Sofía Clark, 12 de abril 2021
Querido Ramsey,
Me hace gracia ver cómo gente alrededor del mundo se siente con derecho a reclamar un pedacito de ti como propio, pero era de esperar. Usted viajó por todo el mundo a lugares asediados, para dar testimonio, buscar justicia y promover el estado de derecho.
Cuando todo un pueblo estaba bajo el asalto de Estados Unidos, sintiéndose vulnerable o abandonado, usted brindó solidaridad, asesoría legal y compasión.
Ramsey, permítame entonces recontar algunas de las razones por las que nosotros, los nicaragüenses, sentimos con derecho de llamarle uno de los nuestros, "un hijo de Sandino", nuestro hermano, nuestro amigo.
Regresaste a Nicaragua en los primeros días. Fue justo después de lo que un amigo describió como "el mes más crudo de la siembra", cuando las heridas de la guerra estaban aún frescas y la promesa del futuro parecía ilimitada.
Eran los primeros años de la Revolución y Daniel abrió las puertas de nuestro país. No pasó mucho tiempo para que conociera a Tomás y te preguntó... "¿Qué te gustaría hacer?". Sin pestañear, respondiste... "Bueno, me gustaría visitar la cárcel". Dentro de 20 minutos ambos estaban montado en un vehículo camino a la cárcel donde el mismo Tomas había sido detenido por Somoza.
Entonces tenías la costumbre de visitar los sistemas penitenciarios. Era tu barómetro para medir la salud general de una sociedad.
Y lo que vio le impresionó. Al abrir el portón principal, en un momento en que los reclusos aún mantenían la disciplina militar, decenas de ex guardias nacionales se acercaron a la ventana para saludar al Ministro del Interior de Nicaragua.
Esa tarde, el ex fiscal general de Estados Unidos y el nuevo ministro nicaragüense se dedicaron a conversar con diferentes presos. Tomás les reiteró su compromiso de vengar sus crímenes garantizandoles educacion a sus hijos, servicios de salud y seguridad. Encontraron ideales compartidos: el repudio a la pena de muerte, la necesidad de rehabilitar por encima de castigar y de garantizar un trato humano y el respeto a los derechos humanos de todos, incluso - especialmente - de los impopulares, los indeseables y los delincuentes.
Aquella tarde marcó el inicio de una profunda amistad, que más tarde cruzó generaciones y continuó hasta el presente con la hija de Tomás, Michelle. Visitaron juntos el nuevo monumento erigido en el Parque Central de la Plaza de la Revolución, para honrar a los Comandantes Carlos Fonseca Amador y Tomás Borge. La caricatura, la que Tomás te regaló hace varios años, estaba colgada en tu sala la tarde en que nos dejaste.
Eso fue sólo el principio. Cultivaste muchas otras amistades en Nicaragua a lo largo de los años 80 y después, con "gente común", promotores comunitarios de base, así como con notables como Nora Astorga, el Comandante Omar Cabezas y el Padre Miguel d'Escoto.
Tuve la oportunidad de verle durante esos años, acompañando ocasionalmente a los miembros del personal en visitas posteriores a las cárceles de Nicaragua, o encontrándome con usted en la casa del Padre Miguel.
Mi tío hablaba con cariño del privilegio de conocerle y colaborar con usted durante más de 40 años. Esa colaboración adoptó múltiples formas y abarcó una serie de causas diferentes, pero todo ello con el telón de fondo de los esfuerzos de Estados Unidos por mantener su hegemonía imperial.
Fue a usted a quien Miguel se dirigió por primera vez para discutir la decisión de Nicaragua de llevar un juicio contra los Estados Unidos a La Haya. Hablaron de la invasión de Granada y del total desprecio del gobierno estadounidense por el derecho internacional. Sintieron una urgencia compartida de adoptar una postura firme para promover la primacía del Estado de Derecho en las relaciones entre los Estados. A partir de ese momento, usted fungió como su asesor personal, aunque informal, en materia de derecho internacional.
Su colaboración permanente incluyó los esfuerzos internacionales para prevenir y oponerse a la primera Guerra del Golfo. Junto con Ben Bella (Argelia), Tony Bent (Reino Unido) y Karmenu Bonnici (Malta), formaron parte de la Coalición de Oposición a la Guerra del Golfo y de la Comisión sobre el Impacto de las Sanciones Criminales e Ilegales Impuestas por Estados Unidos al Pueblo de Irak -que mataron a más de un millón y medio de personas- y que sólo marcaron el inicio de la guerra de Estados Unidos contra ese país.
Cuando Daniel ganó las elecciones presidenciales de 2006, usted estuvo aquí para su toma de posesión, junto con viejos amigos de Cuba, Venezuela, Ecuador, El Salvador, Panamá, así como de Ghana y Zambia y otros lugares.
Durante el mandato del Padre Miguel como Presidente de la Asamblea General de la ONU, usted y su esposa Georgia leyeron y comentaron diferentes redacciones de su discurso de apertura. Usted fue el principal asesor de Miguel en materia de derecho internacional, aportando valiosas ideas sobre el conflicto palestino-israelí, la llamada "responsabilidad de proteger" -la nueva jerga para enmascarar la vieja práctica de las guerras de agresión- y la muy necesaria reforma de las Naciones Unidas.
Usted no sólo revisó y asesoró durante la redacción de la ambiciosa Propuesta para Reinventar las Naciones Unidas de Miguel, sino que escribió el Prólogo y hasta involucró a su hijo Thomas en el proceso, logrando que comentara los aspectos legales relacionados con la creación de un Tribunal Internacional sobre Justicia Climática y Protección del Medio Ambiente y la codificación del derecho ambiental internacional.
Cuando Daniel envió al Padre Miguel en un intento de prevenir la inminente agresión de Estados Unidos y la OTAN contra Libia, ustedes se reunieron y elaboraron estrategias para introducir la ética y el Estado de Derecho en la ecuación. Y se escribieron y llamaron entre sí para dar aportes y apoyo moral en sus esfuerzos individuales de diplomacia ciudadana en Vietnam, Siria, Irán e Irak.
A lo largo de cuatro décadas nunca dejó de visitar Nicaragua. En 2012, la UNAN-Managua se te otorgó un Doctorado Honoris Causa en Humanidades en reconocimiento a tu vida de servicio a los más vulnerables y en defensa de los Derechos Humanos en todo el mundo. Pero tu relación con los estudiantes también incluyó diálogos en pequeños grupos en la casa del Padre Miguel.
Durante tu última visita a Nicaragua, en 2014, te acompañaron tu nieta Taylor, tu nuera Cheryl y otros familiares. Fue un encuentro alegre y reparador, lleno de amor y admiración entre dos familias. Lo que resalta a mi memoria fue nuestra visita a los alfareros en San Juan de Oriente; largas conversaciones y la exploración en Selva Negra y, como siempre, se incluyó una visita a Los Pipitos. Recuerdo nuestro gran deleite al ver a una hermosa niña con sus trenzas y su traje folclórico bailar "El Solar de Monimbó".
Cómo radiaba cuando la aplaudíamos al final. Cómo le devolvimos la sonrisa, disfrutando todos de su éxito. Nuestra última noche, celebramos una misa en el rancho del Padre para recordar a su hijo Tom y a nuestra amiga Bárbara, quienes fallecieron el año anterior. Los lazos forjados en esa visita continúan.
Ramsey, yo tuve la suerte de verle en su apartamento de Nueva York en varias ocasiones desde entonces, incluso en la tormenta de nieve de 2018. Hablamos del movimiento por los derechos civiles, vimos un documental sobre Vincent Van Gogh y comimos perritos calientes y un helado.
Ramsey, eres parte de nosotros y, por ello, somos mejores.
Vaya con Dios mi amigo.
Sofía