Yorlis Luna, September 28th 2022

Padre Miguel d'Escoto
Este 26 de septiembre del año 2022 el canciller Denis Moncada con su discurso en la 77ª Asamblea de las Naciones Unidas, hizo un llamado desde la dignidad de un pueblo a un mundo más justo y lleno de dignidad. Un llamado que expresa el sentimiento y la voluntad del pueblo de Nicaragua. El llamado de respeto a la soberanía e independencia de los pueblos no va más allá de un cambio contextual sino es un pilar dentro de la propuesta de reinvención de la ONU impulsado por el Padre Miguel d’Escoto Brockmann.
¿Que implicarìa reinventar la ONU? Implicaría descolonizar un mecanismo colonizador, implicaría que los países levantaran la voz con dignidad, sin miedo, sin coerción, derribando las murallas de doble moral y bajando el telón de la hipocresía escondida de diplomacia. Implicaría centrar en las agendas de los debates y discusiones los temas centrales que aquejan a la mayoría empobrecida de la humanidad: vivienda digna, tierra, trabajo, salud y seguridad. Si los países ricos reconocieran - aunque fuera un tantito - que su riqueza sólo es resultado de la colonización y neocolonización, dejarían de rasgarse la vestidura de la democracia y comenzarìan a nombrar las cosas por su nombre: la ayuda oficial para el desarrollo se llamaría justicia restaurativa, ya que no hay ayuda al desarrollo ni ayuda al subdesarrollo sino deuda moral, deuda real al saqueo de màs de 500 siglos de los territorios y las personas. Deuda espiritual a toda la cultura arrancada, a la miseria sembrada y al trauma aùn presente.
La arrogancia blanca y patriarcal dejaría de vender el desarrollo cómo mecanismo de paz ni como el viejo fantasma de “civilizado”, ya no alardeaban de su intervencionismo, ni sus sanciones ni sus condenas a los países soberanos como Nicaragua y Venezuela, ya no intentarían exigir a los países del sur asumir consecuencias por igual frente al cambio climático, por un modo de vida y consumo creado en el norte global, es decir las agendas diferenciadas según responsabilidad y capacidad. No serían las agendas comunes como la agroecología o el cambio climático, vacas flacas sin presupuestos, ni los derechos humanos, palabras que resuenan huecas en un mundo jodido.
Reinventar la ONU implicaría exorcizar un mecanismo creado para dominar, controlar y neutralizar los intentos libertarios, implicaría que los países imperialistas rompan sus propios colonialismos internos, resuelvan sus propias contradicciones y enseñen con el ejemplo, para que así el mundo pueda cambiar, construyendo justicia y dignidad desde abajo, luchando contra el crimen que significa la pobreza extrema pero desde sus causas profundas. Reinventar la ONU parece una Utopía pero es tan necesaria como no perder la capacidad de soñar desde la indignación, rebeldía y esperanza.

Mientras tanto ¿qué pasa en Nicaragua? La gente sigue andando, caminando desde sus historias personales y colectivas. El pueblo inventa, crea, sueña pero sobre todo trabaja duro por cambiar su país y para heredar una Nicaragua mejor a las futuras generaciones. En Nicaragua el pueblo está organizado para crear y construir poder popular, recuperando la memoria colectiva en cada pedazo de suelo. Todo el mes de septiembre, el azul y blanco pintaba todo los espacios, la bandera del cielo azul se alzaba pero no con soberbia ni altivez sino con serenidad y amor, se honraban la vida de los héroes y mártires. La niñez en las escuelas aprendieron sobre la Batalla de San Jacinto y la heroica historia de sus ancestros.
Los desfiles patrios eran una algarabía llena de tambores, cantos y bailes, cargados de energía juvenil con los rostros sonrientes, sudados y alegres. Niños, medianos y grandes, trabajadores por su cuenta, profesores y padres, todo el tumulto de gente caminando en una gran una algarabía. Los desfiles patrios fueron llenos de mística y de disciplina, los chavalos y chavalas entrenaron muy duro en el sol y con la lluvia, practicaron dobles, redobles, el marcador, etc. Todo les permitió mostrar ritmos y creatividad honren a ese pueblo al desnudo que tanto ama Sandino y que les observaba.
Las calles lucen más iluminadas, ya que se avanza con el alumbrado público para garantizar más seguridad de noche y la recreación en los parques o en las canchas deportivas. En el campo, se siembra y se cosecha, se camina paso a paso hacia la diversificación productiva. El buen invierno regó de buena humedad los suelos, favoreciendo los cultivos y la economía popular que sostiene a las familias, todo huele a lluvia fresca y el verde intenso parece llenar de magia los campos. El trabajo, la ayuda mutua y la solidaridad van germinando en los pequeños y grandes gestos.
Por todos lados la gente crea, lucha, camina, anda y trabaja. Esa dignidad del trabajo hace crecer las manos, corazones y raíces de este pueblo digno, que desde su realidad va avanzando poco a poco en la producción, la vivienda, los caminos, los servicios, etc. Es decir, va buscando soluciones efectivas y duraderas al hambre, a la pobreza y al miedo. Nicaragua, hacia afuera y hacia adentro, sigue aportando realidades, ideas y trabajo desde el pueblo y para el pueblo, un camino con mucho para repensar y compartir, para aportar y cooperar, pero sobre todo para reinventar los caminos y destinos de la ONU y los pueblos del mundo.