¿Por qué un periodista querría un premio del SIP?

Erving  Vega, Canal TN8, 29 de julio 2015

La respuesta a esta pregunta es compleja  y difícil, pero no imposible.  Yo he concluido que no puede ser una sola. Cada cabeza es un mundo y depende del fragmento de ese mundo que conozcamos  y la forma  en que estemos dispuestos  a  verlo.  Puede ser por simple vanidad e ignorancia,  pero puede ser también  por grosera complicidad. 
Ignorar qué  hay detrás de la presea,  o a sabiendas de ello pretender lucirla como si diera lustre a nuestra carrera,  son dos escenarios posibles. En  ambos casos, sin embargo, resulta vergonzoso. 

¿Pero, qué hay detrás de los premios SIP?

La respuesta  es,  la SIP.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), es una asociación de propietarios, editores y directores de periódicos y revistas de América.  Si algún periodista se siente o se sintió representado allí, debo subrayar que por ningún lado y en ningún momento de su historia la SIP ha contemplado incluir a los periodistas  en  su asociación. Eso resulta impensable, un absurdo tan grande como si empezaran  a repartir acciones y consensuar en la sala de prensa por voto mayoritario sus políticas informativas.

Es obvio que desde sus inicios la SIP definió  bien sus intereses, y estos son simple y  llanamente, los de los grupos económicos propietarios de los grandes medios informativos. Un breve repaso histórico nos revela vergonzosos capítulos de esta cámara de  empresarios de medios de comunicación de las américas que, con poquísimas excepciones, nunca tuvo el menor pudor para respaldar dictaduras como las de Pinochet  en Chile  o  la dictadura militar  en  Argentina,  porque simplemente aquellas atrocidades  eran compatibles son  sus  intereses. 

Por muchos años la SIP fue la caja de resonancia, a través de sus medios, de la  prensa  norteamericanos en la definición de sus estilos, enfoques  y agenda informativa.  Los medios estadounidenses a su vez no eran más que correas de transmisión  del gobierno de turno en Washington  y su política que generó cuanto golpe de estado  registra la historia latinoamericana.

Si ayer la SIP estuvo dispuesta a aliarse con las dictaduras más atroces de América Latina, hoy reacciona dolida y repele a cuanto gobierno de izquierda aparece en la región. De  nuevo aquí se trata de un asunto de intereses. Chile padecía con Pinochet  brutales violaciones a los derechos humanos, crímenes, desapariciones y cero libertad de expresión, pero esto nunca fue problema  para  la SIP que solo empezó a cuestionar estos temas en Chile cuando llegó Michelle  Bachelet  al poder.

Hoy la SIP no ha cambiado mucho desde su creación en 1943. Sus intereses hoy como  ayer  no tienen nada que ver con los intereses de un periodista  y  la calidad  informativa no es el objeto de sus premios. Como buenos empresarios  reconocen el buen trabajo de sus empleados sobresalientes. Obviamente la lupa calificadora tiene sus siglas con todo el lastre oscuro y deleznable acumulado en más de 70 años.