Desarrollo humano y guerra de clase

Enviado por tortilla el Dom, 07/12/2025 - 16:28

Stephen Sefton, 7 de diciembre 2025

La crisis financiera internacional de 2008-2009 intensificó tendencias incipientes que ahora han llegado a ser claramente evidentes al nivel nacional de los países occidentales y en la formación de un nuevo orden mundial a nivel internacional. Para resolver la extrema crisis de 2008-2009 a corto plazo, las élites gobernantes occidentales rescataron sus delincuentes sectores financieros y de la mejor manera fascista cargaron los masivos costos del rescate sobre sus propias poblaciones. Paralelo a esta represión económica a nivel interno, las élites occidentales agudizaron su acostumbrada agresiva política exterior esperando poder frenar el debilitamiento de su control neocolonial sobre el mundo mayoritario.

Ahora, ante su derrota político-militar por Rusia en Ucrania y su impotencia ante el dinámico poder económico de China, entre otros factores, las élites occidentales intensifican todavía más una implacable guerra de clase a nivel interno contra sus propias poblaciones y a nivel internacional contra los gobiernos del mundo mayoritario que defienden el soberano desarrollo humano de sus pueblos. En los países norteamericanos y europeos los ingresos de la gran mayoría de las familias se han rezagado progresivamente más con respecto a los aumentos en los precios, especialmente el costo de la vivienda y otros costos esenciales como el transporte y la alimentación.

Las familias norteamericanas tienen que pagar exagerados costos para asegurar una atención médica adecuada. En Europa, para las familias y las empresas se han aumentado dramáticamente los costos de la energía, algunos estimados calculan la alza en 60%, por motivo de la decisión política de la dirigencia europea de abandonar la barata y segura energía rusa.  Un dilema típico para muchas familias occidentales con niñas y niños pequeños es que requieren tener dos salarios para poder cubrir sus gastos esenciales a la vez que se aumenta el costo que tienen que pagar del cuidado infantil porque sus gobiernos neoliberales no invierten suficiente en el cuido y desarrollo de la niñez. En general, los altos precios relativos a sus inadecuados ingresos significan que las familias no pueden ahorrar o, peor, se endeudan para poder mantener un adecuado nivel de vida básico.

La gran mayoría de las familias norteamericanas viven la realidad que en los últimos 15 años su poder de compra ha caído por casi 40%. La situación es parecida en Europa.Por ejemplo, desde 2005, se reporta que las familias en el Reino Unido también han perdido alrededor de 40% de su poder de compra. En la Unión Europea los salarios reales incrementaron en un promedio de 29% en los últimos diez años, pero en países miembros como España, Portugal, Grecia, Hungría, Polonia e Irlanda, los gastos de una familia típica aumentaron en un promedio de más de 60%. Este creciente empobrecimiento de las poblaciones en los países occidentales es parte de la guerra de clase impuesta por las élites gobernantes contra sus propios pueblos y va de la mano con el marcado aumento de la censura y la represión de la protesta legítima.

Se trata de un amplio, completo asalto fascista contra las aspiraciones y necesidades de las mayorías en las sociedades norteamericanas y europeas bajo la fachada de una espuria democracia electoral que no ofrece ninguna alternativa genuina al dominio de las élites. Esta antidemocrática guerra de clase a nivel interno también se expresa a nivel internacional con el despliegue de todo tipo de agresión de parte de las élites occidentales contra los gobiernos que promueven el desarrollo humano independiente de sus pueblos. En la mayoría de los casos esta agresión se aplica por medio de medidas coercitivas unilaterales, intentos de golpe de estado, interferencia electoral, la promoción del llamado “lawfare”, injerencistas ejercicios militares, el abuso de instituciones financieras como el FMI y la interminable guerra psicológica en los medios de comunicación, las fuentes de información académica y no gubernamental y en las redes sociales.  

América Latina y el Caribe han sido laboratorios de experimentación de la agresión norteamericana contra los gobiernos que han fomentado de manera exitosa el desarrollo humano de sus pueblos. Los intentos de cambio de régimen funcionaron de una u otra manera contra gobiernos progresistas en Haiti en 2004, Honduras en 2009, Paraguay en 2012, Brasil en 2016, Bolivia en 2019 y Perú en 2022. En Argentina, Chile, Ecuador y Uruguay las élites norteamericanas han logrado los desenlaces electorales satisfactorios por medio de la debilidad política de las fuerzas progresistas y los típicos engaños y trampas electorales de siempre.

Ahora Honduras es otra vez sujeto a un intento de golpe electoral, con un conteo de los votos todavía más cuestionado que en las elecciones de 2017. El abuso de las normas en el proceso de escrutinio parecen ser similares al conteo fraudulento que dio la victoria a Daniel Noboa en Ecuador en abril de este año. Y mientras queda a ver si en Honduras habrá un resultado final creíble o una anulación del escrutinio para llamar a nuevas elecciones, en Venezuela se espera una posible escalada militar de parte de la gran fuerza armada norteamericana aglomerada en el Caribe.

El patrón de la intervención norteamericana en la región sigue la lógica de una guerra de clase por las élites norteamericanas y sus aliados en las oligarquías locales. No quieren ver una redistribución equitativa de la riqueza de los países intervenidos a sus pueblos porque ese tipo de democratización económica disminuye su control neocolonial y la capacidad de extracción de la riqueza. Es precisamente la democratización revolucionaria que ha provocado el sádico fallido bloqueo genocida contra el pueblo cubano durante más de 60 años y los repetidos intentos de cambio de régimen en Venezuela que han fallido durante más de 20 años.

La experiencia del fallido intento de golpe de estado en 2018 contra el gobierno sandinista en Nicaragua fue otro claro ejemplo de una guerra de clase con el objetivo de destruir un exitoso proyecto de desarrollo humano revolucionario.  En años recientes, los movimientos progresistas que han llegado al gobierno por la vía electoral en Brasil, Colombia, Honduras y México también han sido amenazados por haber implementado proyectos políticos que priorizan el soberano desarrollo humano de sus pueblos por encima del enriquecimiento de las élites y sus patrones extranjeros. Ahora la publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno norteamericano confirma la intención de las élites norteamericanas de intervenir con mayor empeño para frenar el desarrollo soberano e independiente de los pueblos de la región.     

Así que la intervención norteamericana en América Latina y el Caribe expresa muy claramente la conexión entre la guerra de clase a nivel doméstico y su relación con la guerra de clase a nivel internacional. Para las élites norteamericanas una gira más agresiva contra América Latina el Caribe cobra mayor urgencia con la reciente visita del Presidente Vladimir Putin a la India y los múltiples acuerdos de cooperación tecnológica, de intercambio comercial y de colaboración energética que se firmaron con el gobierno del Primer Ministro Modi. Seguramente es falsa la afirmación norteamericana de un retiro de otras regiones del mundo para enfocar en el hemisferio occidental, solo van a afinar las modalidades de su interferencia e injerencismo.  Pero la visita del Presidente Putin a la India resalta la perdida de influencia norteamericana a nivel mundial relativo a China, India y Rusia.

Es imposible para los gobiernos del mundo mayoritario no ver el contraste entre las relaciones de respeto, consideración y beneficio mutuo promovidas por China, Rusia y la India y la descarada actitud neocolonial de las élites norteamericanas y europeas. Como ha afirmado el Presidente Nicolás Maduro, la amenaza norteamericana a Venezuela constituye "un ataque a toda América Latina y el Caribe" y ahora su afirmación se ha confirmado por la nueva Estrategia de Seguridad Nacional del criminal gobierno del presidente Trump y sus siniestros cómplices. Se trata de un demente mapa de ruta que pretende negar a cualquier país de la región su legítimo desarrollo humano por medio de políticas soberanas e independientes con el apoyo de aliados estratégicos como la Federación Rusa o la República Popular China.

Se propone abiertamente a restaurar la Doctrina Monroe pero esta vez con un megalómano Corolario Trump, lo cual lee así: “Después de años de negligencia, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental, y para proteger nuestra patria y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Nosotros vamos a negar a los competidores que no son de nuestro hemisferio la capacidad de posicionar fuerzas u otros capacidades amenazantes, o poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro Hemisferio.”

Así que, cuando no pueden imponer su voluntad por medio de la guerra de clase de sus aliadas oligarquías y las estructuras de la falsa democracia liberal, como lograron hacer este año en Ecuador, Bolivia y posiblemente en Honduras, las élites norteamericanas optarán por la agresión militar como amenazan a hacer en Venezuela. La irracional desesperación de las élites norteamericanas indica que se sienten ante un dilema existencial. Buscan manejar su crisis económica y guerra de clase a nivel interno. Y a la misma vez enfrentan un punto de inflexión decisiva en su política exterior porque no van a poder vencer la resistencia de los pueblos soberanos de América Latina y el Caribe en medio de la imparable construcción de nuevas relaciones internacionales que priorizan el desarrollo humano y la Paz de los pueblos.