Poema - Madre del Barro y la Aurora

Enviado por tortilla el Vie, 29/05/2026 - 12:59

Madre del Barro y la Aurora

“Por los senderos del campo
llevas cargando tu pena
tu pena de amor y de llanto
en tu vientre de arcilla y tierra.”

(Arlen Siu, 1975, María Rural)

Hoy puedo ver el fruto de tu vientre de barro,
lleno de dignidad;
vos, que amamantaste al hombre nuevo,
que en medio de la pobreza no sucumbiste al oprobio impuesto,
sino que insurreccionaste tu alma
y pariste almas inmortales,
como la lucha del pueblo.

Y ahí te inmortalizaste
como símbolo vivo de amor y resistencia,
como el paraíso perfecto,
como ese paraíso de no me olvides,
pues el olvido no es opción
para quienes decidieron vivir la santidad
de la revolución y de la insurrección comunitaria y permanente
de este proyecto de auroras.

Vos, mujer campesina,
que te multiplicaste en la geografía de la ciudad,
que no claudicaste en las barricadas de los barrios,
y cuyo fusil disparó perseverancia,
ahí está tu fruto, ahí están tus hijos:
en las universidades del pueblo,
en la poesía del barrio,
en el canto de la asamblea,
en el grito de luchar para vencer,
y en la realidad definitiva de que no pasarán,
que no pudieron ni podrán
arrebatarnos el amor,
el amor convertido en utopía y realidad.

Y así, mujer de barro y centellas,
tu nombre se volvió territorio,
un mapa de voces que no se rinden,
un resplandor que atraviesa los calendarios
como si cada amanecer llevara tu firma
y cada niño naciera con tu memoria en la frente.

Porque vos no solo diste vida:
construiste conciencia,
levantaste la certeza de que la dignidad no se negocia,
que la pobreza no es destino
cuando el amor se vuelve herramienta,
cuando la ternura se hace fuerza organizada
y la esperanza oficio cotidiano.

Hoy, cuando el viento repasa tu historia
y la lluvia cae sobre los techos humildes
como un bautismo de auroras,
tu nombre vuelve a levantarse
en cada mano que siembra,
en cada voz que canta,
en cada paso que insiste.

Porque tu fruto no es solo carne:
es palabra, es fuego, es horizonte.
Es la multitud que aprendió a caminar sin miedo,
que aprendió a decir “aquí estamos”,
que aprendió a defender
el amor que nos pertenece.

Y en este día a día, que ya llegó,
porque ahora vivimos el sueño
de los inmortales héroes y mártires,
de esta tu revolución de amores,
sabemos que no fue en vano
el barro, la noche, la herida, la esperanza.

Sabemos que cada mujer, cada barrio,
cada estudiante, cada obrero,
cada canto y cada lágrima
fueron ladrillos de ese paraíso
que no cae del cielo,
sino que se construye con amor,
con memoria,
con la voluntad inquebrantable
de vivir en comunidad y armonía.

Este mundo verá —y ya empieza a ver—
el paraíso de la organización de las masas,
ese jardín nacido del esfuerzo colectivo,
donde cada mano encuentra su tarea
y cada voz se vuelve campana de futuro.

Ahí, nuestra palabra es brújula,
Es raíz, es bandera de ternura insurrecta, roja y negra sandinista.
es nuestro santo y seña,
la contraseña que abre las puertas del mañana,
la señal que reconoce a quienes caminan
con el corazón dispuesto a sembrar justicia
y a cosechar dignidad.

Esta es nuestra aurora,
esta es la utopía hecha realidad,
esta es nuestra Nicaragua,
que se atrevió a ser sujeto de conciencia
y parió nuestra revolución,
hecha de maíz, barro, pueblo y auroras.

 

Jeremy Cerna
Berlín, Alemania
29 de mayo 2026