LIBIA : Cadáveres ilustres - la verdad siempre es revolucionaria

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por toni solo y Jorge Capelán, 25 de septiembre 2011

En estos precisos momentos, en Libia, el falso gobierno reconocido por la ONU junto a sus amos de la OTAN, bombardea para matar a cientos de civiles en Sirte, Bani Walid y Sabha. Han bombardeado escuelas y hospitales. Han asesinado familias enteras. Esta infamia fue autorizada por la ONU desde el comienzo y ha sido justificada por la flor y nata de los intelectuales progresistas internacionales. Ya es tiempo de identificar y condenar a estos cómplices de los crímenes contra la humanidad cometidos en Libia por las élites occidentales y sus gobiernos títeres.

La guerra colonial contra Libia ha definido más agudamente que nunca las estructuras del conocimiento, de las actitudes y del comportamiento que caracterizan la producción intelectual progresista y radical en Europa y Norte América. La guerra ha provocado una crisis en esa producción. Ahora, no podría ser más claro que la función de clase de gerentes intelectuales como Gilberto Achcar, Immanuel Wallerstein, Ignacio Ramonet e individuos similares es la de neutralizar la protesta efectiva contra el capitalismo y el imperialismo.

El poeta proto-fascista irlandés W.B.Yeats escribió una vez, “¿Acaso aquel drama mío empujó / a ciertos hombres que mataron los ingleses?”, gerentes intelectuales como Achcar, Ramonet, Wallerstein, Samir Amin, Atilio Boron, Ramzy Baroud y Santiago Alba Rico podrían preguntarse, ”¿Acaso nuestro trabajo hizo posible el salvaje genocidio de la OTAN en Libia?” La respuesta es, por supuesto, “Claro que sí.” Además, parece que esa gente piensa que todo está como debe ser.

En teoría aseveran que abogan por cambios sociales radicales o revolucionarios. Pero donde hay procesos que sí han logrado un cambio social genuino en el mundo real, como en la Jamahiriya libia, los atacan o, como en Venezuela, buscan como moldearlos de acuerdo con sus propios criterios narcisistas. Si uno revisa las expresiones de disidencia privilegiada bajo el capitalismo de consumo corporativo, descubre que todas esas son variedades del anarquismo.

Claro que lo son. El anticomunismo anarquista es el niño malcriado que toleran y amamantan las élites capitalistas. Molesta a veces, pero es una molestia útil y fácil de integrar a la familia del laissez faire. El capitalismo se acomoda bien a lemas fáciles como “Otro mundo es posible”. Podemos ver lo que esa gente tiene en mente cuando miramos a Libia. Los intelectuales que apoyaron a los asesinos renegados racistas de la OTAN y su golpe-insurreción por contrato son un buen ejemplo de cómo funciona el proceso de cooptación y acomodación hoy en día.

Se asimilan a los ritos y procesos de la vida pública en las plutocracias de Norte América y Europa. Se mueven entre la vida académica, la actividad no-gubernamental y la participación en los masivos medios corporativos de la guerra psicológica y sus contrapartes, los guardabarreras alternativos de la disidencia permisible. La Guerra colonial contra Libia ha resaltado esta realidad de la manera más categórica. Uno solo tiene que mirar atrás a la producción de esos gerentes intelectuales de prestigio allá por los días de la Resolución 1973 del 19 de marzo en la ONU.

Aquí tenemos a Immanuel Wallerstein (http://www.iwallerstein.com/libya-world-left/) :

El segundo punto ignorado por el análisis de Hugo Chávez es que no va a haber ninguna intervención militar significativa del mundo occidental en Libia. Las declaraciones públicas son vacías, huecas, diseñadas para impresionar la opinión local doméstica. No va a haber una resolución del Consejo de Seguridad porque Rusia y China no van a cooperar. No va a haber una resolución de la OTAN porque Alemania y otros no van a cooperar. Aun la posición militante de Sarkozy contra Qaddafi encuentra resistencia en Francia.”

Aquí tenemos a Ignacio Ramonet (http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/000085641287216818681110...) :

En semejantes circunstancias, cualquier otro dirigente razonable hubiese entendido que la hora de negociar y de abandonar el poder había llegado (9). No así el coronel Gadafi. A riesgo de sumir a su país en una guerra civil, el "Guía", en el poder desde hace 42 años, explicó que los manifestantes eran "jóvenes a los que Al Qaeda había drogado echándoles píldoras alucinógenas en el Nescafé". Y ordenó a las Fuerzas Armadas reprimir las protestas a cañonazos y con fuerza extrema. El canal Al Jazeera mostró los aviones militares ametrallando a los manifestantes civiles.”

y

Se puede estar en contra de la estructura actual de Naciones Unidas, o estimar que su funcionamiento deja mucho que desear. O que las potencias occidentales dominan esa organización. Son críticas aceptables. Pero, por ahora, la ONU constituye la única fuente de derecho internacional. En ese sentido, y contrariamente a las guerras de Kosovo o de Irak que nunca tuvieron el aval de la ONU, la intervención actual en Libia es legal, según el derecho internacional; legítima, según los principios de la solidaridad entre demócratas; y deseable, para la fraternidad internacionalista que une a los pueblos en lucha por su libertad.”

Aquí está Gilbert Achcar (http://www.zcommunications.org/libya-a-legitimate-and-necessary-debate-f...) :

La idea de que las potencias occidentales intervienen en Libia porque quieren derrocar un régimen hostil a sus intereses es sencillamente irrisoria. Igual de irrisoria es la idea de que lo que buscan es echar mano al petróleo libio. De hecho, toda la gama de las empresas occidentales de gas y de petróleo está activa en Libia. ENI de Italia, Wintershall de Alemania, BP de Gran Bretaña, Total y GDF Suez de Francia, las empresas estadounidenses Conoco Phillips, Hess, y Occidental, la Anglo-Holandesa Shell, Repsol de España, Suncor de Canadá, Statoil de Noruega, etcétera- ¿Por qué entonces las potencias occidentales intervienen hoy en Libia y no ayer en Rwanda y en el Congo ayer y hoy? Como uno de aquellos que argumentó enérgicamente que la invasión de Iraq era “por el petróleo”, contra aquellos que querían etiquetarnos a nosotros como “reduccionistas”, no se puede esperar que vaya a argumentar que esta intervención no es por el petróleo. Definitivamente, lo es. Pero ¿cómo?

Mi interpretación de eso es la siguiente: Después de mirar por algunas semanas mientras Gaddafi condujo su terriblemente brutal y sangrienta represión de la insurrección que empezó a medianos de febrero – y los estimados del número de muertos a inicios de marzo van desde 1000 a 10,000, esta última cifra de la Corte Internacional Penal y con estimados de la oposición en Libia de entre 6000 y 8000 – los gobiernos occidentales, por cierto, como todo el mundo, se convencieron de que con Gaddafi embarcado en una ofensiva contrarrevolucionaria y a las puertas de la segunda ciudad más grande en Libia, Benghazi (con más de 600,000 habitantes) era inminente una matanza a escala masiva.”

El manejo contrafactual de las percepciones

Uno podría citar muchísimos más ejemplos de la deshonestidad intelectual, la ignorancia, la estupidez, la arrogancia y el cinismo de estos escritores prestigiosos entre otros como, por ejemplo, Santiago Alba Rico, Atilio Boron, Ramzy Baroud y Samir Amin. Pero una masa adicional de documentación no añadiría nada al cuadro más general de la colaboración narcisista de muchos intelectuales de prestigio con la maquinaria dominante de guerra psicológica corporativa de los países de la OTAN. Tampoco vale la pena entretenerse en el papel de los guardabarreras favoritos de la disidencia permisible para la OTAN como Counterpunch, ZNet, Rebelión, le Monde Diplomatique y otros sitios web alternativos similares.

Esos sitios cumplieron con su papel de silenciar y censurar la discusión y la argumentación eficaz en los días cruciales antes de la votación en el Consejo de Seguridad de la ONU y alrededor del hecho decisivo de la invasión terrestre de Trípoli por la OTAN en agosto. Un pequeño grupo de escritores, entre ellos John Pilger y Tariq Ali, hablaron en contra de la guerra. Pero aun ellos se tragaron en su totalidad la caricatura de la guerra psicológica de la OTAN de Muammar Al Ghaddafi como un payaso-dictador y carnicero.

Mientras los errores individuales de Achcar, Wallerstein y Ramonet varían, todos parten de la premisa central de la ofensiva de guerra psicológica de la OTAN, o sea, que Libia fue una dictadura que fue derrocada por una revolución popular exitosa. Como parte de su sospechosamente inter-coherente manejo de las percepciones de los hechos en Libia, todos estos colaboradores de la OTAN omiten los siguientes hechos:

  • antes del 19 de marzo, la Jamahiriya libia había llamado a negociaciones y a una misión de verificación de los hechos de parte de la ONU – ambas fueron rechazadas por los renegados y por los poderes (occidentales) dominantes en la ONU;

  • la única información confiable confirmada de los hechos en Libia entre el 17 de febrero y el 19 de marzo vino del gobierno libio y fue confirmada por el testimonio del Secretario de Defensa estadounidense Robert Gates y Chief of Staff Admiral Michael Mullen, y también por la inteligencia militar rusa antes de la Resolución 1973 del 19 de marzo;

  • Nunca hubo prueba confiable que las fuerzas de la Jamahiriya libia hayan bombardeado o ametrallado manifestantes pacíficos en febrero o marzo de 2011;

  • por otro lado, estuvieron disponibles desde un inicio de los acontecimientos en Benghazi en febrero, testimonios creíbles de pogromos racistas y linchamientos cometidos por los renegados libios;

  • la Unión Africana insistió constantemente y desde el inicio del conflicto, en una paz negociada, una iniciativa acogida por la Jamahiriya libia y rechazada por los renegados y por la OTAN;

  • la sanciones impuestas contra Libia, en base a la flagrante mentira de su involucramiento en el atentado terrorista de Lockerbie, afectaron muy negativamente el desarrollo de Libia entre 1992 y 2003;

  • hasta 2011, la población de Libia disfrutó un nivel de vida sin paralelo relativo con el resto del continente africano;

  • la Jamahiriya libia ahorró 200 mil millones de dólares que fueron administrados para el beneficio del pueblo libio y los países empobrecidos de África;

  • la Jamahiriya libia promovió un sinnúmero de proyectos e iniciativas estratégicas de desarrollo a favor de los demás países de África;

  • antes de su golpe-insurrección por contrato, los jefes renegados del CNT promovieron políticas neoliberales pro-occidentales que fueron resistidas firmemente por Muammar Al Ghaddafi;

  • después de darse cuenta de la resistencia de Muammar Al Ghaddafi a las reformas neoliberales más profundas en Libia, la OTAN planificó y ejecutó un ejercicio de guerra en noviembre 2010 llamado "Southern Mistral" en el que practicaron un asalto militar contra Libia.

Análisis con pies de barro

Uno podría seguir explorando más en detalle para rebatir todas las falsas aseveraciones e hipócritas argumentos de los compañeros de viaje de la OTAN como Ramonet, Achcar y Wallerstein. Pero basta de revisar las citas arriba para ver cómo sus argumentos son infundados, sesgados, deshonestos, arrogantes y cínicos. Tienen todas las características clásicas del manejo de percepciones de la OTAN desde la revolución cubana hasta los golpes apoyados por la ONU/OTAN en Haití y Costa Marfil.

Immanuel Wallerstein falló de la manera más ridícula en prever el curso de los acontecimientos en Libia. EL Consejo de Seguridad de la ONU sí pasó una Resolución. La OTAN sí resolvió ir a la guerra. El Presidente Sarkozy fácilmente logró conseguir la aprobación de su país para la participación de las fuerzas armadas de Francia en la guerra colonial contra Libia.

Wallerstein demostró una idiotez total en su valoración de los hechos en marzo 2011. Podemos añadir el ilustre cadáver de su reputación al Barco de Tontos a la deriva en Libia, lleno de los inocentes de la OTAN que se equivocaron categóricamente sobre los acontecimientos en ese país. La prepotencia de Wallerstein lo llevó a una equivocación sin remedio. Por contraste, la valoración de Fidel Castro y del Presidente Hugo Chávez fue absolutamente acertada.

Las falsedades de Ignacio Ramonet

Ignacio Ramonet falsifica totalmente la naturaleza de los acontecimientos en Benghazi en febrero. No hay ninguna prueba confiable de que se disparó contra manifestantes inocentes. En su momento, la versión del gobierno libio fue confirmada por el testimonio, tanto del Secretario de Defensa estadounidense Robert Gates y el oficial de mayor rango de las fuerzas armadas Almirante Mullen como también por la inteligencia militar rusa, todo antes de la Resolución 1973 del 19 de marzo. Ahora, los estimados más altos de los muertos provocados por la insurrección armada entre febrero y marzo es de alrededor de 250.

Ramonet se equivocó porque tomó como fuente confiable un medio notorio de la guerra psicológica de la OTAN, el periódico británico The Guardian. La cobertura sobre temas internacionales de The Guardian es igual de sesgada y cínica que la de El País o Le Monde. Ramonet también dependió del medio Qatarí Al Jazeera, ahora abrumadoramente poblado por personal que anteriormente trabajó para los medios corporativos de Norte América y Europa.

No es tan raro como parece el que un supuesto radical como Ignacio Ramonet ignorarse toda la larga historia de las intervenciones imperialistas durante los últimos dos siglos. Hubo un momento en que Ramonet estuvo muy orgulloso de haber promovido el Foro Social Mundial – una organización muy cuestionada por sus niveles de financiamiento corporativo.

Con respecto a Libia, Ignacio Ramonet sugiere como si fuese un hecho algo que definitivamente él no sabe, es decir, que Muammar Al Ghaddafi ordenó el uso de la fuerza extrema contra manifestantes pacíficos. Esta sugerencia es pura propaganda de la misma manera que lo es su cita selectiva de los comentarios de Muammar Al Ghaddafi en el momento de los hechos. Escribir como lo hizo Ramonet, que la Resolución 1973 fue legal, legítima y deseable, lleva el cinismo narcisista a sus extremos límites.

El Secretario de Defensa estadounidense Robert Gates ya había indicado correctamente que la imposición de una zona de exclusión aérea necesitaba de una agresión militar. Pero la Carta de la ONU específicamente excluye el uso ofensivo de la fuerza militar. Solo permite el uso de la fuerza para la autodefensa. Libia no atacaba a nadie. Esto explica la aseveración del Timador-en-Jefe, el Presidente Barack Obama, de que los Estados Unidos no estuvieron en guerra contra Libia. Toda noción de la legalidad de la ONU desapareció al momento en que los buques de guerra y los aviones de sus miembros más poderosos lanzaron cientos de misiles y miles de bombas contra un país que no había agredido a ningún otro miembro de la ONU.

De todas maneras, la Resolución 1973 llama desde el inicio a una solución pacífica y negociada. Pero la propuesta del gobierno libio, de la Unión Africana y del bloque de países del ALBA todo el tiempo fue rechazada por los renegados libios. Ellos la rechazaron porque tenían el apoyo de los mismos gobiernos que cínicamente aprobaron la Resolución 1973, sabiendo que ni ellos ni los renegados tenían la más mínima intención de buscar la paz.

Ramonet argumenta que el cheque en blanco de la ONU para una intervención fue legítimo en términos de la solidaridad democrática. Aquí enfrentamos una contradicción fundamental de la izquierda neocolonial internacional. Ignacio Ramonet, notorio crítico del capitalismo corporativo, acepta tácitamente que Norte América y Europa, después de todo, están compuestos por democracias mientras describe explícitamente a la Jamahiriya libia como a una dictadura.

Pero es la Jamahiriya libia la que cuidadosamente ahorró miles de millones de dólares que seguidamente usó para el beneficio del pueblo libio y los demás pueblos de África. En cambio, fueron las podridas plutocracias de Europa y Norte América las que chuparon secos sus pueblos para así enriquecer a una pequeña élite de banqueros delincuentes y especuladores y de esta manera proteger a sus criminales sistemas financieros. La solidaridad democrática de que habla Ramonet es una mera confección narcisista conjurada para justificar su prejuicio ideológico contra la Jamahiriya libia.

Concluir, como lo hace Ignacio Ramonet, que la resolución 1973 fue de alguna manera deseable, es una evidente locura deshonesta. Los términos de la Resolución 1973 dejaron el tema completamente abierto a la libre interpretación de los gobiernos norteamericanos y europeos. Ningún observador serio y sincero esperaba menos que la aplicación despiadada de la fuerza militar en apoyo a los artífices del golpe-insurrección racista luchando desesperadamente para sobrevivir en Benghazi.

Ese golpe-insurrección no tenía suficiente apoyo popular para sobrevivir en el resto de Libia. Ramonet dejó a un lado mucha información ya disponible que indicaba los mismos hechos que se han confirmado una y otra vez desde el 19 de marzo. Los renegados no tienen apoyo popular suficiente para controlar Libia sin el apoyo militar de la OTAN. La reputación de Ramonet se junta como una cadáver ilustre más al Barco de Tontos iluminados por las llamas del genocidio de la OTAN en Zliten, Trípoli, Sirte y Bani Walid.

Gilbert Achcar – maestro de la guerra psicológica

El caso de Gilbert Achcar es probablemente el caso de colaboración de un intelectual con la OTAN más descarado y abierto en su guerra psicológica contra el pueblo libio. Con respecto a Libia, Immanuel Wallerstein resultó ser tonto e Ignacio Ramonet poco más que un bufón deshonesto. En cambio, la postura de Gilbert Achcar está basada en una posición política bien calculada de la más absoluta mala fe.

Achcar es Profesor en Estudios del Desarrollo y Relaciones Internacionales en lo que para efectos prácticos es un anexo del Ministerio de Relaciones Extranjeras y Coloniales de Su Majestad de Inglaterra, la Escuela de Estudios Orientales y Africanos en Londres. Achcar ha trabajado como profesor universitario en Francia y Gran Bretaña por más de 30 años. Sería ingenuo pensar que no ha sido cooptado por el ambiente académico europeo con sus estrechos lazos con los gobiernos más poderosos de los países de la OTAN. Sus comentarios sobre Libia no dejan duda de su capitulación moral e intelectual como un apologista del colonialismo en ese país.

La idea de que los poderes occidentales intervienen en Libia porque quieren derrocar un régimen hostil a sus intereses es sencillamente irrisoria.” Es raro para un agente de la guerra psicológica de la OTAN, el exponerse tan abiertamente de esta manera. De todos modos, es evidente que la opinión irrisoria es la de Gilbert Achcar al sugerir que los poderes occidentales, al atacar a Libia, lo harían por cualquier otro motivo que no fuese el que Libia era un problemático obstáculo para sus planes en diversos frentes.

Achcar sigue definiéndose claramente como un apologista de la OTAN cuando sin la menor vergüenza cita como si fuera un hecho categórico las cifras más extremas y ridículas de muertes civiles supuestamente provocadas por las fuerzas de la Jamahiriya. Lo hace sin ninguna base en reportajes legítimos o investigación responsable: “los estimados del número de muertos a inicios de marzo van desde 1000 a 10,000, esta última cifra de la Corte Internacional Penal y con estimados de la oposición en Libia de entre 6000 y 8000”.

Solo un mentiroso de la OTAN podría esperar que se le tome en serio al citar como una fuente confiable la Corte Internacional Penal. De hecho, resulta que la mentira de la CIP en este asunto ya ha sido completamente desmentida junto con la otra mentira absurda de la violación masiva de mujeres por las fuerzas de la Jamahiriya medicadas con Viagra. El cadáver ilustre de la reputación de Luis Moreno Campo se une a los de Wallerstein, Ramonet y Achcar y sus cómplices compañeros de viaje de la OTAN en la Lancha-funeraria de Tontos que se consume en llamas en los desiertos de Libia.

Los hechos confirmados y aceptados por todos menos por colaboradores de la OTAN como Gilbert Achcar son que las fuerzas de seguridad no dispararon contra manifestantes pacíficos en Libia. Organizaciones respetadas de los derechos humanos calculan que alrededor de 250 personas murieron en la insurrección armada entre el 17 de febrero y el19 de marzo. Pues, era muy poco probable que el gran coco proclamado por Achcar de “una matanza a escala masiva” fuese a suceder, especialmente porque las autoridades libias estaban dispuestas a negociar. Lo que es absolutamente claro es el papel de Achcar como alguien totalmente comprometido con la OTAN en su guerra psicológica contra la Jamahiriya libia y contra todos aquellos que expresaban su solidaridad con la Jamahiriya libia.

Intelectuales y la contrainteligencia

En las décadas de los 1950s y los 1960s, la CIA y sus homólogos de inteligencia de los otros países de la OTAN invirtieron una gran cantidad de dinero y recursos para sobornar intelectuales en Europa y Norte América y en los demás del mundo también. La historia de la revista Encounter y la carrera del poeta Stephen Spender son interesantes en relación a este tema. Ejemplos abundan. Sería poco realista pensar que las mismas prácticas no habrían persistido o que no habrían llegado ser mucho más sofisticadas hoy en día.

Un ejemplo de la manera en que funciona la red de contrainteligencia de las personas que abiertamente colaboran con la OTAN en su guerra psicológica se ha descubierto en relación a Libia. Uno de los guardabarreras de la disidencia permisible, el sitio web español Rebelión, dio prominencia a un artículo de Santiago Alba Rico. Como Gilbert Achcar, Alba Rico es un prestigioso académico. Es especialista en el mundo árabe en las mejores tradiciones del Orientalismo. Alba Rico demuestra que el concepto crítico del Orientalismo desarrollado por Edward Said puede metamorfosearse a sí mismo para los propósitos de la propaganda neocolonial.

En el curso de su artículo Alba Rico escribe de la complejidad de la situación en Libia solo para en seguida simplificarlo de una manera drástica a favor de su punto de vista. “La OTAN misma es consciente de esta complejidad, como lo demuestra el hecho de que -tal y como recuerda Gilbert Achcar- ha bombardeado muy poco Libia con el propósito de alargar la guerra y tratar de gestionar una derrota del régimen sin verdadera ruptura con él.” Uno imagina a Achcar y Alba Rico en lugares como Zliten o Sirte aconsejando a los familiares de los asesinados por la OTAN que no lloren, “¿no ven? Solo les bombardearon un poquito...”

Solo los sinvergüenzas más desalmados dirían que Libia ha sido bombardeada “muy poco”. En el momento justo, Alba Rico se afianza de esta grotesca, cínica, inhumana falsedad de Achcar para acarrear agua al molino de su propia apología del asalto colonialista despiadado contra la Jamahiriya libia. Pero, Es tiempo de dejar las mentiras e hipocresías de estos colaboradores de la OTAN y examinar su comportamiento y su ética.

Una fuente muy útil de información sobre lo que de verdad ha ocurrido en Libia ha sido la bloguera Leonor Massanet. Alguien que hasta hace muy poco trabajaba en enlace con Rebelión ha confirmado que Santiago Alba Rico en comunicaciones privadas deliberadamente despreció a Leonor y cuestionó su integridad a escondidas para asesinar su carácter. El evidente objetivo de Alba Rico fue de quitarle credibilidad a Leonor Massanet porque su perspectiva creíble y plausible de los acontecimientos en Libia contradecía el patentemente falso análisis de él.

Cuando uno encuentra este tipo de casos de personas que de una manera encubierta hacen no-personas a individuos por sus opiniones, se ha llegado al límite del legítimo debate intelectual. Al otro lado de esa frontera uno se entra en el abuso del poder para lograr objetivos de contrainteligencia con el fin de neutralizar la disidencia legítima. En estos momentos el mundo entero es una vasta mezcolanza de conflicto de baja intensidad y guerra abierta. Las élites occidentales están firmemente decididas a dominar a los pueblos del mundo y a controlar todos los recursos de esos pueblos. Las actividades de colaboradores y compañeros de viaje de la OTAN como Gilbert Achcar y Santiago Alba Rico están lejos de ser inocentes o de ser mera coincidencia.

Aquí enfrentamos la realidad de la profunda hipocresía de los cooptados medios alternativos de información. Todos, sea Contra las Cuerdas, Zzzzzz , Le Monde Otanique o Sumisión dicen ofrecer información confiable desde diferentes puntos de vista. Y todos están infestados de hipócritas falsos y narcisistas que suprimen los puntos de vista que no les gustan. Todos operan lo que Gilbert Achcar describiría como censura “estalinista” y hacen no-personas de la gente sin pensarlo dos veces. Relegan a las personas a los márgenes y cuando estas lo reclaman les llaman “sectarios”. Leonor Massanet no es la primera víctima de este tipo de comportamiento y no será la última de esta cultura gerencial mentirosa y perniciosa manipulada con fines de contra-inteligencia.

La guerra psicológica global

La guerra psicológica es un componente imprescindible de la guerra total. A lo largo de los 1980s y los 1990s el sector no gubernamental de Europa y Norte América fue sistemáticamente cooptado por los gobiernos de los países de la OTAN para servir sus fines propagandísticos. En efecto, son la mano blanda hacia afuera de los respectivos Ministerios de Asunto Exteriores de sus países. Rutinariamente proyectan de una manera, no muy obvia de antemano, las políticas exteriores de sus países. Esta realidad ha sido muy bien documentada. Y eso es igualmente válido para las estructuras disponibles a los trabajadores de la producción intelectual como lo es para el caso de las ONGs.

La cobertura de los medios alternativos del golpe-insurrección por contrato contra la Jamahiriya libia ha demostrado esta realidad con la más asombrosa claridad. Junto con la Jamahiriya libia, otras víctimas perennes de su engaño e hipocresía han sido el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y también los Partidos Comunistas de diversos países en general. Seguramente otras personas ligadas a otros temas y causas habrán tenido la misma experiencia.

Es un hecho que las redes intelectuales y culturales neocoloniales tienden a dominar la producción intelectual antiimperialista a nivel internacional. Sus miembros tienen mucho interés en sostener la estructura de clase inherente a ese proceso de producción, una estructura que censura eficazmente argumentos no deseados y que sostiene parámetros custodiados estrictamente. La invasión colonial a Libia ha demostrado con absoluta claridad que un antiimperialismo eficaz – por ejemplo del FSLN en Nicaragua o el PSUV en Venezuela – están bajo amenaza desde la derecha y desde la izquierda.