Nicaragua y l@s superrevolucionari@s compinches del imperio

Enviado por tortilla el Sáb, 10/09/2022 - 14:25

Wilfredo Gutiérrez, 10 de septiembre 2022

El concepto de “clase social,” aunque teóricamente legítimo, es un concepto que niega la individualidad de la persona; y por lo tanto, desdeña la interacción dialéctica que existe entre individuo y estructura. Una apuesta por esta interacción dialéctica es una apuesta por fraternidad; la confrontación obsecada entre estructuras, en cambio, es una apuesta por odio y destrucción.   

Cuando yo pienso en el odio feroz de los “trotskistas” hacia lo que ellos llaman “burguesías nativas, atrasadas y subdesarrolladas,” y su obsecada defensa por la “clase obrera” como la protagonista de su “revolución mundial,” yo ya me harté de los autoproclamados análisis “marxistas” y “científicos” que pululan las academias, medios corporativos, y ciertos sitios internacionales de “izquierda.”   

No hay nada raro que los halcones imperialistas quieran destruir los procesos revolucionarios socialistas en el mundo; es obvio que ellos actuarán de esa manera. Pero es repugnante observar cómo ciertas “corrientes marxistas” como el “trotskismo” y el imperialismo capitalista caminan de la mano enfilando sus cañones en la misma dirección contra cada proceso socialista que surge en el mundo. Es lo que pasó en la URSS, China, Vietnam, y continúa pasando en Cuba, en Nicaragua y Venezuela.  

La narrativa de “revolución mundial,” “proletariado mundial,” y la “necesidad” de una “dirigencia global” que “articule” la lucha revolucionaria en el mundo, me parece una altanería del intelecto que apunta a un objetivo que no es lo que propugna lo textual, sino la malintención escondida hacia la destrucción de los procesos revolucionarios socialistas. Los campeones de la narrativa pretenden aleccionar a los espíritus revolucionarios con la tarea de una “transformación violenta del orden capitalista mundial” liderada por la “clase obrera” para dar “el salto revolucionario” al “socialismo mundial” en la tierra. ¡Quién no se va hartar de esto! ¡A quién le sirve tanto derroche de abstracción!

Pero la chifladura que detonó mi hartazgo de estos análisis “marxistas” y “científicos” es el ataque infundado que hacen a la Revolución Sandinista condenando la “colaboración” o alianza política del partido dirigente FSLN con la “burguesía progresista,” y descalificando la revolución como un simple proceso de “cambios cosméticos.” Para ellos, esta alianza política es el “crimen” de la revolución; o quizás, por la pasión catequista que les caracteriza, el “pecado” de la revolución. Por eso hablan de “revolución traicionada,” “burguesías nativas atrasadas,” “revolución permanente,” y otros léxicos por el estilo.

Como dije antes, el concepto de “clase social” es un concepto teóricamente legítimo, pero es un concepto que niega el papel de la valoración subjetiva del individuo como acto revolucionario. Un simple sentido común debería indicar que no todos los ricos y burgueses son “malditos;” ni tampoco todos los pobres y proletarios son “benditos.” Vamos a encontrar en todos los pueblos del mundo “malditos” y “benditos” dentro de cada “clase social,” sean ricos o pobres, burgueses o proletarios. Si esto no fuera cierto, no habría alianzas de “clases” entre los golpistas y subversivos que han atacado la Revolución Sandinista desde adentro y fuera del país. Y tampoco habría combinación de “clases” con elementos “malditos” y “benditos” en las cárceles. Lo que quiero decir es que cada individuo, rico o pobre, burgués o proletario, reacciona y actúa diferentemente con su propia valoración subjetiva ante las estructuras sociales y políticas de la sociedad.

En la narrativa “trotskista,” las “burguesías nativas atrasadas” no son “confiables” porque siempre defienden sus propios intereses como burguesías exportadoras de materias primas dependientes del mercado capitalista internacional; y cuando les tocan sus intereses, en cualquier momento le “meten el puñal en la espalda” al partido revolucionario dirigente y a la “clase obrera.” Aunque eso pueda tener algún mérito de verdad relativa, sin embargo, como lo ha vivido y experimentado la Revolución Sandinista por los actos delictivos de los golpistas y “opositores,” ese “puñal” ha venido de todos lados, de ricos y pobres, burgueses y proletarios, y hasta de la clase sacerdotal de la iglesia católica.  

Yo no estoy haciendo aquí una apología a la burguesía. Yo entiendo que la clase burguesa, en tendencia general, es la clase explotadora y opresora de los trabajadores y los pobres. “No hay vuelta de hoja” con eso. No obstante, en la realidad concreta de Nicaragua la interacción dialéctica de la valoración subjetiva del individuo en el conjunto de hilos sociales y políticos de la vida cotidiana no puede ser soslayada; la individualidad revolucionaria es un fenómeno social que tiene preeminencia sobre la homogeneidad de clase.  

No hay que ir tan lejos para constar el protagonismo de la valoración subjetiva revolucionaria compartida en la sociedad nicaragüense. Basta observar la iniciativa de los integrantes del pueblo en los distintos ámbitos de la sociedad. La fenomenología social “Pueblo Presidente,” por ejemplo, no es una entidad supernatural de los mitos griegos, sino una praxis existencial de lo que realmente constituye la democracia como “el poder del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo.”  

Lo mismo puede observarse en las funciones sociales de la policía y el ejército nicaragüense, cuyos integrantes, hombres y mujeres, se rigen por una directriz que lo dice todo: “somos el pueblo uniformado.” Y asímismo también, podemos constatar la praxis de la individualidad revolucionaria en la juventud Sandinista y el pueblo en general en los campos de salud, educación, economía, producción, política, vivienda, igualdad de género, etc. En este contexto, ¿Cómo podría ser “una cosa de otro mundo” encontrar elementos burgueses progresistas (tradicionales y emergentes) con valoraciones subjetivas conscientes de la necesidad de un Estado Nacional al servicio del bienestar y los intereses de todos los ciudadanos nicaragüenses?

Yo creo que la alianza política entre el FSLN y la “burguesía progresista,” que tanto odian los trotskistas, más allá de eso, es una alianza entre SERES HUMANOS, cada uno de ellos y ellas con sus propias percepciones y reacciones individuales en la trama de relaciones políticas y sociales que condicionan sus vidas y conductas cotidianas. El ejercicio de la individualidad revolucionaria, tanto en el FSLN como en la “burguesía progresista” es indudablemente un músculo de preeminencia en la unidad de la nación y a todos los niveles de la sociedad. Es justamente por eso que hoy Nicaragua tiene una democracia popular extraordinaria porque el pueblo mismo es sujeto de su destino.  

Sea como sea que quieran rotular la Revolución Sandinista, “social democracia,” “revolución traicionada,” “izquierda reformista,” “socialismo democrático,” o lo que sea, al menos para mí, ese no es el punto. Y tampoco es para mí el punto si el “socialismo” o el “comunismo” es un proyecto válido o no; o si el capitalismo un día va a desaparecer o no del planeta. La verdad es que las utopías no me quitan el sueño; y mucho menos, la “distopía” del Doctor en Ciencia Política Silvio Prado. El punto para mí es muy simple: El pueblo de Nicaragua vive y experimenta un proceso histórico extraordinario de justicia social igualitaria. Eso es bastante para mí entender, llámese como se llame.

Los dirigentes de la alianza política están apostando por políticas y procesos de propiedad social que son socialmente aceptables para todos los nicaragüenses. Esto es una indicación de que la raison d’être del Estado Nacional no es defender los intereses estrechos de una “clase social” a expensas de las grandes mayorías, sino la seguridad y el bienestar de todos los ciudadanos, de todo el pueblo.

El verdadero internacionalismo y solidaridad entre los pueblos del mundo es un movimiento vibrante donde las revoluciones socialistas son faros de emancipación para los pueblos que buscan un mundo sin colonialismos y sin imperialismos. El determinismo obsecado de los autoproclamados análisis “marxistas” y “científicos” que la “clase obrera” es la única clase “confiable” que puede hacer la revolución socialista, y que apuesta por la eliminación de un plumazo de “la propiedad privada de los medios de producción capitalista,” yo creo, es una estrategia política que precipita odio y destrucción.  

Por supuesto, la “clase obrera” es parte integral legítima del pueblo nicaragüense. ¡Quién puede dudarlo! Los trabajadores son parte integral del pueblo nicaragüense como lo son los campesinos, los artesanos, los estudiantes, las mujeres, los niños, las niñas, los ancianos, los profesionales, etc. ¿Quién puede medir la dignidad y la consciencia social de unas personas con el fin de excluir a otras? Nicaragua, a punta de lucha y dolor, es uno de los pueblos más cultos del mundo en cultura política. El proyecto político de los seres humanos dirigentes en el gobierno de Nicaragua liderado por Daniel Ortega y Rosario Murillo es una apuesta por fraternidad.  

* Wilfredo Gutiérrez es sociólogo