Bani Walid.

Se aprobó la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad “Mano Blanca” de la ONU, solamente como un pretexto fácil de violar sistemáticamente. Fue la coartada mínima necesaria para encubrir las operaciones ya en marcha en febrero 2011, mucho antes de la Resolución 1973. El ataque contra Libia ya había sido ensayado en el ejercicio militar de la OTAN denominado “Southern Mistral” en Noviembre de 2010.

Casi no hay mención ahora de las perjudiciales sanciones impuestas a Libia por los poderes de la OTAN a lo largo de los años 1990s. Se intenta borrar estas sanciones de la cobertura del conflicto porque es una realidad que explica el desarrollo de la política en Libia durante la última década. Muammar al-Ghaddafi y sus partidarios empezaron resistir cada vez más los intentos de los funcionarios corruptos simpatizantes de Occidente de profundizar la entrega de los recursos del pueblo Libio a intereses corporativos extranjeros en contra de los intereses del propio pueblo libio. 

Los gobiernos de la OTAN hostigaron, chantajearon y sobornaron a individuos como Moussa Koussa, Mustafa Abdul-Jalil, Mahmoud Jibril y Abdel Fattah Younes para que traicionaran el pueblo libio y destruyeran el sistema de la Jamahiriya libia. Estos mismos funcionarios fueron los responsables de los abusos de los derechos humanos hoy criticados con tanta fruición (aunque con retraso de varios meses) por los que en los momentos más críticos apoyaron el golpe-insurreción por contrato llevado a cabo en Libia. Los gobiernos de la OTAN compraron a esos funcionarios siniestros y corruptos y los juntaron con libios monarquistas reaccionarios y con los contratistas terroristas de la OTAN de Al-Qaeda.

La terca realidad es que una clara mayoría del pueblo libio ha apoyado a Muammar al-Ghaddafi, sus colegas del gobierno legítimo de Libia y la resistencia que se ha organizado al golpe de Estado fomentado, equipado y directamente apoyado por la OTAN. Ese respaldo popular surge de la incuestionable legitimidad de la Jamahiriya libia basada en su sistema de democracia directa participativa y su desarrollo económico en los últimos 40 años, sin paralelo en África. Esta innegable realidad ha destruido la credibilidad de los líderes occidentales políticos y mediáticos a lo largo del espectro político.

Libia es la última intervención en una serie protagonizadas por los países de la OTAN. La agresión militar ha sido su modus operandi en Somalía, Afganistán, Iraq, Líbano, Gaza, Costa Marfil y Libia. En América Latina y el Caribe la OTAN ha preferido actuar por medio de golpes de Estado más convencionales. Fallaron en Venezuela en 2002, en Bolivia en 2008 y en Ecuador en 2010. Lograron su objetivo en Haiti en 2004 y en Honduras en 2009. Tanto Haití como Honduras están bajo ocupación militar de regímenes de la OTAN – en ésta última, por medio de la base estadounidense de Palmerola, mientras que en el primero, por medio de la fuerza de ocupación, malamente disfrazada como “de paz”, de la Minustah.

La OTAN sigue agresivamente con la instalación de bases militares en Europa del Este. Su miembro más poderoso ejecuta maniobras navales agresivas en el Mar China del Sur. Alrededor del mundo, los países de la OTAN amenazan la paz y la estabilidad, ya sea directamente por medio de una presencia militar o por medio de actividades diplomáticas y económicas agresivas. En abierta violación de la Carta de las Naciones Unidas, dirigentes criminales de los países de la OTAN como  Nicolas Sarkozy y Hillary Clinton amenazan a Irán.

Los países dominados por las élites de Norte América, Europa y sus aliados del Pacífico se encuentran en una profunda crisis interna y más todavía en relación a sus competidores mundiales.  Dentro de sus países reprimen protestas contra la caída de los niveles de vida. En el extranjero, ya sin credibilidad ni autoridad, emplean su poderío militar altamente destructivo para frenar su declive relativo a otros países con economías más dinámicas y exitosas. Libia es como fue España en los años 1930s. Marca un punto de inflexión decisiva en lo que ya es un conflicto militar mundial entre las élites globales y las mayorías empobrecidas.