DISCURSO COMPLETO DE VLADÍMIR PUTIN
EN EL CLUB DE DISCUSIÓN "VALDAI" 2020
Estimados participantes de la XVII Sesión Plenaria del Club Valday,
Damas y caballeros,
Permítanme darles la bienvenida a nuestra tradicional Reunión Anual. Esta vez se realiza en un formato poco habitual, a través de videoconferencia. Sin embargo veo que hay gente en la sala. No tanta, como suele haber, pero sí, bastantes personas están presentes en la sala y, aparentemente, tuvieron un debate directo, lo que no puede dejar de complacerme.
Bueno, por supuesto, entendemos y vemos que la epidemia de coronavirus ha cambiado seriamente la vida pública, empresarial e internacional. Diré más: cambió la vida cotidiana de cada persona, la vida a la que uno estaba acostumbrado.
Prácticamente por todos los países han sido adoptadas las restricciones inevitables, los eventos masivos, regla general, no se realizan. Este año también ha sido todo un desafío para el Club de Valday. Pero lo que vale es que ustedes continúan trabajando activamente. Con la ayuda de tecnologías modernas que permiten realizar actividades a distancia, ustedes sostienen debates acalorados y significativos, discuten, atraen a nuevos expertos que compartan sus evaluaciones, presenten sus puntos de vista interesantes, no estándares, a veces directamente opuestos, sus reacciones a lo que está sucediendo. Este tipo de conversación, por supuesto, gana mucha importancia y es muy útil ahora, cuando hay tantas situaciones difíciles en el mundo que requieren solución.
Nos falta reflexionar a lo profundo cómo la epidemia afectó y afectará el presente y el futuro de la humanidad. Al enfrentar esta peligrosa amenaza, la comunidad internacional está tratando de tomar ciertas acciones, está tratando de movilizarse. Y ya se está haciendo algo en conjunto. Sin embargo, debo decir: lo que se hizo fue muy poco en comparación con lo que debería de haber sido hechi ante un semejante desafío, común y enorme. Y estas oportunidades perdidas también representan un posible tema para la discusión internacional franca.
En Rusia, desde el comienzo de la epidemia, pusimos en primer plano el valor principal - la vida y la seguridad de las personas. Y fue una elección deliberada, conciente dictada por la cultura, las tradiciones espirituales de nuestro pueblo, su trayectoria histórica complicadísima, e incluso trágica. Saben, si recordamos las colosales pérdidas demográficas que sufrimos en el siglo XX... Ni teníamos otra opción al menos que luchar, luchar por cada persona, por el futuro de cada familia rusa.
Por esta razón, hacíamos todo lo posible para preservar la salud y la vida de los ciudadanos, para ayudar a los padres y sus hijos, a las personas de las generaciones mayores, a los que perdieron su puesto, tratamos de preservar el empleo en la mayor medida posible, minimizar el daño a la economía, apoyar a millones de emprendedores que dirigen sus pequeñas empresas o negocios familiares.
Ustedes, me imagino, como todos los demás, siguen de cerca el asunto de propagación de la epidemia en el mundo, revisan los datos diarios. Desafortunadamente, el coronavirus no retrocedió y aún representa una amenaza de gran envergadura. Y es probable que una coyuntura tan alarmante, para muchos sólo refuerza la sensación de que se está comenzando un período completamente diferente. Que no sólo estamos en los umbrales de los cambios dramáticos, sino estamos evidenciando el inicio de una era de los cambios tectónicos, y en todas las esferas de la vida.
Vemos que los procesos que fueron sometidos a la discusión más de una vez en las reuniones del Club de Valday van ganando velocidad de forma rápida, exponencial. Por ejemplo, hace seis años, en 2014, durante una discusión sobre el tema "Orden mundial: ¿nuevas reglas o un juego sin reglas?" Luego compartíamos nuestra opiniones al respecto. ¿Y ahora que? El juego sin reglas, desafortunadamente, parece llegar a ser cada vez más intimidante, a veces como hecho consumado.
La pandemia nos recordó de lo frágil que es la vida humana. Era difícil imaginar que en nuestro siglo XXI, tan tecnológicamente avanzado, una persona puede quedarse totalmente indefensa frente a una infección aparentemente no tan fatal, no tan terrible. Y eso puede pasar incluso en los países más prósperos y ricos. La vida ha demostrado que no es sólo el nivel de desarrollo de la ciencia médica, con sus logros a veces fantásticos, que da garantía. Resultó que otra cosa no menos importante, quizás mucho más importante, es la organización y accesibilidad del sistema de salud pública. Los valores de ayuda mutua, servicio y autosacrificio que unen a las personas son los factores que resultaron ser importantes. La responsabilidad, la concentración y la honestidad de las autoridades, su disposición a aceptar la solicitud de la sociedad y al mismo tiempo explicar de manera clara y razonable la lógica y secuencia de las medidas tomadas, para no dejar al miedo dominar y dividir a la sociedad. Al contrario - infundir confianza en que, por difícil que sea, juntos superaremos todas las pruebas.
La lucha contra la amenaza del coronavirus demostró que sólo un Estado organizado y capaz puede actuar con eficiencia en una situación de crisis. Contrariamente a lo que afirmaban y continuan afirmando algunos: que el papel del Estado en el mundo global se está disminuyendo, y que en el futuro será reemplazado por algunas otras formas de organización social... Sí, es posible, en algún momento, en un futuro lejano. Todo fluye, todo cambia. Pero hoy en día el papel y el significado del Estado son importantes.
Siempre hemos considerado que para el desarrollo exitoso de Rusia es imprescendible la condición fuerte y consolidada del Estado. Y de nuevo nos convencimos de que teníamos razón cuando nos enfocamos con esmero en la tarea de restaurar y fortalecer los institutos estatales después de su declive y, en algunos casos, después de su destrucción total en los años noventa.
Claro, la pregunta es: ¿qué es un Estado fuerte? ¿En qué consiste su fuerza? Por supuesto, no en el control total ni en la rigidez de los organismos encargados de hacer cumplir la ley. Tampoco en el desplazamiento de la iniciativa privada o en la denegación de la participación ciudadana. Ni siquiera en el poder de las fuerzas armadas y la capacidad de defensa. Aunque creo que comprenden la importancia de este componente para Rusia, dada su geografía y toda una gama de desafíos geopolíticos. Y, por supuesto, tomemos en cuenta nuestra responsabilidad histórica, la de Miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que tiene por objetivo garantizar la estabilidad mundial.
Sin embargo, estoy convencido de que la fuerza del Estado radica principalmente en la confianza de los ciudadanos en el Estado. Ésta es la fuerza del Estado. Como es conocido, las personas son la fuente del poder. Y esta fórmula consiste no sólo en que la gente acuda a la mesa de votación y vote, sino en que tenga la voluntad y disponibilidad para delegar amplios poderes al gobierno electo, para ver en el Estado, en sus órganos - a sus empleados, a sus representantes, a quienes se les encomienda la toma de decisiones, pero también a quienes, de manera estrictamente necesaria, tienen que responsabilizar por el cumplimiento de deberes.
Es de señalar también que tal Estado puede ser organizado de cualquier manera. Bueno, que no malinterpreten la expresión "de cualquier manera". Lo que no importa es que nombre tiene su sistema político. Cada país tiene su propia cultura política, tradiciones, su propia visión acerca del camino de desarrollo del país. Intentar copiar a alguien a ciegas es absolutamente inútil y perjudicial. Lo principal es que el Estado y la sociedad estén en armonía.
Y, por supuesto, la confianza es la base más sólida para el trabajo creativo del Estado y la sociedad. Solo en conjunto todo esto puede garantizar un equilibrio oportuno entre la libertad de acción y las garantías de seguridad.
Una vez más, en los momentos más difíciles del desarrollo de la pandemia, sentía y, para ser honesto, sigo sintiendo el orgullo por Rusia, por nuestros ciudadanos, por su voluntad de hacer todo lo posible por los demás. Y por supuesto, sobre todo, siento orgullo por nuestros médicos, por las enfermeras, por las trabajadores de ambulancias - por todos ellos, sin excepción, en sus hombros recae el sistema nacional de atención médica.
Considero que la sociedad civil desempeñará un papel clave en el desarrollo de Rusia en el futuro. Por eso lo que buscamos es que la voz de nuestros ciudadanos sea decisiva, y que sean implementadas las propuestas y solicitudes constructivas, provenientes de diferentes fuerzas sociales.
Pero, por supuesto, la pregunta es: ¿cómo se forma esa solicitud? ¿De quién es, de hecho, esta voz a la que debe prestar atención el Estado? ¿Cómo reconocer si ésta es realmente la voz del pueblo, o es un susurro entre bastidores, o los gritos ruidosos, casi histéricos, de alguien quien no tiene nada que ver con nuestro pueblo?
Tenemos que enfrontar el hecho de que a veces tiene lugar el intento de presentar como una auténtica demanda pública el interés de un grupo social pequeño. E incluso, francamente, de las fuerzas externas.
La democracia real y la sociedad civil no pueden ser "importados" desde fuera. Hablé de esto muchas veces. No pueden ser producto de las actividades de unos "simpatizantes" extranjeros, incluso si supuestamente "desean lo mejor". En teoría, probablemente es posible. Pero, francamente, yo todavía no lo he visto suceder y realmente no creo en este escenario. Vemos cómo funcionan estos modelos de democracia "importados". Es solo un escaparate, una ficción, por regla general, una ficción que carece del contenido interno, no tiene ni la mínima apariencia de soberanía. En los países que son así, nadie pregunta nada al pueblo. Y los respectivos líderes no son más que vasallos. Y por el vasallo, como sabemos, todo lo decide el patrón. Por eso repito: sólo los ciudadanos de su propio país tienen derecho a determinar cuál es su interés social.
En Rusia atravesamos un período bastante largo durante el cual los fondos extranjeros eran casi la principal fuente de creación y financiación de organizaciones no gubernamentales. Por supuesto, no todos tenían intenciones mercenarias o malas, no todos perseguían el objetivo de sacudir la situación en nuestro país, de interferir en nuestros asuntos, de influir en la política interior rusa y, en algunas ocasiones, en la política exterior, en sus propios intereses. Por supuesto que no.
Entre las organizaciones públicas independientes, que existen, que de verdad existen, también había entusiastas sinceros, a quienes sin duda estamos agradecidos. Pero incluso en este caso, permanecieron, por regla general, ajenos, forasteros y, al final, reflejaron las opiniones e intereses no de los ciudadanos de Rusia, sino de sus custodios extranjeros.
En pocas palabras, sirvieron como herramienta en las manos equivocadas. Con todas las consecuencias consiguientes.
Una sociedad civil fuerte, libre e independiente es, por definición, una sociedad soberana y de orientación nacional. Surge de la espesura de la vida de las personas, puede tener diferentes formas y direcciones. Pero esto es un fenómeno cultural, una tradición de un país en particular, y no es el producto de una "mente transnacional" abstracta detrás de la cual se esconden los intereses de otras personas.
El deber del Estado es apoyar las iniciativas públicas y abrirles nuevas oportunidades. Eso es exactamente lo que hacemos. Y considero que este tema es el primordial en la agenda gubernamental para las próximas décadas. En este deber radica la garantía del desarrollo soberano y progresivo de Rusia, la continuidad genuina de su avance y nuestra capacidad de responder a los desafíos globales.
¡Estimados colegas! Ustedes saben muy bien que se acumularon muchos problemas y contradicciones graves en la vida internacional moderna. Diría incluso – que demasidas. Desde el momento en que el modelo de relaciones que persistía durante la Guerra Fría, y era en algunos momentos estable y predecible, pues cuando este modelo comenzó a cambiar - no crean, por favor, que extraño aquel modelo, categoricamente no - el mundo sufrió cambios varias veces desde entonces. Todo sucedió tan rápido que aquellos a los que generalmente se les llama élites políticas simplemente no tuvieron el tiempo, o tal vez el deseo, o la capacidad de analizar lo que realmente está pasando.
Unos países se apresuraban para "repartir el pastel", por regla general, a su favor, por supuesto, aprovechando los beneficios obtenidos como consecuencia del fin del "enfrentamiento frío". Otros buscaban desesperadamente una forma de adaptarse al cambio, a cualquier costo. Y algunos - aquí podemos recordar nuestra propia experiencia, francamente infeliz - lucharon, como dicen, por sobrevivir, por seguir siendo un país unido, por seguir siendo sujeto de la política mundial.
Mientras tanto, el tiempo plantea, cada vez con más insistencia, la siguiente pregunta: qué es lo que espera a la humanidad, cómo debe conformarse el orden mundial, o al menos su apariencia. ¿Avanzaremos de manera razonable y conciente, coordinando nuestros pasos? ¿O avanzaremos a ciegas, confiando cada uno - sólo en sí mismo?
El reciente informe del Club de Valday dice: "En un entorno internacional fundamentalmente cambiado, las instituciones se están convirtiendo no en una garantía de estabilidad y controlabilidad mundial, sino en un obstáculo para construir un sistema de relaciones que corresponda a la nueva era". Los autores creen que nos espera un mundo, donde los estados particulares o los grupos de estados actuarán de manera mucho más independiente, y las organizaciones internacionales habituales perderán su importancia.
Lo que me gustaría сomentar al respecto… Por supuesto, está claro que es lo que sirvió de fundamento para tal posición. De hecho, el orden mundial de la posguerra fue creado por tres potencias victoriosas: la Unión Soviética, Estados Unidos y Gran Bretaña. El papel de Gran Bretaña ha cambiado desde entonces, la URSS no existe en absoluto y alguien intentó descartar a Rusia, darla por perdida.
Les aseguro, queridos amigos, que evaluamos objetivamente nuestras capacidades: intelectuales, territoriales, económicas y militares. Tanto las oportunidades que tenemos para la fecha de hoy como nuestro potencial. Fortaleciendo nuestro país, mirando lo que está sucediendo en el mundo, en otros países, quiero decirles a aquellos que todavía están esperando el debilitamiento gradual de Rusia. En este caso, sólo nos preocupa una cosa: cómo no resfriarnos en sus funerales.
Y como Jefe de Estado que trabaja justamene en el ambiente que ustedes y sus colegas describen desde el punto de vista de expertos, no puedo aceptar y apoyar la opinión de que las estructuras internacionales existentes deben ser reconstruidas por completo, o incluso que deben ser descartadas como estructuras obsoletas y luego eliminadas. Al contrario, es importante preservar todos los mecanismos básicos para el mantenimiento de la seguridad internacional que han demostrado su eficacia. Me refiero a la ONU, al Consejo de Seguridad y al derecho de veto de sus miembros permanentes. Recientemente hablé sobre esto en la Asamblea General de la ONU que cumplió su Aniversario. Y hasta donde yo sé, esta posición – en pro de la preservación de los cimientos del orden internacional que surgió como resultado de la Segunda Guerra Mundial, cuenta con un amplio apoyo en el mundo.
Pero la idea de corregir la estructura institucional de la política mundial me parece al menos digna de discusión. Aunque sólo sea por el hecho de que la correlación de fuerzas, capacidades y posturas de los Estados, como ya dije, cambió considerablemente. Especialmente en los últimos 30-40 años.
Sí, como ya he dicho, la URSS ya no existe. Pero existe Rusia. China se está moviendo activamente hacia la posición de una superpotencia en términos de su peso económico e influencia política. Alemania avanza en la misma dirección, la República Federal de Alemania se ha convertido en un participante cada vez más importante en la cooperación internacional. Al mismo tiempo, el papel de Gran Bretaña y Francia en los asuntos mundiales se transformó notablemente. Y Estados Unidos, que en algún momento tuvo un dominio absoluto, ya difícilmente puede pretender ser «excepcional». Y en general, ¿necesita Estados Unidos este «excepcionalismo»? Y, por supuesto, potencias como Brasil, Sudáfrica y algunos otros países se han fortalecido notablemente.
Es verdad que no todas las organizaciones internacionales realizan de manera eficaz las misiones y tareas que se les asignan. Cuando deberían de ser árbitros imparciales, a menudo actúan sobre la base de prejuicios ideológicos, caen bajo la fuerte influencia de otros estados y se convierten en un instrumento en sus manos. Se han convertido, lamentablemente, en una práctica común los juegos con procedimientos oficiales, manipulaciones con prerrogativas y poderes, prejuicios, especialmente cuando se trata de conflictos que involucran poderes o grupos de estados que compiten entre sí.
Y es bastante deprimente cuando estructuras internacionales de autoridad, motivadas por los intereses egoístas de alguien, se ven envueltas en campañas politizadas contra países y líderes específicos. Esta práctica solo desacredita tales instituciones, conduce a su declive, agrava la crisis del orden mundial.
Y por el contrario, hay experiencias positivas, ejemplos de cómo un grupo de estados interesados unen sus fuerzas para resolver problemas específicos. Me refiero, por ejemplo, al trabajo de la Organización de Cooperación de Shanghái, que lleva casi dos décadas contribuyendo a la solución de disputas territoriales y al fortalecimiento de la estabilidad en Eurasia Central, creando un espíritu de cooperación único en esta parte del mundo.
O, por ejemplo, el Formato de Astaná, gracias al cual se pudo salir del profundo callejón sin salida en el que se encontraba el proceso político y diplomático sobre Siria. Recordemos también aquí la OPEP Plus, un instrumento eficaz, aunque muy complejo, para estabilizar los mercados mundiales del petróleo.
En un mundo fragmentado, este enfoque es a menudo más productivo. Pero lo importante aquí es que no solo nos permite resolver problemas específicos, sino que también puede dar nuevo impulso a la diplomacia multilateral. Es importante. Pero también es obvio que no podemos prescindir de un marco común y universal de la vida internacional - no importa qué grupos, asociaciones, alianzas situacionales de interés surjan ahora y en el futuro - no podemos prescindir de este marco común.
Es que el multilateralismo debe entenderse no como inclusividad, sino como la necesidad de involucrar a quienes están realmente interesados en resolver el problema. Y, por supuesto, nada bueno sale de la situación cuando unas fuerzas externas a veces intervienen de manera descortés y descarada en un proceso que afecta a un cierto círculo de actores que son realmente capaces de ponerse de acuerdo entre ellos. Y lo hacen únicamente con el propósito de demostrar sus ambiciones, poder e influencia. Consolidar su influencia sobre un territorio, engañar a todos, en vez de hacer una contribución positiva a la solución del problema.
Repito, con toda la fragmentación actual de la vida internacional, hay tareas para solución de las cuales no basta con unir el potencial de estados individuales, aunque sean muy influyentes. Hay problemas de tan alto nivel que requieren la atención global.
Por supuesto, estas son la estabilidad internacional, seguridad, lucha contra el terrorismo y resolución de conflictos regionales agudos. Son la necesidad de garantizar el desarrollo económico mundial y la lucha contra la pobreza, y también la ampliación de la cooperación en el campo de la salud. Esto es muy relevante hoy.
Hablé en detalle sobre estas tareas hace un mes en el aniversario de la Asamblea General de la ONU. Y para resolver estos problemas por supuesto, necesitamos un trabajo conjunto sistemático, proyectado a largo plazo.
Pero hay consideraciones de naturaleza aún más general, que afectan literalmente a todos, de las cuales me gustaría hablar en más detalle.
Muchos, cuando eran niños, leyeron “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry y recuerdan el mandato del personaje principal: “Hay una regla firme ... Te levantas por la mañana, te bañas, te arreglas - y de inmediato arreglas tu planeta... Es un trabajo muy aburrido, pero no es nada difícil".
Estoy convencido de que debemos hacer constantemente este "trabajo aburrido" si queremos preservar nuestro hogar común para las futuras generaciones. Necesitamos limpiar nuestro planeta.
El tema de la protección del medio ambiente ha entrado firmemente en la agenda global desde hace mucho tiempo. Pero yo ampliaría la discusión y hablaría también de una tarea tan importante como el rechazo al consumo excesivo inmoderado e ilimitado en favor de una suficiencia prudente y razonable. Cuando vives no solo el día de hoy, sino también piensas en lo que pasará mañana.
A menudo hablamos de que la naturaleza es extremadamente vulnerable ante la actividad humana. Especialmente a medida que la explotación de los recursos de la tierra adquiere un carácter más extensivo, global. Pero el ser humano tampoco está protegido de los desastres naturales, muchos de los cuales se generan precisamente por interferencia antropogénica. Por cierto, según varios científicos, los brotes de enfermedades peligrosas también son una respuesta a tal invasión. Por eso es tan importante construir una relación armoniosa entre el hombre y la naturaleza.
Aquí ya se ha acumulado una tensión crítica. Podemos ver esto en el cambio climático. Este problema requiere una acción real y mucha más atención. Hace tiempo dejó de ser una esfera de intereses científicos abstractos y afecta a casi todos los habitantes de la Tierra. El calentamiento global está reduciendo los casquetes polares y derritiendo el permafrost. Además, según los expertos, la frecuencia e intensidad de este proceso solo aumentará en las próximas décadas.
Este es un desafío serio para el mundo entero, para toda la humanidad y, por supuesto, para nosotros, para Rusia, donde el permafrost ocupa el 65 por ciento del territorio. Tales cambios pueden causar daños irreparables a la biodiversidad, tener un impacto extremadamente negativo en la economía y la infraestructura y crear riesgos directos para la población.
Ustedes saben que esto es muy relevante para nosotros. Esto se aplica a los sistemas de tuberías, complejos residenciales en zonas de permafrost, etc. Si alrededor del 25 por ciento de las capas de permafrost cercanas a la superficie (3 a 4 metros) se derriten para el año 2100, sentiremos mucho el impacto de ello en nosotros. En este caso, la situación puede ir, como dicen, al alza. Es posible que surja un tipo de reacción en cadena, ya que el derretimiento del permafrost estimula la liberación de metano a la atmósfera, el cual, debido a su efecto invernadero, es - ¡atención! - 28 veces más fuerte que el dióxido de carbono. En consecuencia, la temperatura del planeta seguirá aumentando, el permafrost se derretirá cada vez más rápido y se liberará más y más metano. Y así en espiral. ¿No queremos que el clima de la Tierra se acerque a las condiciones de Venus con su superficie quemada y sin vida, verdad? Permítanme recordarles que nosotros, en la Tierra, estamos a unos 14 grados Celsius, y Venus está a 462 ° C.
Otro tema, completamente diferente. No olvidemos que hay más que continentes geográficos en la Tierra. Se está formando un espacio digital casi infinito en el planeta, y la gente lo va dominando más rápido cada año.
Las restricciones forzadas asociadas con la epidemia del coronavirus solo estimularon el desarrollo de las tecnologías electrónicas remotas. Hoy en día, las comunicaciones, que se basan en el Internet, se han convertido en una propiedad común. Y debemos esforzarnos por garantizar que esta infraestructura, todo el ciberespacio, funcione sin problemas y de forma segura.
Así, por ejemplo, el teletrabajo, el trabajo a distancia no es solo una precaución forzada durante la pandemia. De hecho, estamos hablando de nuevas formas de organización del trabajo, del empleo, de la interacción social y de la simple comunicación humana. Con el desarrollo del progreso tecnológico, estos cambios son absolutamente inevitables. Una confluencia de circunstancias solo aceleró estos procesos. Todos apreciaron las oportunidades y comodidades que brindan estas tecnologías.
Pero, por supuesto, también hay otra cara: la creciente amenaza para todos los sistemas digitales. Sí, el ciberespacio es un entorno fundamentalmente nuevo, donde, de hecho, nunca ha habido reglas de conducta generalmente aceptadas. Las tecnologías se han desarrollado más rápidamente en comparación con la elaboración de leyes y la práctica jurídica. Y al mismo tiempo, es un área muy específica donde el tema de la confianza es especialmente agudo.
Aquí, me parece, vale la pena volver a nuestra experiencia histórica. ¿Qué quiero decir? Permítanme recordarles que durante la Guerra Fría existía un concepto bien establecido de "medidas de fomento de la confianza". Se refería a las relaciones entre la URSS y Estados Unidos, entre el Pacto de Varsovia y la OTAN, es decir, la esfera político-militar.
Al mismo tiempo, me gustaría enfatizar: ahora la competencia es, por regla general, de naturaleza "híbrida", que afecta todos los ámbitos, incluidos los emergentes. Por lo tanto, la confianza debe fortalecerse en todas partes.
En este sentido, el ciberespacio puede servir como una plataforma para probar estas medidas, así como en su momento el control de armas allanó el camino para aumentar la confianza en el mundo en su conjunto.
Está claro que es muy difícil formar un "conjunto de medidas" necesarias en esta área, en el ciberespacio. Sin embargo, este trabajo debe iniciarse. Hay que hacerlo ahora.
Permítanme recordarles que Rusia promueve activamente acuerdos bilaterales y multilaterales en el ámbito de la ciberseguridad. Hemos presentado en la ONU dos proyectos de convenciones sobre este tema, hemos establecido un respectivo grupo de trabajo de composición abierta.
Recientemente, me dirigí a Estados Unidos con una propuesta para iniciar una discusión amplia sobre los temas de seguridad de la información internacional. Entendemos que debido a la campaña electoral, los políticos de Estados Unidos no tienen tiempo para esto. Pero esperamos que la próxima administración, sea la que sea, responda a la invitación para iniciar una conversación sobre este tema. Al igual que sobre otros puntos de la agenda ruso-estadounidense. Y estos son los problemas de la seguridad global, el destino del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas y una serie de otras cuestiones.
Ustedes saben, hay muchos temas urgentes para una conversación franca, y estamos listos para su discusión constructiva e igualitaria.
Por supuesto, los tiempos cuando prácticamente todos los asuntos internacionales más importantes se discutían y resolvían entre Moscú y Washington, ya se acabaron hace mucho tiempo. Pero vemos el establecimiento de un diálogo bilateral, en este caso sobre la agenda de la ciberseguridad, como un paso importante hacia una discusión mucho más amplia que involucre a muchos más países y organizaciones. Bueno, si Estados Unidos no quiere involucrarse en este trabajo, lo cual sería lamentable, no obstante estamos dispuestos a realizarlo con todos los socios interesados, de los cuales, espero, habrá suficientes.
Me gustaría llamar su atención sobre otro aspecto importante. Vivimos en una era de conmociones y crisis internacionales tangibles. Por supuesto, como dicen, no es nada nuevo para nosotros. Especialmente para las personas de esas generaciones que vieron la Guerra Fría, sin mencionar la Segunda Guerra Mundial, para quienes estas no son solo un recuerdo, sino una parte de su vida.
Y esto es lo interesante. La humanidad ha alcanzado un nivel tecnológico y socioeconómico muy alto. Y al mismo tiempo, se enfrentó con la pérdida, la erosión de los valores morales, la pérdida de las pautas y del sentido de la razón de la existencia, o en otras palabras, de la misión del hombre en el planeta Tierra.
Esa crisis no se resuelve mediante negociaciones diplomáticas, ni siquiera mediante la convocatoria de una importante conferencia internacional. Requiere una reevaluación de las prioridades y un replanteamiento de los objetivos. Y hay que comenzar consigo mismo, partiendo de cada persona, comunidad, estado, y solo después luchar por el orden mundial.
La pandemia del coronavirus que vivimos este año puede servir como una especie de punto de partida para esta transformación. Y de todos modos será necesaria una reevaluación. Créanme, esta revalorización de todas formas será necesaria, tarde o temprano. Todos reconocemos la necesidad de hacerla. Por tanto, estoy de acuerdo con quienes dicen que es mejor que este proceso comience ahora.
Y no es casualidad que me acordé de la historia, de las generaciones mayores, que pasaron por todas las peripecias del siglo pasado. Los jóvenes tendrán que lidiar con todo lo que se ha discutido hoy. Con todos estos temas, de los que he hablado, los cuales Ustedes han discutido, con todos estos problemas. Lo tendrán que hacer los ciudadanos, si hablamos de nuestro país, de Rusia, quienes están creciendo y ganando experiencia ya en el siglo XXI. Son ellos quienes tendrán que hacer frente a los nuevos desafíos, quizás mucho más complejos.
Ellos miran el pasado, el presente y el futuro a su manera. Pero creo que lo principal no cambiará: lo principal son las mejores cualidades de nuestro pueblo. Es el patriotismo, la voluntad, la creatividad y la aptitud para el trabajo, la ayuda mutua, la capacidad de sorprender al mundo, resolviendo los problemas más difíciles, que parecen insolubles.
¡Queridos amigos! ¡Estimados colegas!
Hoy he hablado de unos problemas muy distintos. Y por supuesto, quiero creer que, a pesar de todas estas dificultades, el mundo podrá consolidarse y comenzar a luchar de manera conjunta no con amenazas imaginarias, sino con amenazas reales, y enfrentarlas con éxito. Podrá abandonar, al final, el egoísmo, la codicia, el consumo desconsiderado y derrochador. Por supuesto, surge la pregunta: ¿no es todo esto una utopía, no son deseos vacíos?
Sí, cuando ves las acciones y escuchas las declaraciones de algunos representantes de la raza humana, surgen dudas de que esto sea posible en general. Pero tengo una creencia firme, una esperanza, en todo caso, en la razón y en el entendimiento mutuo. Solo hay que abrir los ojos, mirar a su alrededor y entender: la tierra, el aire, el agua son nuestros, nuestra propiedad común, es lo que nos dieron desde arriba y tenemos que aprender a cuidarlo. Así como el valor de cada vida humana. No hay otra forma en este mundo complejo y maravilloso. Realmente no quisiera que se repitan los errores del pasado.
Muchas gracias por su atención.