Educación hoy para el mañana

Enviado por tortilla el Mié, 17/01/2024 - 18:09

Moisés Absalón Pastora, Detalles del Momento, 17 de enero 2024
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Estamos viviendo un contexto educativo en el país que lo percibimos como una erupción que lanza deseos de superación, de formación y de oportunidades en todo lo que nos representa la pirámide que en ese tema tiene el país, es decir desde el kínder, la primaria, la secundaria, la educación técnica y su nivel superior que es la universidad.

¿Como lo percibimos? Lo primero es que ahora la inversión pública en la educación es mayor; más estudiantes demandan más aulas con la calidad de las que se tienen y por supuesto más docentes que engrosan nuestro ejército magisterial; implica además una capacidad fortalecida desde el grosor que a la educación le confiere el Presupuesto General de la República; porque ahora contamos con un INATEC más vivo y actualizado en sus ofertas y una universidad del pueblo como la Casimiro Sotelo y por supuesto la voluntad política de un gobierno que hace válida que nuestra educación es efectivamente gratuita.

El introito anterior significa a grandes rasgos que es fundamental que confiramos el valor y la trascendencia que cada cosa tiene cuando proyectamos desde el presente nuestro futuro sin dejar de conferir al pasado las lecciones que de los errores y de los aciertos tuvimos y que independientemente de lo negativo o de lo positivo que nos resultó siempre aprendimos de lo que nos estancó y de lo que nos hace avanzar.  

No obstante, independientemente de los tiempos, pasado, presente o futuro, lo que siempre es y será fuente de éxito o fracaso es lo que cada persona desde su propio interior sea capaz de dar si lo tiene o de deber en el caso que no.

Hay quienes confieren al dinero un valor absoluto y que por tenerlo creen que lo pueden comprar todo, pero eso no es cierto porque puedes comprar medicina sí, pero no necesariamente salud, puedes comprar sexo todos los días, pero no amor, puedes comprar una mansión, pero no un hogar, puedes comprar amigos, pero no una familia, puedes tener todo, pero no por ello paz ni educación.

Vivimos un mundo indudablemente acelerado, vertiginoso y lleno de circunstancias tan variables, sobre todo cargadas de tanta violencia y amenazas, que muchas veces nos empuja a enconcharnos, a reducirnos en nuestro propio interior y cuando salimos al exterior donde millones de ojos y jueces nos califican entonces, como si se tratase de un mecanismo de auto defensa, nos comportamos huraños, tímidos, recelosos o asumimos cualquier otra actitud que generalmente contrasta con la falta de educación.

La educación describe a las personas destacadas por un comportamiento integral, reflejado en su actitud, en su proceder y en los comentarios que hacen y cómo los hacen y esto no tiene nada que ver con lo que aprende en la escuela es lo que nuestra existencia como ser humano, como si se tratase de una esponja recoge del mundo que habitamos y créanme que esa educación de la que hablo es mucho más importante que cualquier otra área porque es la base fundamental para alcanzar sitiales que son el piso de todo crecimiento, es decir donde se colocan los pilares de la edificación sólida que crecerá desde ellos.

La educación y los buenos modales son un espejo de nuestro patrimonio interior, de nuestros valores como personas y no de nuestra apariencia y bienes materiales. Conozco gentes que se ufanan de tener diplomas, trofeos, placas, pergaminos y medallas colgadas en sus paredes y las exhiben lógicamente con mucho orgullo y tiene tantos reconocimientos que si después de exhibirlos, los quitan, se les cae la casa porque de tanto que clavaron para poner los galardones las debilitaron y saben qué, a pesar de esa galería de preseas, que puede ser bien merecida, ninguna de ellas fue capaz de hacerlos gentes o ser una persona educada y menos un ser humano. Esos mismos individuos que se vanaglorian por ser reconocidos, porque los conceptúen como grandes cerebros en el campo intelectual o cualquier otro, empujados por las conquistas colgadas en las paredes de sus casas, salen a sus actividades y a los actos protocolarios impecablemente vestidos, de saco y corbata, bien olorosos, muy sonrientes y hasta caminando raro para que los perciban de una manera que en realidad nada tenga que ver con lo que realmente son, “sepulcros blanqueados”, bonitos por fuera feos y podridos por dentro.

Para estos tipos hay un refrán que reza; “Candil de la calle y oscuridad de su casa” porque son pura apariencia, son más pellejos que filete y créanme son fácilmente identificables. En nuestras familias, en la empresa, entre los compañeros de trabajo, en la iglesia, en todas partes vemos a individuos que calzan bien con esta descripción y cuando uno los llega a conocer como lo que verdaderamente son, porque lo constatamos, porque en los círculos más estrechos de convivencia, salieron del closet, para mostrar su verdadero rostro, la impresión que queda es la de un total desencanto porque nos topamos con un farsante, cuya supuesta educación era una gran mentira y es cuando pasan a habitar el mundo de los ordinarios.

La educación no puede ser cosmetizada porque está más allá del nivel económico o de la posición social de una persona. Esta puede tener un habitad muy favorable, puede tener muchas posibilidades en el entorno donde se desenvuelve para que lo observen como alguien con buenos modales y con mucha educación, pero no es eso lo que te hace educado porque serlo no es una imagen, es una actitud.

La apariencia, la ropa costosa, la ostentación de lujos y comodidades nada tienen que ver con lo educado si se actúa de modo incorrecto, sin ética ni principios, sin consideración ni respeto por los demás. La persona educada no es la persona refinada que solamente sabe cómo utilizar varios cubiertos y copas en una mesa protocolar, sino la que se comporta en forma decente en todo momento, frente a cualquiera, en todo lugar y ante quien tenga por adelante. Es alguien que sabe sonreír, respetar, saludar, escuchar, controlar sus palabras y sus emociones en cualquier situación sin herir a los demás.

Un ser humano educado lo es en todo momento, ya que no se puede ser educado sólo según la conveniencia o solo según el entorno. Ser educado es una responsabilidad frente a los demás, ya que sirve de ejemplo para otros que te observan y de ahí aquella máxima de vida: “Compórtate en tu casa como si estuvieses en un palacio, para que cuando te encuentres en un palacio, puedas comportarte como en tu casa”. Así debemos ser, así debemos proyectarnos, así debe ser nuestro testimonio de vida, al menos en los que somos constructores de paz.

Nuestra sociedad crecería más si todos los días nos propusiéramos ser más educados. Es importantísimo el preescolar, la primaria, la secundaria, la universidad, la educación técnica, los doctorados, los master y todo lo que tenga que ver con lo que nos prepara para la vida, pero la principal esencia de la educación está en el hogar, está en el lugar específico donde vivimos, donde crecemos, donde está la relación directa con nuestros padres o nuestros tutores, eso lo que nos preparará conscientemente para todo lo que nos viene si lo que deseamos es el éxito personal y también el éxito de los demás porque algo que debemos aprender también como una regla básica de educación es que si los demás están bien en lo personal tendré más garantía de estarlo también yo y con estabilidad sostenida.

La mala conducta se debe en realidad a la “falta” de educación, de respeto y civismo donde no solo los niños y adolescentes la padecen sino también nosotros los adultos que sudamos malos modales y comportamientos poco éticos que terminan siendo los grandes contaminantes de una sociedad que como la nuestra demanda que seamos más gentes.

La mala educación y la falta de modales no tienen edad. No es cuestión de niños ni de adolescentes, transitando por esa etapa a menudo reaccionaria y problemática. En nuestro día a día podemos ver reacciones inapropiadas y comportamientos poco éticos en personas con experiencia, en hombres y mujeres que, con sus malos hábitos, hacen muy complicada la vida de todos.

Díganme si miento pero llegamos al centro de trabajo y no somos dignos ni de decir buenos días, que no cuesta nada; vas en el bus y no le das el asiento a la embarazada; llegas a la iglesia a ver y criticar a fulano o zutano y te duermes y roncas a la hora del sermón o la prédica; prestas dinero, pero no pagas; te comprometiste a hacer un trabajo por el que te pagaron por adelantado y descaradamente te robaste los riales del cliente y por encima de eso el delincuente se molesta por el reclamo; ensuciaste,  limpia; enciendes, apaga; quieres que te vean bondadoso entonces sé bondadoso, no actúes serlo; estas en una cena familiar o en una reunión, conservando con alguien, deja en paz el celular; quieres que te atiendan bien sabe pedir las cosas y de igual manera aquel que está para atender a la gente que lo haga con amabilidad; no hables con la boca llena; te comprometiste con algo o alguien cumplí; di no puedo desde el comienzo sino tienes capacidad de dar lo que ofreciste porque como decía alguien por ahí es mejor pálido ahorita que colorado después; te hicieron un favor agradece, es elemental; no hables a espaldas de nadie, no seas hipócrita y ten seguro que serás gente.

Al final la máxima de la buena educación la encontrarás cuando respetes porque entonces serás respetado y si te faltan al respeto ignóralos porque lo peor que puedes hacer es descender al nivel involutivo del necio. Cuando entendamos eso y lo apliquemos todos terminaremos comprendiendo cómo es que los países pequeños se convirtieron en naciones desarrolladas, económicamente sólidas y en súper potencias.

Hay naciones que son mucho más pequeñas que ésta nuestra tierra bendita y no tienen ni siquiera el uno por ciento de nuestras riquezas naturales y son inmensamente grandes en sus políticas de beneficios sociales para sus ciudadanos. Lo lograron siendo educados, siendo humildes, siendo fundamentalmente gentes.
 

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA