Moisés Absalón Pastora, Detalles del Momento, 3 de julio

El desarrollo integral de la juventud en nuestro país es un tema que se plantea como el principal activo humano para el desarrollo de Nicaragua y esta máxima, desde la perspectiva evolutiva de la visión sandinista no cambiará nunca porque siempre detrás de los que vamos saliendo empuja la sangre joven que tiene todo el derecho a exigir un sitial preferencial en la construcción de la sociedad.
La juventud ha sido siempre un factor determinante en todos los procesos políticos, sociales, económicos y culturales sobre los cuales ha sido escrita nuestra historia y siempre fue la que más aportó y es su sacrificio, su arrojo y valentía la que hizo posible haber llegado hasta aquí y lo que aún falta por andar y eso implica poner en alto relieve ese concepto práctico, real y más allá de lo filosófico de “la juventud de todos los tiempos”.
Los factores comunes de la juventud se fundamentan naturalmente en ideales, sueños y deseos por un mundo mejor cuando en la aspiración se logró fecundar una gran conciencia social porque todo eso se nutre de valores que se heredan, que se enseñan o que simplemente percibimos y absorbimos a través de las experiencias de la vida misma.
La juventud, obviamente aquella que fue influida en su desarrollo por lo que vivió en familia, por lo que escuchó en su mundo exterior o por lo que desde lo personal experimentó, siempre tuvo una relación íntima con lo correcto y eso lo testificamos los que venimos de vuelta, sobre todo los que ahora podemos dar un consejo sobre las mil cosas por las que pasamos para poder acercarnos a la imagen más palpable que queríamos tener de la Nicaragua que seguimos habitando y perfeccionando.
Por supuesto la juventud es un estado de la vida. Es el período que normalmente toma lugar entre la niñez y la adultez y podríamos decir que esto ocurre entre los 15 y los 25 años en su furor y si se quiere hasta los 35 entrando a la adultez, siendo por lo tanto una de las etapas más importantes de la existencia humana porque es el tiempo que define intrínsecamente a la persona, sus intereses, sus proyectos y sus relaciones con el mundo que la rodea.
Cada país tiene sus propias particularidades históricas y las nuestras para bien o para mal son una fuente inagotable de experiencias donde siempre la juventud jugó un papel determinante como parte de un todo y una monumental verdad es que la gran mayoría de nuestros héroes y mártires consumaron su gloria entregando sus vidas en edades tiernas, pero con pensamientos demasiados avanzados para sus edades.
Sin embargo, no podemos dejar de reconocer que hoy el mundo es distinto y que la modernidad y la tecnología introdujo a nuestro habitad mecanismos muy seductores que han arrastrado a nuestra juventud a un interés más identificado con lo material que por lo social y de ahí que el mundo se esté desnaturalizando y sea más proclive a la violencia y al irrespeto porque hay plataformas cibernéticas que se diseñaron para ese fin.
La Nicaragua que hoy tenemos ha superado y sobrepasado con creces muchas adversidades en las que incidieron manipuladores que sedujeron a muchachos para desconfigurarles los auténticos valores de la libertad y la justicia y les pusieron un traje “libertario” para fines absolutamente insanos, contrarios para esta etapa de la vida y a la medida de los maestros del desastre que se llenaron la boca como defensores y validadores de los espacios de una juventud a la que solo vieron como instrumento de sus conquistas.
Por supuesto a la vuelta del tiempo todo fue desmontado por la gran realidad y es que la pretensión golpista nunca consideró a la juventud como protagonista, pero sí como piezas de su ambición para alcanzar el poder por encima de la constitución y de la voluntad popular y eso no ha cambiado porque aquellos que hace ocho años eran jóvenes hoy se siguen viendo como estorbos para las predominantes élites para las cuales son más problemas que ayer y a los que no dejan de ver como bultos con los que no quieren compartir nada.
Ahora, aunque para nada les sirva esos que fueron manipulados despertaron y decidieron separarse de la miasma, de esas emanaciones tóxicas, fétidas y estancadas que representan esos que no tienen más espacios que para ellos mismos y que en el bautizo quieren ser el niño, en la boda el novio y en la vela el muerto sin que cedan nada para aquellos a los que demagógicamente saludan como el relevo generacional, pero sin que asome la antorcha del bendito relevo.
Pero lo más triste no es solo que los cabecillas golpistas manipularan a su conveniencia a los jóvenes que en algún momento les acompañaron sino que además generaron sobre ellos una opinión negativa de la sociedad porque los convirtieron en terroristas que cometieron crímenes de odio contra el país algo que nada tiene que ver con la conciencia social en la naturaleza que forma al chavalo o al estudiante que pretende la transformación en beneficio de las grandes mayorías y sobre todo del que menos tiene.
Los que encabezaron el fracasado golpe de estado de abril de 2018 usaron a los jóvenes en el diálogo nacional para vulgarizarlo y acabarlo, los usaron como lectores de proclamas que estimulaban el odio que mató, quemó, violó, saqueó y torturó en aquel contexto diabólico sin que ninguno de esos obispos, empresarios, rectores, falsos representantes de la sociedad civil, politiqueros y cualquier otra cosa, arriesgara nada, porque en el contexto hasta los hijos de papi y mami eran mandados a Miami con gastos pagos para no exponerlos.
Pobres por esos muchachos que no tuvieron la visión, por falta de una conciencia social, de darse cuenta que solo eran instrumentos y hasta carnes de cañón y que lo que hicieron en aquellos tristes días era solo para allanar el camino de quienes únicamente pretendían volver al poder para entregar a Nicaragua como un gesto agradecido hacia el amo y sin arriesgar absolutamente nada y para qué si ahí estaban los chavalos briosos que creyeron que hacer política era insultar y vociferar ante las cámaras y contra la razón que les advertía que estaban destruyendo al país, que lo estaban conduciendo, como efectivamente pasó al escenario más dantesco y oprobioso de toda nuestra historia.
El futuro no es para los que vamos de salida, a esos nos toca soñar con que los ideales que tuvimos también los tengan los que nos empujan. A los que peinamos canas nos corresponde vivir el presente compartiendo las experiencias que eviten, a los que nos siguen los errores que ya nosotros cometimos. Eso significa que nuestra responsabilidad no acaba por el solo hecho de ver que estamos frente al inexorable retiro, sino que nos corresponde enseñar y mostrar el camino a los que recogen la estafeta, a los que nos van a gobernar en un futuro no tan distante, a los que serán nuestras autoridades, a los que vamos a respetar en la medida que hayamos sido capaces de entregarles una formación sana y noble y eso solo se logra tocando el corazón de esa juventud con ejemplos de honor, dignidad y de un amor por la patria que nada tenga que ver con el odio y la muerte.
Nicaragua necesita una juventud que no pase sus días gimiendo desgracias, ni pronosticando tragedias imaginarias que asusten a los demás con males que seguramente jamás llegaran si fecundamos nuestros valores auténticamente en lo que Dios nos muestra.
Necesitamos hacer nacer en la juventud el espíritu de la felicidad o no de la maldad que únicamente persigue tristezas, desencantos, errores y todas esas malas jugadas estimuladas desde la perversidad de los corazones corrompidos.
Necesitamos hacer ver al joven que el bienestar no está solo en la riqueza material o en los placeres o en añorar todo lo que nos falta, sino en que sepan acoplar la vida con lo que se tiene y lo que no se tiene.
Los instrumentos con los que nuestra sociedad cuenta para formar a los jóvenes de hoy deben acentuar que el futuro que queramos construir no depende tanto de lo que exista o pase a nuestro alrededor sino de lo que sucede dentro de nosotros mismos donde habita la conciencia que es el mejor juez para determinar lo que está bien o lo que está mal para nuestro principal círculo de interés que es la familia y después para la nación porque lo primero construye la sociedad y la sociedad lo hace con él país.
Aquí en Nicaragua tenemos dos tipos de juventud. Aquella que cuando es convocada va a los barrios más pobres a distribuir paquetes alimenticios a los que no tienen que comer; la que entrega sillas de ruedas a los discapacitados; la que descarga materiales de construcción en cada casa donde una familia sufrió los embates de la naturaleza y vio destruida su vivienda y además se convierte en mano reconstructora; la que va al campo y reforesta para proteger el medio ambiente y ser parte de la cultura ambientalista; la que va al campo y conoce en el terreno la realidad campesina; la que en su colegio y en las universidades estudia a cabalidad porque piensa en una misión de servicio; la que interesada en la política deduce que puede ser un factor de transformación, pero cierta que solo lo logrará conociendo las necesidades de los demás y esa juventud es la Juventud Sandinista 19 de Julio, uno de los músculos partidarios más poderosos en los que descansa un país porque además todo ese mar de muchachos y muchachas representa todo un frente de defensa para nuestra democracia que en la cima de su realidad ve en ella a jóvenes inaugurando grandes obras que para nuestra nación dejaron de ser un sueño.
Pero también están aquellos que tienen los valores inversos y son los mimados que por ser hijos de papi o de mami, sin que nunca les haya costado nada, por haber nacido en cuna de oro, se muestran indolentes y cuando decidieron meterse en algo fue porque su fragilidad mental los dejó expuestos a la manipulación de los que los vieron únicamente como instrumentos del alevoso interés por alcanzar el poder y al final los desecharon.
Qué diferente es sin embargo en Nicaragua la relación entre el liderazgo de poder y la juventud que lo sostiene. En nuestro país cuando el gobierno de los copresidentes de la República, Daniel Ortega y Rosario Murillo, hacen actos de alta envergadura, donde se va anunciar algo trascendental para la nación, el escenario no lo compone protagonistamente el gabinete de gobierno, sino la Juventud Sandinista 19 de Julio, porque una experiencia así, en cada uno de esos cuadros emergentes, representa una universidad política que construye futuro y eso me parece es una iniciativa de formación que entusiasma al chavalo o a la chavala porque se siente parte de la transformación que edifica valores de amor, paz y prosperidad para el país y para el ciudadano.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA