Oda a Oquist
En honor al hermano revolucionario Paul Oquist
Cuando apareciste entre nosotros, te reconocimos de inmediato,
tu piel blanca y tu acento marcado
nunca fueron un impedimento para sentirte cerca.
Naciste como todos, sin decidir el dónde y el cuándo,
así que fuiste producto del tiempo y el espacio, hijo dilecto de las nubes,
de pensamiento soñador y estoico como los astros, que son y siguen siendo.
Aunque no decidiste donde nacer, si pudiste decidir donde germinar tus frutos
y ahí nos encontramos todos, en esta república de amores,
y desde ahí hasta hoy, que tu flor se encendió en el cielo, sigues con nosotros,
entre cátedra y platica, entre almíbar y pinol, entre fe y revolución.
Tu voz fue nuestra voz,
cuando por principio de indecencia, de injerencia,
los imperios nos la negaron, nos querían mudos y no pudieron.
Los supremacistas tuvieron que escuchar tu voz, nuestra voz,
sin entender que tu dialéctica era la mística del indio, sabio como vos.
Nos legaste tus palabras y tus actos,
respondiendo al enemigo con la más sublime firmeza.
Cuando quisieron apagar nuestras voces,
tu voz, tu presencia retumbó en los oídos del mundo,
cual portentoso rugido de volcán de La cordillera de los Maribios,
de tu amada patria, la que no te vio nacer,
pero en la que decidiste vivir y ella, con amor maternal, te arropo entre los suyos.
Jeremy Cerna
14.04.2021 (Berlín, Alemania)