COLOMBIA : El deber de alcanzar la paz

Jesús Santrich, 28 de mayo 2015
http://anncol.eu/index.php/opinion/item/630-el-deber-de-alcanzar-la-paz

Los Diálogos de Paz de La Habana ya han dado sobradas muestras de madurez y su seriedad desde su inicio en Noviembre de 2012. De hecho, son seguidos con detenimiento por expertos internacionales en resolución de conflictos, por diplomáticos, por estudiosos de la ciencia política y por juristas del mundo entero, en la medida en que han ido trazando un camino que se viene convirtiendo en modelo eficaz a aplicar a cuantos conflictos haya que resolver en este sufrido planeta incapaz de procurar una vida digna a sus 6.000 millones de habitantes, a pesar de disponer de recursos para atender sobradamente al triple de la actual población mundial. Algo no funciona bien en el sistema económico imperante -el capitalismo de libre mercado- cuando se da esta paradoja, cuando apenas un 10% de la población mundial acumula mas riqueza que el restante 90%, cuando existen empresas multinacionales que disponen de un presupuesto anual hasta 10 veces superior al de muchos de los países mas pobres del mundo.

Fue un acierto que las partes nos pusiéramos de acuerdo en situar a las víctimas del conflicto y su necesaria reparación integral en el centro de los diálogos y de un posible e imprescindible Acuerdo Final. Ningún proceso de paz había priorizado anteriormente este objetivo. Los Diálogos avanzan a mayor velocidad que ninguno de los procesos habidos en los últimos 30 años en el mundo, según el “Anuario de procesos de paz” de la Universidad de Barcelona (España), con una ronda negociadora cada 0,9 meses de media y ciclos de conversaciones programados ininterrumpidamente cada 10 días. Solo así ha sido posible cerrar importantes acuerdos parciales sobre 3 de los 6 puntos de la agenda en apenas año y medio, incluyendo recesos, siendo lo cierto que otros procesos de paz por todos conocidos -EL Salvador o Irlanda del Norte por ejemplo- han demorado no menos de 10 años en concluir.

En otro orden de ideas, debemos recordar que mientras que por parte del Gobierno solo se ha adoptado una medida de desescalamiento del conflicto en estos años, el cese de los bombardeos a los campamentos de la guerrilla -medida que apenas duro mes y medio-, las medidas unilaterales acordadas por las FARC desde el inicio del proceso de paz ascienden a quince en apenas 2 años y medio.Todas han sido actuaciones guerrilleras unilaterales que -además de acreditar una sincera vocación de paz- han supuesto un importante descenso en el número de muertos y heridos causados por el conflicto - 200 militares muertos menos y 1250 militares heridos menos en los 5 meses de tregua, según el Frente Amplio por la Paz, pasandose de 1.000 acciones militares a 114, según la Fundacion paz y Reconciliacion-, además de suponer un ahorro económico para el país aun no evaluado fielmente.

En la actualidad, a pesar del indudable momento de crisis que atraviesa el Diálogo debido a la obstinación guerrerista y retaliadora del Gobierno, se esta implementando un serio y extenso programa de descontaminación del territorio de todo tipo de artefactos explosivos sin explotar, siendo lo cierto que en la mayoría de conflictos habidos en el mundo, este tipo de programas no se han puesto en marcha hasta que los diálogos hubieran alcanzado una madurez que hacían inviable su fracaso o al menos su paralización.

A la vista de lo anterior, reconozcamos que los actuales Diálogos de Paz de La Habana han avanzado sustancialmente, han significado una reducción apreciable de los daños y efectos de la guerra para la población, han sido motivo de esperanza para toda Colombia y para toda América Latina. Pero pareciera que esta percepción solamente la tienen la comunidad internacional y los diplomáticos y expertos conocedores de otros procesos de paz. No ocurre lo mismo en el escenario de las manipulaciones, tergiversaciones e intransigencias que se configura en el territorio colombian, donde por el contrario, el apoyo al diálogo de paz ha caído 17 puntos, según el sondeo de opinión difundido en abril por la agencia de opinión Gallup. No cabe duda que esta visión engañosa de la realidad, esta percepción desfigurada del proceso de paz que se le impone al pueblo colombiano, nos debe hacer reflexionar para buscar sus causas y para corregirlas. La posible visión negativa, errónea sin duda, no es culpa de los colombianos y las colombianas, porque evidentemente los anteriores no se sientan en la Mesa de La Habana, no asisten a diario a las conversaciones y no pueden hacerse una opinión por si mismos, en primera persona. Son referencias externas, mensajes, noticias, informaciones (o más bien en gran medida desinforamciones), las que llegan a Colombia y las que conforman una opinión pública que sin duda es determinante para darle un rumbo positivo o negativo a los actuales Diálogos. Podría alegarse que la causa de la caída de apoyo al proceso de paz deviene de la muerte de 11 militares ocurrida el pasado mes de abril en Buenos Aires, Cauca, durante una operación militar de enfrentamiento con las FARC-EP estando en vigor nuestra tregua unilateral. Pero entonces habría que preguntarse porqué el desafecto al proceso de paz no se incrementó en los meses anteriores, cuando existiendo la mencionada tregua unilateral, al menos 30 guerrilleros fueron masacrados por las fuerzas militares en distintas operaciones ofensivas. La respuesta puede encontrarse en el tratamiento que el conflicto y los diálogos de paz, más que “reciben”, “sufren” a diario por los medios de comunicación colombianos que operan, sin duda, como un “actor” más en esta larga guerra.

Hace menos de una semana, critiqué en un escrito el afán de algunos medios por asociar a las FARC-EP a la producción y tráfico internacional de estupefacientes, una actividad sin duda criminal que enriquece no precisamente a los campesinos y población rural vinculada al cultivo, sino a los grandes carteles de la droga y a los circuitos financieros internacionales, dominados por grandes y “respetables” bancos. Este irresponsable empecinamiento acusador, es censurable así venga de medios conservadores o de medios supuestamente “progresistas”, porque la mentira siempre es censurable, más si es difundida impunemente de forma masiva. La realidad es que en ningún país existe ni ha existido un procedimiento judicial en el que se haya acreditado que ni siquiera un kilogramo de cocaína ha sido producido o puesto en el mercado de las drogas por las FARC-EP.

Tocando otros asuntos, en recientes comunicados las FARC-EP hemos llamado la atención sobre el tratamiento que los medios de comunicación dan a los fallecidos en la guerra. Los soldados profesionales, que hacen la guerra a cambio de un salario -bastante exiguo, además- que les permita salir de la miseria antes de perder la vida, reciben tratamiento de “héroes de la patria”. Si embargo, los combatientes guerrilleros, que luchan por una sociedad mas justa y solidaria para todo el pueblo colombiano, de forma altruista y desinteresada, son tratados de “terroristas”, o de “bandoleros” en el mejor de los casos. Las muertes de militares en combate se califican de “asesinatos”, o de “crímenes de guerra” cuando la guerrilla utiliza el factor sorpresa, mientras que la masacre de 26 guerrilleros mediante un abusivo uso de los bombardeos aéreos, es calificada como “neutralizaciones”. Y si al Gobierno le va mal en las encuestas -algo bastante lógico atendiendo a la ineficaz política económica y social que está administración lleva adelante- la culpa es también de la guerrilla porque “dilata” las conversaciones de paz más velóces que ha conocido el mundo en los últimos años, o está en La Habana “de vacaciones”. El número de propuestas formuladas en la Mesa por cada parte, -y en especial considerando los efectivos humanos que cada una tiene trabajando en el proceso de paz-, contradice tal falacia.

Cada proceso de paz fallido ha significado al menos 10 años más de guerra con millares de muertos y víctimas en general, para después acabar nuevamente en la mesa de conversaciones. Ello sin enumerar los cuantiosos recursos económicos distraídos por el Estado de los presupuestos sociales y de atención a los ciudadanos, para destinarlos a unas estrategias militares que siempre son las que “definitivamente” van a acabar con la guerrilla, mientras Colombia año a año se consolida como campeón del reparto desigual de la riqueza entre sus habitantes y como el Estado mas inequitativo de todo el continente.

¿Por que entonces los creadores de opinión pública no contribuyen a acabar con el conflicto?. Su ayuda sin duda seria determinante para sortear obstaculos, máxime en los momentos, como el actual, de crisis de entendimiento entre las partes. Por el contrario, se empeñan en difundir una imagen de los diálogos distorsionada, negativa, perjudicial para la paz, a través de una información nada objetiva, finalmente carente de veracidad.

Ningún interés, ni personal ni colectivo, así sea económico, político, o de otro tipo, puede lícitamente anteponerse al deber de alcanzar la paz y de corregir las causas objetivas que han ocasionado este largo conflicto armado. Es un deber ético, patriótico, incluso político, sumar a la causa de la paz, desbrozar los obstáculos que aun se anteponen al fin del conflicto, incluso en el caso de que la paz significara para algunos acumular menos riquezas.

Por la captura de un General, el Gobierno interrumpió el proceso de paz incumpliendo su propia máxima: “Nada de lo que ocurra en los campos de batalla puede interferir en los Diálogos”. Desde hace una semana, las FARC EP estamos siendo golpeadas ininterrumpidamente por el Estado colombiano, pareciera que provocando que también incumplamos la anterior máxima gubernamental.

Nos sobra responsabilidad patriótica como también nos sobra voluntad de paz. Desde nuestro surgimiento hace 51 años, la Paz de Colombia ha sido nuestro estandarte y nuestra guía, y ninguna locura guerrerista motivada por la publicación de encuestas o por malas perspectivas electorales de nuestros interlocutores, nos van a hacer desistir de nuestro empeño en construir una nueva Colombia en paz. Si el Estado y el establecimiento quieren derrotarnos, desistan de hacerlo en el campo de batalla, pues si no han podido hacerlo en los anteriores 50 años no lo conseguirán en otros tantos. Intenten al menos esta vez derrotarnos en la Mesa de Diálogos, no tengan miedo a discutir, desistan de empujarnos a abandonar las conversaciones. El fracaso de este proceso no es una opción que las FARC-EP vayamos a aceptar fácilmente. Señores del Gobierno, señores dueños de los medios de comunicación, sean sensatos: dejen de jugar con el futuro de las próximas generaciones de colombianos y colombianas. Y no actúen pensando en nosotros los guerrilleros y guerrilleras, háganlo por las victimas pasadas, por las actuales y por las futuras que entre todos podemos evitar.