Stephen Sefton, Tortilla con Sal, 26 de febrero 2022

Discúlpas a John Heartfield
“Quien lee los medios burgueses se vuelve sordo y ciego"
Hay tres sentidos principales en los que prácticamente ningún reportaje sobre los asuntos internacionales por los medios de comunicación y las ONGs occidentales jamás es verdad en relación al país que es el aparente objeto de su informe. En primer lugar, los reportajes son casi siempre tan selectivos y tendenciosos que son, en efecto, un relato falso de algún lugar ficticio apenas reconocible como el país en cuestión. En segundo lugar, cualquier informe concreto está siempre y principalmente destinado a servir a la falsa narrativa mucho más amplia que afirma la superioridad y la benevolencia del Occidente. En tercer lugar, los informes dependen generalmente de algún u otro gran engaño global que brinde una falsa verosimilitud a otras falsedades menores, más detalladas.
En el caso de Ucrania, el engaño masivo ha sido lo de ignorar el apoyo de los gobiernos de los países de la OTAN a un régimen fascista subordinado a los seguidores del nazismo que ha atacado a sus propios ciudadanos ucranianos desde 2014 con un saldo de alrededor de 14.000 muertos, decenas de miles de heridos y cientos de miles de personas desplazadas. Esos mismos gobiernos de los países de la OTAN destruyeron Libia y casi destruyeron Siria, acusando falsamente a los líderes de esos países de "matar a su propio pueblo". En América Latina, la gran mentira es que Cuba, Nicaragua y Venezuela son dictaduras brutales e incompetentes, cuando en realidad sus políticas centradas en el pueblo avergüenzan la desesperada realidad social que prevalece en los países aliados de Estados Unidos como Colombia, Guatemala, Haití u Honduras.
Esta realidad es evidente para cualquiera que intente reportar fielmente desde cualquiera de los países señalados como enemigos por las élites gobernantes de Norteamérica y Europa, por los respectivos líderes gubernamentales que éstas controlan, y también por el aparato occidental de guerra psicológica de medios de comunicación y las ONG. Estos medios de comunicación y las ONG occidentales engañan sistemáticamente a sus poblaciones sobre los asuntos internacionales basándose en tres supuestos fundamentales:
- Los países norteamericanos y europeos operan en base a los principios morales elevados
- El mundo mayoritario son afortunados beneficiarios de las buenas intenciones de Occidente
- Los gobiernos opuestos a Occidente son malos y merecen ser castigados
Así, los reportajes publicados en los medios de guerra psicológica de los países de la OTAN, como el New York Times, The Guardian, El País, Le Monde, Deutsche Welle, France 24, la BBC, la CNN, etc., apenas tienen nada que ver con la región o el país sobre el que fingen informar. Su función es desinformar a las poblaciones occidentales sobre los acontecimientos mundiales, criminalizando a los gobiernos extranjeros para consolidar el apoyo político a los crímenes norteamericanos y europeos contra el mundo mayoritario. A nivel nacional, su función es suprimir cualquier rastro de disidencia popular que amenace el poder y el control de las élites gobernantes occidentales. Desde al menos la guerra de Irak, esta relación inversa ha sido muy clara. En el extranjero, el poder occidental está en declive: en casa, la represión económica y política aumenta.
Mientras que los acontecimientos en Ucrania y otros lugares dominan actualmente las noticias mundiales, continúa la agresión occidental de larga data contra países más pequeños como, en América Latina, Cuba, Nicaragua y Venezuela. La típica cobertura reciente de esa agresión en el caso de Nicaragua demuestra cómo la negación de la integridad informativa básica hace que los medios de comunicación occidentales y los relatos de las ONG sobre asuntos exteriores sean prácticamente sin valor.
El gobierno sandinista de Nicaragua ha sido objeto de constante y exhaustivo ataque por parte de los medios de comunicación y las ONG occidentales desde que tomó posesión en enero de 2007. Su presidente, Daniel Ortega, ha ganado una elección tras otra con mayorías masivas. Antes de 2018 Nicaragua destacaba en la región por sus logros en la reducción de la pobreza, su crecimiento económico y su estabilidad política y social. Al no poder ganar el poder con el apoyo popular a través de las elecciones, la oposición financiada por Estados Unidos y la UE promovió un intento fallido de golpe de Estado en 2018, durante el cual militantes de la oposición y matones con armas de fuego quemaron edificios públicos, empresas y casas particulares e incluso centros de educación infantil.
Mataron a más de 20 policías e hirieron a 400 oficiales policiales. Instalaron barricadas que utilizaron como bases de operaciones para aterrorizar a la población local, extorsionando dinero, registrando a las personas y robando sus efectos personales, agrediendo a los simpatizantes del gobierno, abusando de las mujeres y las niñas. Los responsables de organizar aquel violento intento de golpe de Estado fallido intentaron repetirlo en torno a las elecciones del año pasado. Antes de que pudieran hacerlo, fueron detenidos y procesados. Al igual que en Ucrania y Siria, entre otros muchos ejemplos, la información sobre esta realidad por parte de los medios de comunicación, las ONG y las instituciones occidentales invirtió lo sucedido, presentando a los criminales traidores de la oposición nicaragüense como inocentes y pacíficos, mientras presentaba al gobierno nicaragüense como brutal e ilegítimo.
Esa inversión de la realidad ha facilitado todo tipo de reportes falsos de los acontecimientos posteriores. Así, por ejemplo, recientemente el New York Times ha informado del cierre por parte de las autoridades nicaragüenses de seis universidades privadas por no cumplir los requisitos reglamentarios como si el gobierno estuviera cerrando todo el sector universitario privado del país. El NYT omite que en Nicaragua hay más de 50 universidades, la gran mayoría privadas, y que las autoridades crearon inmediatamente tres universidades públicas para garantizar una educación universitaria de calidad a los estudiantes afectados, con aranceles universitarios más bajos y con más becas. Asimismo, el NYT informa de que cientos de miles de nicaragüenses viven ahora en Costa Rica sin explicar que esto es así desde hace décadas y no es un fenómeno migratorio reciente.
Prácticamente todos los medios de comunicación occidentales que informan sobre Nicaragua practican este tipo de engaño sistemático, basándose exclusivamente en los abundantes medios de comunicación de la oposición nicaragüense, casi todos ellos financiados directa o indirectamente por Estados Unidos y sus gobiernos aliados. El más notorio de estos medios es Confidencial, que a pesar de recibir financiación del gobierno de Estados Unidos se describe casi siempre como si fuera independiente. Las ONG e instituciones norteamericanas y europeas colaboran en estas informaciones de mala fe, reforzando el engañoso consenso occidental, especialmente en torno a los temas relacionados con los derechos humanos.
Por ejemplo, las personas interesadas en cuestiones medioambientales o de los pueblos indígenas acudirán a los sitios web de ONGs como el Instituto Oakland o Mongabay para obtener informes fiables. Ambas organizaciones reciben grandes donaciones de fundaciones corporativas. El Instituto Oakland ha sido financiado por la Fundación Howard Buffet específicamente para informar sobre Nicaragua. Mongabay, aunque no tiene ánimo de lucro, es una empresa cuyo presidente y director ejecutivo cobra 234.000 dólares anuales. Los ingresos de Mongabay superaron los 4 millones de dólares en 2020, bajando a 2,4 millones al año siguiente. Mongabay ha recibido numerosas donaciones de más de 100.000 dólares de organismos como la Fundación de la Familia Walton (Walmart), la Fundación Ford y el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD), por ejemplo.
La información difundido por estas ONG sobre Nicaragua es sistemáticamente deshonesta. Nicaragua tiene el sistema de autonomía de los pueblos indígenas más innovador y avanzado de todo el mundo. Distorsionando esta realidad, el Instituto Oakland ha afirmado falsamente que la cría de ganado para la exportación de carne de res era la causa de los conflictos mortales en las tierras de los pueblos indígenas. Asimismo, Mongabay ha afirmado que la política gubernamental en Nicaragua incita a la invasión de las tierras de los pueblos indígenas, a pesar de que los propios líderes electos de los pueblos indígenas contradicen esa falsedad. Este tipo de información falsa por parte de los medios de comunicación y las ONGs alimenta a las instituciones controladas por Estados Unidos y sus aliados, como la Organización de Estados Americanos o los organismos de derechos humanos de la ONU, haciendo que los informes de estas influyentes instituciones carezcan completamente de valor.
Escritores como Cory Morningstar y Whitney Webb han explicado con detalle la razón subyacente de esta legitimación sistemática de la falsedad por parte de las instituciones internacionales, los medios de comunicación y las ONGs controladas por Occidente.La implacable ofensiva de guerra psicológica socava a los gobiernos nacionales, promoviendo la agenda social y medioambiental depredadora impulsada por las corporaciones y dirigida a privatizar la propia naturaleza. Los medios de comunicación, las ONG y las instituciones occidentales proclaman la transparencia y la responsabilidad, pero eso también es una despreciable mentira cínica. Cualquiera que desafíe el falso consenso es atacado o suprimido.
Las ONGs corporativas como Mongabay o las principales instituciones como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos nunca contestan públicamente a las personas y organizaciones que las cuestionan de una manera bien informada y fundamentada. En parte, este claro fallo ético se debe al miedo a que se exponga su falsedad y mala fe, pero a ello se une una determinación profundamente antidemocrática de impedir que un público más amplio tenga la oportunidad de formarse su propia opinión basándose en información de amplia procedencia. La prueba de buena fe para cualquier información es si la fuente es honesto al declarar su propio sesgo e intereses y, al menos, reconoce las fuentes de información en desacuerdo con sus argumentos. La enorme mayoría de las fuentes occidentales que reportan sobre asuntos internacionales nunca pasan esa prueba así que se reducen a meros instrumentos de guerra psicológica.