“Otra cosa que marcó De Zurda fue la sistemática denuncia de las arbitrariedades, la corrupción y el comercialismo extremo de la FIFA, que en su afán de obtener dinero no vaciló en vestir a los niños que acompañaron a los jugadores a los terrenos de fútbol del mundial como la mascota de Mc Donalds. Ante ello, algunos se quejaron: “¡qué politizado es De Zurda!“, como si callar lo que hace la FIFA no fuera otra manera de hacer política. Si se habla con el punto de vista de los pobres es politización, si prevalece el de los ricos no hay que molestarse porque ese debe ser el orden natural de las cosas.”
Ayer estalló un escándalo que por el momento ha llevado a prisión a siete ejecutivos de la FIFA y yo me pregunto qué diran ahora quienes acusaron a Maradona de politizar el programa y atacar de modo injusto a la FIFA, si las autoridades de los Estados Unidos -ese país que para ellos suele ser la medida de todo lo grande y bueno que habita el planeta- apresan a directivos de la corporación futbolística mundial y denuncian sobornos millonarios alrededor de las transmisiones de televisión, las sedes de los partidos y los cargos de la organización.
¿Cómo se sentirán los fiscales cubanos de Maradona al saber que en Miami, meta y punto de partida de sus sueños, el FBI allanó durante cuatro horas las oficinas de la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de Fútbol? Es de imaginar que lloren por la FIFA con más lágrimas que las que le recriminaron a quienes se emocionaron con las palabras de Cristina Fernández sobre la Revolución cubana en la Cumbre de las América


