Viviendo agroecología en Estelí

Enviado por tortilla el Lun, 12/09/2022 - 18:25

Winnie Narváez Herrera*, 12 de septiembre 2022

“Cuando se llegue al tiempo de la vida
y haya un segundo para detenerse (..)
cuando se junte el pie con la cabeza
pese a la biología persistente
y cada casa sea un cayo verde”

Silvio Rodríguez

Se habla bastante de agroecología como forma de producción que no usa químicos comerciales, como forma de producción que en vez de exterminar malezas (o buenezas de acuerdo a la escuela regenerativa) e insectos, les ofrece lo que les gusta comer, diversificando, como forma que vuelve la zona diversa y acompaña al ecosistema a recuperar su fuerza.

Dice la vía campesina que “la agroecología es sumamente política” porque en ella se vive justicia social. Esto significa que el trabajo en el campo reconoce su dignidad a la vez que lucha contra una infinita industria: relación patrón-obrero, máquina, préstamo bancario, productos químicos, semilla comercial, cosecha mal repartida, suelo cansado. En cambio, promueve el uso de semillas criollas, bioinsumos, participación.

Maestros del Instituto de formación agroecológica (IALA) le llaman “una transición”, porque se requiere la paciencia de iniciar en un surco, en un patio. De lo pequeño a lo más grande. La Asociación de Trabajadores del Campo (ATC) habla también de “territorializar la agroecología como forma de descolonizar la producción”. O sea, que se vuelva práctica común en el territorio. Esto ha sido el caso de Estelí a través de la metodología “campesino a campesino” y el intercambio con organizaciones.

Estelí es conocido por la producción de tabaco, tanto de inversión nacional como internacional. Esto genera muchísimos empleos y un dinamismo económico que inclusive estimula la migración de otros departamentos del país hacia Estelí. Pero en este municipio también hay otras cosas. Es el hogar de varios sueños desde la agroecología.

Uno de esos sueños es la parcela de la familia Cruz, en La Montañita.

En dos años con el acompañamiento técnico de ATC han logrado varias cosas; por ejemplo, la instalación de una cama profunda, un sistema de crianza de cerdos ideal para zonas secas, porque permite ahorrar agua al no tener que lavar los desechos, al contrario, se utiliza cascarilla de arroz.

Esta absorbe la orina y neutraliza olores manteniendo limpio, y convirtiendo los desechos directamente en producto para abono.

Uno de los sueños de Toñito, dueño de la parcela, es crear un mercado vivo de legumbres donde las personas puedan llegar a comprar seleccionando y arrancando directamente la cosecha de la tierra.

Este sueño ya se está empezando a hacer realidad, pues se ven los primeros brotes de lechuga, ayote, zanahoria…

Si los insectos empiezan a atacar a una planta, en vez de eliminarlos, se sembrarán plantas diversas para reducir la presión sobre una sola planta.

Otra práctica es la siembra de frutas como la pitahaya utilizando plantas vivas como soporte, en este caso leguminosas, ya que intercambian nutrientes. Actualmente hay 100 plantas de pitahaya que en tres años producirán entre 30 y 50 pitahayas cada una.

Tres cosas caracterizan a la agroecología en esta parcela: la participación de toda la familia y la comunidad, el aprendizaje sobre la relación entre especies y el impacto de todo esto en las decisiones alimenticias de la familia;

“Ya no me da ganas de comprar una gaseosa, ahora sino las tengo, prefiero comprar frutas y hacer fresco”, explica Toñito.

Otro sueño es el de María auxiliadora Rugama en Santa Adelaida. Al visitarla, muy contenta enseñó su parcela y dijo “¡todos estos cítricos los sembré yo!”. Ella trabaja sola, a veces otras dos mujeres llegan a ayudarle.

En muchos casos, los hombres dudan de la agroecología y salen a trabajar en otros rubros mientras las mujeres la van desarrollando. Cuando esta va dando resultados la postura cambia. A eso se refiere también la transición que se menciona al inicio del texto. Es aprender a través del ejemplo.

En poco tiempo ya lograron construir el gallinero para la crianza de gallinas criollas, la cama profunda para la crianza de cerdos y el huerto de maíz.

Además, se practica la cosecha de agua con fines productivos y se hacen camas biointensivas para el cultivo de hortalizas como cebolla, remolacha, rábano.

Hay otro sueño que ha caminado por cuenta propia o quizás como resultado de otras experiencias y es el Cayo Verde de Maribel Ochoa. Este está ubicado en La Pita, Miraflor, y lo han trabajado durante los últimos 19 años. (2003 – 2022)

A los primeros meses de conocerla, lo más característico que observaba en Maribel era que andaba todo el tiempo en movimiento, cargando ramas secas, “basura”, y objetos en su vehículo, todo iba para el cayo.

Cuando finalmente lo visité, vi que Maribel no cargaba con el bosque, sino que ella era el bosque. Cayo Verde es un espacio de árboles inmensos, ojos de agua que gracias al bosque han logrado protegerse.

Allí hay diversas especies de orquídeas, bambú, y plantas medicinales. Entre las actividades que han llevado a cabo están la construcción de diques con piedras, el mejoramiento de suelos, la lombricultura y la reforestación con árboles de la zona, que cumple con varias funciones, como proteger el agua, así como producir alimentos y madera, y crear barreras vivas. Además se produce café orgánico (que lleva el mismo nombre “Cayo Verde”). De este se cultivan 2 manzanas y la cosecha es de entre 5 y 8 quintales.

“Asumimos el compromiso de resarcir a la naturaleza de lo que hemos consumido: madera, agua, frutas, semillas, animales” explica.

Uno de los retos ha sido la diversificación de la alimentación con la siembra de: hojas verdes (moringa, yerba mora, chipilín, cilantro, albahacas, menta…), pétalos de flores (rosa, izote, madero negro, ayote, coralillo…) y semillas (ayote, linaza, chía, girasol, amaranto…).

También ha cultivado cúrcuma y moras. Se integró también la siembra de pacayas y heliconias para producir flores y conservar la humedad para el café y piñuelas que a su vez son alimento (tanto sus flores como sus frutos) y hacen la función de cercas vivas, protegiendo a los animales silvestres.

Parece que hay algo particular en la agroecología y es que está definida por necesidades culturales, sociales, y ambientales de la familia y la comunidad. Quizás sea entonces cooperación genuina entre las personas y la naturaleza.

Notas:
1. Agradecimientos a las personas protagonistas de las tres experiencias por su lucha y apertura para compartirla y a Dyonis Melgara, técnico en agroecología, por su didáctica y compromiso.
2. Este artículo es un pequeño acercamiento al tema y queda a disposición de quienes deseen continuarlo. Hay más experiencias de agroecología en Estelí, entre las más conocidas está la Cooperativa Las Diosas.

* Winnie Narvaez trabaja con  ABACOenRed / FUPECG