Sputnik dialogó con dos blufileños estudiosos de la festividad, que significan esta construcción social desde una mirada histórica, espiritual, cultural e identitaria para el desarrollo.
Fertilidad de la tierra
"La danza simboliza la reproducción, la vida, el amor a la madre tierra. Estás bailando y pidiendo a la lluvia que fertiliza la tierra. La lluvia se casa con la madre tierra, la preña, y la tierra pare: el arroz, los frijoles, el maíz, los pijibayes, la fruta de pan, la yaca, los cocos y las anonas, las guabas. Si no llueve, las aves se mueren, las plantas se mueren, los seres vivos desaparecerían", afirmó a Sputnik la poeta Lesbia Marina González, originaria de Bluefields.
Las fiestas del litoral sur del Caribe de Nicaragua se desmarcan de la fuerte influencia cultural española que domina las celebraciones tradicionales mestizas del Pacífico y centro de esta nación centroamericana.
González valora la riqueza espiritual de los pueblos afrodescendientes del litoral caribeño, que difiere de las creencias religiosas predominantes en las poblaciones mestizas heredadas de la colonia española, pero que retratan la diversidad cultural, pluriétnica y multilingüe que caracterizan a la población de Nicaragua.
"Hay una conexión espiritual profunda. Por eso danzamos con los brazos para arriba, las manos se vuelven muy expresivas, las extendemos abiertas porque estamos pidiendo la lluvia, nunca vas a ver las manos en puño. La lluvia es una purificación para la Madre Tierra. La lluvia es una bendición para la Madre Tierra. La lluvia es la que nos da la vida, porque sin la lluvia no hay producción, no hay nada", añadió la escritora.
