LIBIA : Sabra-Chatila, Jenin, Qana, Fallujah, Gaza, Tripoli, Sirte

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toni solo, 30 de agosto 2011

“Debemos olvidar los sueños, abandonar nuestras viejas creencias y nuestras amistades de antes. No perdamos el tiempo en estériles letanías o en mimetismos nauseabundos. Dejemos a esa Europa que no deja de hablar del hombre al mismo tiempo que lo asesina dondequiera que lo encuentra, en todas las esquinas de sus propias calles, en todos los rincones del mundo”
Frantz Fanon


Una ciudad en Libia se encuentra asediado. Los dirigentes implacables prometen un asalto militar despiadado. ¿Dónde? ¿Benghazi en marzo 2011? ¿Con Estados Unidos y la Unión Europea presionando por sanciones urgentes de parte de la ONU?

No. Se trata de Sirte, ciudad natal de Muammar al-Ghaddafi. Por casi una semana ahora, Sirte ha sufrido un estado de sitio completo y bombardeos continuos, cosas que nunca se hicieron en Benghazi. Los gobiernos estadounidenses y europeos bombardean la población civil sin tregua. Mercenarios de la OTAN dirigidos por fuerzas especiales de la OTAN implementan el cerco. De igual manera cometerán el masacre. Nadie exige sanciones de la ONU.

Las cosas no podrían ser más claras. Los sofisticados bárbaros de saco y corbata, ejecutivos corporativos y políticos anti-Ghaddafi del Bloque Occidental en sus trajes de lujo, junto con sus aliados mediáticos y sus intelectuales anti-imperialistas dóciles, ya lograron lo que quisieron. Los masacres cometidos por europeos o norteamericanos no requieren acción ni por el Consejo de Seguridad de la ONU ni por la Corte Internacional Penal.

Los que en el Occidente abogan por los derechos humanos colaboran con las élites que los financian y con los gobiernos a que, de manera ritual, presentan sus exigencias de acción urgente. A lo largo del espectro político, la gran mayoría de la opinión de los países del Bloque Occidental condenaron el gobierno del Muammar al-Ghaddafi. La opinión radical y progresista del Occidente ignoraba o menospreciaba los incuestionables logros del gobierno de Libia a nivel interno y sus extensos logros humanitarios a nivel continental en África. Negaba lo obvio, que Muammar al Ghaddafi tiene el apoyo de la mayoría de los libios.

Tácitamente o abiertamente, la mayoría de la opinión supuestamente anti-imperialista en los países occidentales aprobó el inicio de la guerra de la OTAN contra el pueblo de Libia. Esta alianza muda no es completamente nueva. Quizás nunca ha sido tan clara y categórica. Los países occidentales y sus sociedades, representados por sus gobiernos, violan constantemente los imperativos esenciales de la Carta de las Naciones Unidas. Las poblaciones de los países de la OTAN, sus economías y sistemas políticos benefician materialmente de los crímenes de sus gobiernos. Las juntas directivas de las grandes corporaciones transnacionales están regadas con criminales de guerra jubilados, antiguos líderes políticos de los países de la OTAN.

Las personas en las sociedades occidentales que abogan en base de criterios humanitarios y de derechos humanos intentan limpiarse las manos con declaraciones angustiadas y disidentes. Pero, con respecto a Libia, siempre buscan como justificar el crimen inicial. En verdad, no aceptan las normas fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas : la auto-determinación de los pueblos, la no agresión, el respeto por la integridad territorial.

El sentido pleno de la destrucción de Libia por la OTAN y sus aliados árabes y la colaboración en aquel crimen de los gobiernos de Rusia, China e Irán tomará algún tiempo para esclarecerse. Pero la necesidad categórica de abandonar el corrupto doble rasero moral e intelectual de los países de la OTAN es urgente. Los acontecimientos en Libia, en Trípoli y en Sirte, demuestran de una manera definitiva la urgencia de rechazar y combatir el narcisismo, el cinismo, la hipocresía y el sadismo de los dirigentes políticos, económicos y culturales, del sector no gubernamental, de los medios de los países del Bloque Occidental. Y se trata no solamente de la derecha, sino de la extensa izquierda neocolonial también.