Moises Absalón Pastora, Detalles del Momento, 12 de diciembre 2025

Hay una buena parte de compatriotas que tras la revolución sandinista de 1979 se fueron a Miami, todos ellos vinculados a la dictadura dinástica de Anastasio Somoza Debayle y a la Guardia Nacional. Otros lo hicieron ya en la década de los ochentas como consecuencia de la guerra que nos impuso Estados Unidos en la que desgraciadamente la polarización nos hizo un inmenso daño y de ahí que amplio el criterio que hoy se nos impone es que nunca más vuelva a rugir la voz del cañón en este país que no es de nadie, pero que es de todos.
Liberarnos de Somoza fue un acto espontaneo de la casi totalidad de los nicaragüenses. Aquella dictadura fue tan infame que quien la crio y amamanto con la fuerza de la intervención y la invasión para crearla no tuvo de otra que romper hasta con su propia obra macabra si más remedio al final que dar asilo a la crema y nata de aquel somocismo que tuvo tiempo para alcanzar en los aviones que la gusanera batistiana, ya asentada en Miami, les había enviado.
Esos somocistas hicieron una nueva vida con los dólares que lograron robar del erario público y con esas lapas verdes, los que pudieron que eran bastante, montaron negocios en un condado que como Miami no terminaba de ser descubierto por los cubanos batistianos que habían llegado 20 años antes tras la revolución cubana. Es decir, se juntaron las más ortodoxos reaccionarios del anti castrismo y del anti sandinismo no solo para nunca más volver sino para ser la base torpedera que hizo posible Bahía de Cochinos en Cuba y el origen de la “Contra” en Nicaragua, donde por supuesto el gran arquitecto era el Tío Sam como parte de aquella guerra fría que libró contra la Unión Soviética.
Aquí en la década de los ochenta, cuando se nos impuso una guerra absurda, debo decir con claridad, se cometieron muchos errores por parte de una “Dirección Nacional” de nueve cabezas, donde cada una de ellas representaba un feudo, y donde decidían individuos que hoy quieren pretender que no tuvieron responsabilidades cuando en realidad fueron actores protagonistas y no de reparto del desatino político de la época y que ahora se quieren lavar las manos.
Otros que fueron causa del mal causado, se sustraen de las persecuciones que ordenaron, de la economía que desbarataron, de las libertades públicas que prohibieron y hoy descaradamente van a Miami a dictar cátedras de democracia hacia el otro segmento de nicaragüenses que decidió irse del país en el contexto específico de lo que fue la guerra estimulada por el imperio norteamericano en la década de los ochentas.
De este último segmento de nicaragüenses que se fueron a Miami huyendo de la guerra en la década de los 80s muchísimos regresaron al país, alguna parte se quedó allá después de haber intentado retornar, pero sin que sus hijos, los nacidos en la llamada Capital del Sol, se pudieran aclimatar a las limitaciones que encontraron aquí y entonces decidieron volver y quedarse para siempre allá hablando no solo pestes de Nicaragua como los batistianos de Cuba, sino que además sin ningún riesgo alentando desde la comodidad al odio y a la violencia.
Hoy otra gran cantidad de nicas que no son somocistas ni resentidos que aun en Miami, pero que por venir con muchísima frecuencia no son bien vistos por quienes allá han hecho de Nicaragua un negocio, pero jamás causa por el progreso de ella. Estos compatriotas, cada vez que regresan a Miami y hablan de los enormes cambios estructurales en toda nuestra nación, de los beneficios sociales para la población, de las maravillas turísticas que ofrece el país, de su seguridad, de su paz, a pesar de la tragedia desprendida del 18 de abril, son mal vistos por los nicas caitudos, patas chorreadas y chinela de gancho, que viviendo allá se creen magnates por vivir hacinados en un pequeño apartamento y hasta desdicen de su nacionalidad de origen porque se creen más gringos que nicas por medio machacar el espanglish.
Cuando esos nicas, que viviendo aun en Miami vienen a explorar su retorno a su Nicaragua querida y regresan allá censuran y condenan lo que los bárbaros le hicieron al país en el 2018 y es cuando pasan a ser sujetos del apartheid somocista de quienes allá viven vomitando odio, y violencia contra los que estamos aquí porque los que ahora tienen una visión totalmente distinta de nuestra patria no piensan como ellos.
Eso no me lo cuentan lo sé de propia fuente, de gente que conozco, que jamás se involucró en nada, que son ignorantes absolutos de nuestros procesos históricos, que creen que atrincherados en Facebook van a cambiar el mundo, que apuestan a que la paz se logra solo por las balas, pero sin que sepan lo que es tener al menos una tiradora en la mano y en su enanismo intelectual lo único que te saben decir es que aquí hay comunismo solo porque se lo escucharon a algún cubano batistiano.
Estos de los que hablo, repito, patas chorreadas y de chinela de gancho, que habiendo nacido aquí, habiéndose ido ya crecidos, habiendo dejado amigos, amores y vivencias, cuando como purgante han tenido que venir aquí, porque ni modo a ver qué onda, andan incómodos por el calor, porque andan sudando, porque no pueden comer cualquier cosa, porque para todo andan con su botellita de fuente pura a la par y si pasan por un semáforo compran las bolsitas por docenas creyendo los dundos que es destilada o cuando van a comer algo, Dios me libre sea cualquier cosa, porque sus estomaguitos ahora son delicados, porque según ellos en la gusanera no hay moscas.
Es más, uno de estos nicas caitudos que tuve que atender me porfiaba, que bueno pues, que sí que en Miami habían moscas pero que las de allá no eran mal educadas y que no se paraban en la comida y no me lo decía como nica, sino como cubano. Debo reconocer que al final me dio gusto despedirme de aquel que en otros tiempos había sido compañero de parrandas y de aventuras, de fiestas y de encabes, pero que me decía, a mí que viví en Miami durante 3 años y medio, que allá es mejor la vida porque se goza como rico cuando la verdad es que aquello es un aislamiento total si vives en un condominio donde nunca le vez la cara a tu vecino, si vives en una casa es tu mundo y aunque tu hermano viva a la media cuadra lo vez por casualidad en un semáforo donde lo saludas de carro a carro porque en ese ambiente tan superficial todos trabajan en turnos y trabajos diferentes como esclavos para poder pagar las tarjetas de crédito que por mantenerlas hasta el tope son las que con las que el sistema te obliga a ser un número dependiente de ellas y todo para que vivas drogado por una sociedad de consumo donde nada de lo que tienes es tuyo, sino del banco y de las aseguradoras que te abren las arcas para empeñarte la vida.
A pesar de todo esos malos nicaragüenses que se creen más gringos por el hecho de hablar mal del país donde dejaron su ombligo, al final no tienen más que admitir que esta Nicaragua es irreconocible, que sus cambios son notables, que su pueblo a pesar de las mil mentiras que se inventan y que ellos allá repiten, lo que desea es trabajar y salir adelante, que su salario, propio de las limitaciones que tenemos, lo disfruta compartiéndolo en familia en las múltiples opciones recreativas que tenemos y que la narrativa dantesca del odio y el resentimiento de la gusanera en Miami, de inestabilidad y caos, no existe.
Aquí esos resentidos que llegan con la idea de testificar la guerra, vuelven a la gusanera más perdidos de lo que vinieron porque regresan diciendo que la “dictadura” es democrática, que aquí el nica tiene confianza en el gobierno, que aquí la salud y la educación es efectiva y constitucionalmente gratuita, que el progreso abunda por todo el país y que todo lo malo que se pinta tiene por origen un oposicionismo irresponsable, mediocre y desunido que no tiene futuro y que de ir hoy a elecciones seria aplastado y que ahora es una carga para los que viven en Miami pues los cabecillas del golpe se trasladaron a vivir allá sin pena ni gloria porque seguramente son los nuevos lava inodoros del imperio.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA