Nicaragua y la industria occidental de derechos humanos

Submitted bytortilla onJue, 01/04/2021 - 18:49

Stephen Sefton, 31 de Marzo 2021

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El famoso fotomontaje de John Heartfield de una cabeza-repollo de periódico tenía la leyenda "¡Quien lee periódicos burgueses se vuelve ciego y sordo!". La leyenda es aún más cierta ahora que el siglo XXI entra en su tercera década.

En Occidente, la información está filtrada por medio de las clases gerenciales intelectuales afines a intereses corporativos en todos los ámbitos: ciencia, derecho, cultura, medicina y finanzas, en los medios de comunicación extranjeros y nacionales, en las organizaciones no gubernamentales y en los organismos internacionales multilaterales. De forma directa o indirecta, todos los ámbitos de la información están cada vez más condicionados por la financiación de las grandes corporaciones transnacionales.

En general, las clases gerenciales intelectuales occidentales han abandonado las normas fundamentales de la producción de informes. Las organizaciones e instituciones occidentales que pretenden ser responsables y transparentes no lo son: ni los organismos de la ONU ni las instituciones regionales como la Organización de Estados Americanos, ni ninguna de las principales ONG internacionales. Prácticamente de forma invariable, los informes de estos organismos omiten sistemáticamente hechos inconvenientes para sus conclusiones, niegan a los actores relevantes una oportunidad justa de exponer sus argumentos y evitan sistemáticamente la corroboración de sus conclusiones por parte de fuentes realmente independientes.

Esta crónica crisis informativa refleja la realidad de las relaciones de poder de clase en Norteamérica y Europa. Como escribió Henry Wallace en el New York Times el 9 de abril de 1944: "El fascista norteamericano prefiere no utilizar la violencia. Su método es envenenar los canales de información pública". El comentario de Wallace prefiguraba el desarrollo de la unión fascista del poder corporativo y gubernamental en Norteamérica y Europa la cual desde el tiempo de la Guerra Fría ha logrado engañar a la opinión pública occidental, especialmente en lo que respecta a las relaciones internacionales.

Así que las poblaciones occidentales siguen considerándose moralmente superiores a los habitantes del mundo mayoritario. Siguen hablando de sus países en Norteamérica o la Unión Europea como si fueran  verdaderas democracias cuyos líderes se preocupan por los intereses de sus pueblos y, en general, tratan de hacer el bien en el mundo. Cada pocos años, los electorados occidentales votan por el sabor del fascismo que prefieren, aparentemente sin saber que las dictaduras también tienen elecciones y luchas internas de poder dentro de las élites.

Estos tres artículos, uno de principios de 2019 y dos del año pasado, junto con las referencias que los acompañan, analizan el caso de Nicaragua y el fallido intento de golpe de Estado de 2018 como un ejemplo más de la crónica crisis informativa de Occidente. Es una crisis por medio de la cual se niega a la gente de Norteamérica y Europa, de la manera más anti-democrática, una rendición verdadera y justa de los acontecimientos.

La experiencia de Nicaragua refleja en gran medida el envenenamiento sistemático de las fuentes de información en Occidente en relación con otros países y también con otros contextos, de los cuales la sádica persecución de Julian Assange es quizás el más emblemático.