Un 2024 para Nicaragua

Enviado por tortilla el Lun, 08/01/2024 - 16:38

Moisés Absalón Pastora, Detalles del Momento, 8 de enero 2024
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Arrancamos un nuevo ciclo. La pesada locomotora con sus calderas repletas de optimismo pone en marcha todos los vagones que cargados de ilusiones son la materia prima que nos permitirá abrazar a una Nicaragua montada sobre los rieles de la esperanza rumbo a un despegue que tiene como puerto su desarrollo y su bienestar.

Este 8 de enero de 2024 ya es un año que comienza amortiguado con reformas constitucionales que en pocos días entran en vigor para fortalecer la seguridad y la estabilidad que generen paz para hacer efectivo el trascendental paso que vamos a dar, con la fuerza hiper sónica, con el ya efectivo y real tratado de libre comercio con China, con el fortalecimiento de nuestra relación con Rusia, con la actualización de la cooperación bilateral con Irán y por supuesto con los brazos listos de cada nicaragüenses para levantar y catapultar a esta gran patria que parió hijos que ni se venden ni se rinden.

Haber decidido correctamente las batallas que teníamos que pelear en esta guerra que contra la pobreza vamos ganando fue determinante para crear las condiciones super favorables que hoy tenemos y que son las mejores desde aquel 2007 cuando la segunda fase de la revolución prácticamente arrancó desde cero porque todo era oscuridad y carecíamos de energía para empezar.

Llegamos a este 2024 bendecidos y prosperados, con notas sobresalientes que son producto de una nueva cultura de trabajo y que es dinámica y ejemplar por un halo místico que la distingue y fuerza por supuesto que representa la razón del milagro que hoy vive Nicaragua gracias a una visión sabia y humana que va dirigiendo al país tomando en cuenta los recursos que hemos logrado potenciar, las necesidades de los que fueron postergados y claro los puntos de apoyo que más allá de nuestras fronteras hemos encontrado no por la buena cara que tenemos, sino porque nos admiran la condición de guerreros que tenemos para enfrentar toda adversidad y ponernos de pie para derrotar toda amenaza que desde adentro o desde afuera nos quiso vencer.

Cuando uno visita a un oftalmólogo o un oculista vamos con la expectativa que nos diga que tenemos una visión 20/20, es decir perfecta e inmaculada.  A los nicaragüenses nos gusta mucho el juego numérico y tratamos de encontrar en las combinaciones simbologías, que cabalísticamente puedan representar conjeturas que generalmente nos sean presagios de buenas vibras, como las que tuvimos el año pasado, lleno de estoicismos, de encantos, de saldos positivos y hasta desencantos por las demenciales agresiones imperiales que nos fortalecieron como sobrevivientes, por lo que ahora debemos imponernos que este 2024, que hoy estrenamos laboralmente hablando, sea mucho más inspirador y motivador para sobrepasar lo que ya quedó atrás y que el éxito alcanzado en el libro escrito el año pasado, como la jubilosa victoria sobre lo sufrido en el 2018, contra la pandemia, los fenómenos naturales y los malos nicaragüenses, sea un Gracias a Dios porque somos vencedores y aquí estamos, de una sola pieza, orgullosamente siendo vistos por la nobleza del planeta como espartanos que no solo resistimos, sino que eso que hemos defendido es apenas una muestra de lo mucho que está por venir.

Para celebrar toda batalla ganada, que una tras otra es lo que nos conducirá a la victoria final sobre la pobreza, es determinante saber de dónde venimos y por ello es imposible olvidar los contagios y las muertes por efecto de la pandemia surgida en 2020 que se cifran por millones en el planeta. No podemos olvidar cómo las economías boyantes de muchas potencias quebraron, el mundo prácticamente se paralizó y la humanidad se aisló para defenderse de un monstruo invisible contra el que debemos seguir cuidándonos porque está aquí, vino para quedarse y estamos tan conscientes de eso que nuestro principal estado de conciencia es estar claro que siempre estaremos expuestos a cualquier otra peste creada por los traficantes de la muerte. Gracias al Creador y por las políticas públicas en materia de salud Nicaragua fue de las naciones menos afectadas por la pandemia y con ese gran milagro como punto de partida debemos recibir este 2024 porque ahora hablamos de decisiones trascendentales que debemos tomar con seguridad y fortaleza para seguir construyendo la patria grande soñada por los gigantes de nuestra historia, los que hinchan nuestra nacionalidad.

El 2024 debe ser para los nicaragüenses, que realmente aman a su patria, un año de retos a vencer, de propósitos a conquistar, plenamente conscientes que la escarpada nos la hará siempre difícil el cobarde del norte que lanza sobre nosotros sus criminales misiles de odio que al final nos saben a miel porque no hay nada más espectacular en el ser humano que sentirse un David vencedor frente al gigantesco Goliat decapitado por su propia espada.

Así las cosas, iniciamos un nuevo andar y nos incorporamos al mundo real dejando atrás tiempos en los que sin duda los nicaragüenses pedimos por la magia de los nuevos días para que este 2024 represente un rostro totalmente opuesto al dolor que nos impuso la estupidez de la politiquería, el impacto letal de la pandemia y la fuerza de la naturaleza a la que siempre estaremos expuestos porque su poder es innegable.

Ahora nos encontramos en un mes en el que cada quien asumió un compromiso. Muchos empezaremos, decimos, una dieta rigurosa, otros dejar de tomar, fumar, ser mejores estudiantes, conseguir un trabajo, ser más eficientes para cuidar lo que se tiene, ahorrar para comprar la casita, ser mejores padres o mejores hijos, no ser mal hablados y así muchos deseos más de año nuevo que tienen que ver con un interés muy personal, pero profundamente noble y el más grande de ellos es sin duda el que tenemos con el país, con esta tierra que no es de nadie, que no es suya, que no es mía, que nos pertenece a todos los que la amamos, pero no a aquellos que no solo la ofenden al difamarla y calumniarla sino también a los que la  agreden físicamente cuando piden al extranjero que la mancillen.

En lo personal me comprometí a ser un mejor ciudadano porque eso me ayudará a permanecer en mi mejor estado de confort. También aposté por ser un mejor cristiano, porque eso ya me identifica con el bien de todos porque ni la ciudadanía ni la cristiandad se evaporan cuando llega febrero o marzo o cualquier otro mes, sino por el contrario son cualidades humanas y patrióticas que nos fortalecen todos los días y en todo momento y en toda circunstancia.

Los sanos propósitos deben inspirarnos porque francamente estamos urgidos de ellos, necesitamos los nicaragüenses, ahora que la fuerza laboral y pensante del estado se incorpora al quehacer de todos los días que nos vistamos con una nicaraguanidad esencialmente ciudadana para deponer las espadas y abrazar todos, desde la más íntima actitud cristiana, el olivo de la paz, para reconciliarnos, para volvernos a ver sin odios, para que en la familia seamos capaces de volver a compartir juntos en una misma mesa y sin que mi forma de pensar “O LA TUYA” se conviertan en distancias insuperables o insalvables en la obligación franciscana de sembrar siempre amor en cualquier parte donde haya odio.

El pasado 2023 fue un año que nos enseñó grandemente a todos. Nos permitió ser sabios, ser maduros, administrar pasiones, domar nuestros lados oscuros para no descender al estercolero donde habitan los malignos que nos desangraron en aquel 2018 que tan malos recuerdos dejó, pero de cada mala acción es que uno aprende porque son tan dolorosas, te rasgan tanto, te abren tantas heridas y te causan tantos dolores que terminas concluyendo que nunca debiste haberlas generado, que no valió la pena provocarlas, porque los efectos de las cosas malas tienen una expansión explosiva tan devastadora que al bien le toma años en poder suavizarla o disiparla porque hay quienes hacen del odio una burbuja para según ellos esconderse de las miradas acusadoras que los incriminan por no apostar a lo correcto.

Pienso que los conceptos unidos de ciudadanía y cristiandad representan juntos el núcleo de la comunidad y eso debe empujarnos a todos, independientemente de la posición política de cada quien a esforzarnos para que todos aterricemos en la normalidad porque aquí existe una sola fórmula mágica para salir adelante y eso es la estabilidad integral del país.

Un paso profundamente reflexivo en esa dirección es que dejemos de sembrar el odio. Este es un problema perversamente recurrente en los medios de comunicación y aunque no vengo con el espíritu de acusar a nadie no me equivoco si digo que el nicaragüense sabe quién lo hace y quien no lo hace y cuáles son los canales de televisión, periódicos, radios y plataformas digitales que se prestan a ello a sabiendas del daño que ya ocasionaron al país y que su testarudez los conduce al delito. No quiero decir que no debamos expresar nuestra posición política, ni que sea delito tener una, pero sí, que asumamos lo que somos, gentes que estamos obligadas a ser aplacadores de tempestades y no gasolina que bañe el bracero de las hogueras que nos incendian.   

Los nicaragüenses debemos imponernos andar sobre nuestros propios caminos para llegar al puerto que nos permita atracar en una salida donde lo que se trate sea el presente y futuro del país y sin más pretensiones que se respete la ley y la constitución de la república porque pasar por encima de ese gran pacto político y social será condenar al país irremisiblemente a un conflicto sin fin que después de haber sido propiciado por mezquinos intereses externos nadie querrá involucrarse en él porque entonces aquí no quedará piedra sobre piedra.

La racionalidad debe hacernos comprender que nada que justifica el caos, que hay malos nicaragüenses, que se creyeron el cuento que aquí todo el mundo saldría despavorido, porque el gringo nos venía a imponer sus reglas y entronizar a nefastos personajes como Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro o los Somoza para colocar nuestra nacionalidad en la bandera de las barras y de las estrellas, como creen estar haciéndolo en una O.E.A a la que ya mandamos al carajo y que comprada por el imperio es la plataforma invasiva de sus pretensiones de dominio sobre naciones que no pensamos como ellos y que ahora decidimos como ya lo hizo Venezuela y como lo hace ahora Nicaragua, mandar a la basura donde pertenece a un organismo que de hemisférico no tiene nada y que es parte intrínseca del mismo territorio imperial que solo usa a los peleles que aún la componen para los propósitos de una criminal agresión que francamente también nos resbala porque ahora nuestra mirada ve hacia naciones verdaderamente amigas que nos tienden la mano, naciones que nos dan, no nos quitan.

No señores si Nicaragua va a tratar sus asuntos lo hará entre connacionales, aunque el oposicionismo actúe, piense y hable en inglés y si va a un diálogo lo hará, pero no en el teatro de lo absurdo ni con modelos que tengan por origen el golpismo que Estados Unidos diseñó para derrumbar la democracia pinolera que vivimos con nuestros sabores y particularidades y de esto deben estar claros algunos profesionales de la fe que fueron las manos ejecutoras de la más grande mentira tejida contra el país y de la misma manera deben entenderlo todos aquellos que comprendan que el diálogo es por el desarrollo de la nación, por lanzarla hacia adelante, no para cuotas de poder porque esas ya las decidió el pueblo en los procesos electorales, pero sí hablar por el alto interés de nuestra tierra con gentes que puedan asumir compromisos de prosperidad, que estén dispuestas a ser materia prima del desarrollo, a ser soldados del ejército que vaya a la guerra contra la pobreza.

Con los que no se puede es con los Chukis que se mueven al son que determinan los diablos porque lo único probado aquí es que a todos aquellos, a los que se les abrió las puertas, para que mostraran alguna compasión por el país y sus ciudadanos, lo único que hicieron fue aterrorizar la patria a nombre de una democracia que para ellos era quítate vos para ponerme yo, para que el emperador y no el pueblo los pusiera en el poder y no para aportar sino para robar y además dañar lo mucho que habíamos avanzado hasta abril de 2018.

Estoy claro y convencido que pese a todo los nicaragüenses recobramos la estabilidad como paso determinante para establecer la paz, lo hemos hecho a pesar del fuego graneado de un enemigo externo que sigue moviendo sus fichas para derrocar al gobierno central constitucionalmente electo en el 2021 y a las autoridades sandinistas de los 153 municipios de Nicaragua en el 2022 gracias al inmenso respaldo que recibido de un pueblo que supo reconocer que nunca existió en nuestra historia una Nicaragua como la actual a pesar de las agresiones diarias del gran enemigo de la humanidad y es así porque fue la decisión y el deseo de la mayoría del pueblo quien lo determinó “DE-MO-CRA-TI-CA-MENTE”.

Que hay problemas que resolver y que fueron creados desde afuera y nos polarizaron extremamente; Que una gran mayoría de los nicaragüenses estamos indignados contra el imperio y sus lame botas internos; Que el gobierno debe hilar fino para lidiar con esas y otras realidades, sí, estamos claros, pero nadie se llama a engaño cómo fue que se armó la gran mentira que luego desembocó en una triste y dolorosa realidad que enfrentamos todos, pero con sabiduría, con prudencia, con mucha paciencia y serenidad.

2018, 2019, 2020, 2021, 2022, 2023 deben ser círculos a cerrar y dejar ir con su odio y resentimiento con la idea fija en nuestras mentes de que nunca más se repetirán. Esos años ya son pasado y los nicaragüenses de bien nunca encajamos en ellos y en consecuencia los desterramos al olvido de donde nunca más volverán porque hoy tenemos al 2024 como la nueva carátula de nuestro calendario y estamos obligados por sanidad mental y espiritual a hacer de hoy 357 nuevas oportunidades sobre las que ya andamos los primeros ocho días y no seguir perdiendo el tiempo que no tenemos para reconstruir al país y sanar sus heridas.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA