Testimonio de Magistrada Alma Nubia Baltodano al Tribunal Internacional de los Pueblos

Enviado por tortilla el Dom, 04/06/2023 - 12:23

Testimonio de Magistrada Alma Nubia Baltodano al Tribunal Internacional de los Pueblos

3 de junio 2023

 

“Sin una Juventud dispuesta al sacrificio, no hay Revolución”

De joven me tocó vivir en una época dura para todas las familias nicaragüense, estaba una Dictadura implantada por los gringos, conocida como Dinastía Somoza (1937-1979), donde el ser joven era un delito, para el joven había seguro restricciones, represión, violencia, tortura y muerte; eso para mí fue suficiente impulso para el fuerte involucramiento de la lucha para derrocar a los Somoza.

En mi niñez fui correo; así se les decía a los niños que llevábamos y traíamos mensajes en lugares y a personas donde se necesitaba que la guardia no detectara nada.  

Durante mi adolescencia, la organización para acciones era permanente desde el Movimiento estudiantil de Secundaria y también en los Barrios teníamos los CAP, que eran los Comités de Acción Popular.

Hasta que la misma Dictadura puso toque de queda, que no podíamos salir a determinada hora, una forma de hacer presencia eran las bombas de contactos, estas bombas las hacíamos en cada barrio y a determinada hora las tirábamos, y entonces hacíamos una expresión de que todos los barrios estaban a favor de la lucha. Recuerdo que todas las madrugadas nosotros salíamos a poner Pintas y pasaban los Becat (vehículo en que se movilizaba la guardia) y nos escondíamos y seguíamos haciendo Pintas, después nos íbamos al Estadio Nacional a hacer ejercicio y después ya regresábamos.

Entonces en medio de estar haciendo las bombas de contactos me explota una el 12 de abril de 1979, a las 5 de la tarde, ya había toque de queda, a esa hora me vi las manos cercenadas, yo estaba en un catre sentada y entonces la explosión me afectó también las piernas y los bustos. Al momento estábamos como cinco personas en un cuarto clandestino. Nosotros las estábamos preparando para ya tipo 6, 7 de la noche empezar con la propaganda.

Recuerdo que costó mucho encontrar dónde es que me iban a curar, primero me llevaron a la Clínica Santa Mónica en Bolonia, pero allí me dijeron que no me podía atender porque mi tipo de heridas requerían de llevarme a un hospital. Me llevaron al Hospital Occidental, hoy Bertha Calderón; Allí me operaron, pero di un nombre falso, mi seudónimo era Silvia, y en ese entonces Silvia Martínez me puse. Cuando salgo de la Sala de Operaciones se me acercaban los Doctores de UCI y me hacía la que estaba mareada para no contestarles cosas, porque ellos me preguntaban. Y yo les decía, ¡Me duele, me duele!

El asunto es que llega la mañanita, y mi mama me anda buscando, pero ella, preguntando por mi nombre y yo oigo de largo la voz de ella preguntando Alma Nubia Baltodano. Ella abre la puerta porque me andaba buscando en todas las salas, entonces yo me dije, aquí tengo que decir quién soy, además ya me sentía más a salvo que alguien supiera donde estaba. Le digo: ¡aquí estoy, estoy viva!

Entonces se vienen los Doctores y me dicen, qué cómo es eso, que yo tenía un nombre y que mi mamá me había dicho otro. Yo les dije una mentira que ni yo me la creía, porque ya estaba como dicen, en la sin remedio; simplemente les dije, es que yo vivo con mi papa y mi papa me dice Silvia, y mi mama me dice Alma. Pero yo ya sabía que allí ya estaba en a ver qué pasaba, porque estaba en manos del Hospital. Recuerde que en esa época cuando había un herido en un hospital y la Guardia se daba cuenta, te llegaban y te esposaban, o te amarraban a la cama y de ahí te desaparecían.

Un Doctor llegó cuando me estaba cuidando una hermana mía y le advirtió con voz de alerta: “llévesela, pero llévesela ya”. Y de ahí yo salí con suero, con vendas y con todo, porque si no me podían dar por desaparecida.

Parece mentira, pero mi recuperación fue en una propiedad del INCAE, porque había un Profesor que no estaba y que se lo había dejado a un compañero que trabaja con nosotros y entonces allí fuimos a pasar. Incluso estando allí me operaron para poder cerrar las piernas, en una de las piernas me tuvieron que quitar piel de la otra, en la propia casa, con guillette.

Era curada por un Médico, el Doctor Prado llegaba vestido de Sacerdote, porque tenía que pasar varios retenes.

En esa época tenía una hermana mayor, Zulema, que tenía como 15 días de estar presa, detenida en Matagalpa porque la habían encontrado con materiales porque en las Universidades se hacían Galerías de Héroes y Mártires; ella iba a entregar las fotos donde unas familias que nos habían prestado esas fotos; a ella la capturan en el bus en Matagalpa. Una vez liberada, ella continua en la lucha.

Muere con 175 personas en la Masacre de Batahola; esta masacre fue increíble, porque cuando yo estaba recuperación ella me llegó a ver, y yo le decía: Zulema quedate, y sabe lo que me dijo: “Tus manos son mis manos, no me voy a quedar”.

La Masacre fue detrás de la antigua Embajada de Estados Unidos, que era un predio vacío, y donde está actualmente la Embajada allí estaban apostados Guardias que estaban cuidando la Embajada, y cuando ellos van en Retirada hacia el lado del Sur, vienen y ellos no iban a atacar la Embajada, ellos iban de Retirada, pero yo me imagino que allí creyeron que iban a atacar, y entonces los agarraron con ametralladoras 50 y los recogieron en palas mecánicas a los 175, y no se saben dónde están enterrados. Los que vivían por ahí cuentan que cuando llegaron las palas mecánicas encontraron a gente herida y la remataban, y se oía cómo la remataban les quitaban sus pertenencias, sus zapatos, su ropa, si andaban reloj, lo que fuera.

Este es un Pensamiento de mi mamá: “Zulemita, moriste por amor a tu pueblo, pero vivirás siempre en la risa cantarina de los niños sin hambre, en la satisfacción de los campesinos, en su tierra labrada, y en oración callada de los corazones agradecidos de las madres en llanto. No tienes una tumba en el Camposanto, pero morás en cada pulgada de la tierra liberada por la que diste tu vida”. En Honor a Zulema Baltodano Marcenaro, en el Aniversario de su nacimiento, caída el 16 de Junio de 1979 en Batahola a la edad de 17 años.

No me queda más que decir que el presente testimonio es una memoria de miles que son continuidad de la lucha de nuestro General de Hombres Libres Augusto Cesar Sandino quien nos dejó un legado vivo de dignidad, patriotismo, defensa de nuestra soberanía y lucha inclaudicable antiimperialista.