Moisés Absalón Pastora, Detalles del Momento, 29 de abril 2018
Qué de malo tiene ser bombero, apagan incendios, salvan vidas; qué de malo tiene ser guardián de una playa, si rescatas personas de las aguas; qué de malo tiene ser concejero matrimonial, sí salvas hogares; que de malo tiene si eres cristiano, si ganas una vivencia más espiritual en tu ser; qué de malo tiene ser pacificador; si con ello tratas de calmar las tempestades qué por la ira, el odio y el resentimiento convulsionan todo a nuestro alrededor.
En estos últimos días, que han parecido años, que han pasado a cuanta gota y a la velocidad de una tortuga, el tenso ambiente lo hemos podido cortar con una Gillette y será muy difícil que logremos alcanzar, por lo menos a mediano plazo, la atmósfera común que nos permita respirar la madurez ideal para tener una visión fría de los acontecimientos, que ojalá nunca hubieran pasado, pero están ahí, encostrados en el corazón que nos palpita dolor y llanto.
Todos sabemos que Nicaragua ya no será nunca igual porque los trágicos sucesos son una cicatriz horrible en el alma de la nación que nos dejó un hueco enorme en el ser; Todos sabemos que hay sentimientos legítimos que demandan justicia porque independientemente de las causas las reacciones fueron sobre dimensionadas y no hay duda que eso empuja a una profunda revisión de lo que hay por hacer.
En los últimos días las marchas multitudinarias han sido la característica de nuestra capital, otras expresiones han sido la de estudiantes y pobladores concentrándose por las noches en la Rotonda Jean Paul Genie para hacer del lugar un monumento recordatorio de los caídos, mientras por las calles, centros comerciales, por donde sea, los rostros lucen tensos, agotados, inciertos y con interrogantes marcadas tratando de descifrar hacia dónde vamos, hacia donde nos conducimos ahora.
Se me han acercado algunos y otros me han conminado, seguramente por mi condición de figura pública, a expresar criterios sobre mi posición con respecto a los hechos y hay quienes me han explorado con tonos agresivos, arrinconándome para que mi respuesta sea la que ellos quieren oír cuando lo que plantean son reacciones que proclaman el odio y el caos para solucionar un problema que precisamente nació de la intolerancia, por la falta de respeto del uno por el otro, porque se nos salió el indio rebelde, que por no haber aprendido a domarlo, nos tiene, a tan solo cuatro años del bicentenario de nuestra independencia, en la misma refriega que nos ha identificado desde que fundamos nuestra nación y le pusimos por nombre Nicaragua.
Algunas de estas personas, que saben que soy un liberal que está en la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, encabezada por el FSLN, desde la más grande red social que existe, Facebook, me han dicho improperios, me han mencionado la madre y me han amenazado de muerte, lo que al final en mi vida no es nuevo, pero no deja de representar una carga emocional que al final me es llevadera porque no soy el único, pues la llamada red social es un una carnicería donde la intransigencia destaza la dignidad humana de cualquiera si el pensamiento no coincide con el del otro.
Traigo a colación este asunto de mi opinión, para lo que pueda valer mi opinión, porque me la piden con una pistola en la mano y con epítetos de cualquier naturaleza en una red qué, de social no tiene nada, pero sí mucho de un tóxico ofensivo que me ha llevado a depurar incluso a amigos queridos que no me imaginé nunca el concentrado de odio que llevaban dentro y no los bloquee porque piensen diferente a mí sino por su inmensa capacidad de intolerancia hacia todos.
He leído publicaciones de gente que se llama cristiana llamando a la venganza, al linchamiento y al caos como si ello representara la solución a la tragedia recientemente vivida; he leído ha católicos contra evangélicos lacerándose y disputándose los despojos de Cristo; He leído comentarios de un alto jerarca de la Iglesia Católica torpedeando el diálogo desde el prisma de un discurso político como candidateándose presidenciablemente y casi, casi llamando a un baño de sangre; He visto a gente que antes se ufanaba de ser el paradigma de la tolerancia llamando, desde la profundidad de la bilis, a la tierra arrasada, a la santificación del ojo por ojo y del diente por diente.
Muchas de estas personas afirman, que a 11 días del inicio de la tragedia aquí no ha pasado nada, que todo sigue igual y eso no es cierto porque en esta Nicaragua en la que todo cambió y por la que debo ser pragmático, frío y objetivo, las reformas al INSS, que nunca debieron aplicarse unilateralmente, fueron derogadas; el presidente de la república hizo propio inmediatamente el diálogo nacional propuesto por la empresa privada y la iglesia católica que será la garante y que dio un mes para conocer de avances significativos a fin de determinar, frente a la nación si las voluntades son sinceras ; La Fiscalía o Ministerio Público anunció una investigación de los hechos en la que se llama a todo nicaragüense que tenga pruebas de los hechores de las muertes, de las quemas de instituciones públicas y privadas y de los saqueos, a que las aporten para investigar, detener, enjuiciar y castigar a quien deba que pagar por los crímenes; La Asamblea Nacional anunció la conformación de la Comisión de la Verdad para determinar qué realmente pasó y cómo los acontecimientos se salieron de control y todo por la gran presión nacional que desde la calle y muy legítima por cierto, llama al diálogo y proclama la paz aterrorizada por estas recientes imágenes que creíamos nunca más volveríamos a vivir y que dañaron muy gravemente al país internacionalmente hablando.
Para todos esos que me demandan mi posición, repito para lo que pueda valer, les diré claramente que la mía, hoy más que nunca, es la de pacificador. Es la de hacer, lo que tenga que hacer, para ambientar el diálogo como único camino para dirimir nuestras diferencias, para que toda controversia, a fin de que nunca más nos lleven a derramar sangre de nicaragüenses se resuelva, como siempre debió haber sido en una mesa de conversación donde viéndonos a los ojos y no tirándonos misiles desde lejos comprendamos que Nicaragua es única y que no tiene copia y que de continuar así la perderemos.
Hay quienes apuestan irracionalmente al caos y llenos de ira te plantean continuar en lo mismo por lo cual hoy estamos todos de luto y te lo dicen porque se sienten valientes, porque creen que el golpe y el insulto es el símbolo de su hombría y que con ello están demostrando que abajo tienen lo que las gallinas ponen, aunque arriba no tengan los sesos que son los que realmente faltan. No se trata de seguirnos matando; no se trata de buscar más culpables porque todos lo somos; no se trata de predicar desde el ropaje de una sotana la paz llamando a la guerra como lo hace un dirigente eclesial que quiere imponerse o anular la jerárquica investidura cardenalicia del Arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes, al frente de la mediación en el diálogo, se trata de hallar respuestas, se trata de aterrizar al país en la pista de una reconciliación efectiva donde toda división, odios y descalificaciones por pecados políticos o ideológicos, sean superados, se trata de darnos una oportunidad nacida desde las entrañas de nuestras diferencias.
Aquí muchas cosas se dicen y la más absurda de todas es demandar la inmediata salida del gobierno. No saben lo que dicen porque eso que les sale de la boca al labio, como llamaradas de fuego, es retroceder al país a la edad de las piedras, es sembrar la semilla maldita de los frutos podridos porque sería un precedente por el cual, yéndose contra la constitución, legitimaría que en el futuro y por cualquier razón, la salida del poder de cualquier presidente o gobierno, por el solo hecho de que me cayó mal o tomó una decisión, que equivocada o no, trajo consecuencias, que manipuladas por adversarios políticos, que escondidos tras bambalinas, nos llevaron el caos o la anarquía que es de la que precisamente nos estamos ocupando ahora.
Sí, repito, estos hechos son dolorosos, trágicos y lamentables y no hay duda que la gota que rebalsó el barril fueron las unilaterales reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social que dejó de ser el pecado original y de las que se desprendieron otras demandas sobre las cuales altos personeros del Frente Sandinista de Liberación Nacional han dicho autocríticamente que deben ser examinadas desde adentro de su partido y de su gobierno para que sean corregidas a fin de propiciar una acuerdo efectivo que reubique al país en la senda de la estabilidad para crear las condiciones que nos permitas recomponer los hilos dañados de una auténtica reconciliación.
Hasta antes de estos acontecimientos habían pasado 10 años en lo que se crearon condiciones por las cuales el país era uno de los más seguros del continente; Se habían creado modelos, hasta constitucionalmente elevados, entre el gobierno, los empresarios y los trabajadores para combatir la pobreza y desarrollar económicamente el país. Como nunca antes se habían logrado se integró la costa pacífica con el atlántico o el atlántico con el pacífico. Se construyeron miles de kilómetros en carreteras del primer mundo. Se abrieron caminos de penetración a las comunidades más lejanas inimaginables. Se construyeron Hospitales de referencia nacional, y departamentales, escuelas, centros de salud; el desarrollo turístico y hotelero fue un boom; el rediseño de Mangua, la construcción de pasos a desnivel los edificios de oficinas, de centros comerciales, de restaurantes; el apoyo para los emprendedores; la comunicación y la electrificación en el 95% del territorio nacional; la infraestructura deportiva que el país tiene hoy empezando por el gran Estadio Nacional Denis Martínez; La voluntad de mantener vigentes tantos programa de rango social en muchas modalidades y tantas cosas que no pararía de mencionar, que han sido logros de este gobierno, obviamente resultaron ser un mal ejemplo para poderosos intereses políticos que han estado cobardemente ocultos pero visiblemente expuestos en estas protestas que tuvieron un solo objetivo el derrocamiento de Daniel Ortega.
En algún momento todos vamos a saber qué fue lo que realmente pasó. Hay que recordar que entre cielo y tierra no hay nada oculto y que las paredes hablan y que en la medida que la verdad empiece a aflorar la misma conciencia de aquellos que fueron parte de todo esto los empujará a sincerarse para reconocer que todo estaba planificado, que una gran mano pachona financió desde una estrategia bien planificada, con el auxilio de algunos medios y periodistas, el desenlace fatal de los acontecimientos ante la incapacidad del oposicionismo criollo por hacer volar en pedazos el avance que en Nicaragua, a pesar de los errores gubernamentales, se había logrado.
Lo anterior sin embargo será para después. Hoy las circunstancias empujan a que cada uno de nosotros tomemos una decisión sobre qué hacer y cómo hacerlo. Yo en lo personal me visto de blanco y asumo cristianamente un papel pacificador para encontrar lo más rápidamente posible una salida al conflicto desde las mesas del diálogo nacional desde el que llamó a ser nicaragüenses y no figurines, a ser patriotas y no candidatos, a ser puentes, a ser sumas, a ser factores de multiplicación porque la nación nos demanda a ser portadores de paz y de amor.
POR NICARAGUA CUESTE LO QUE CUESTE ASÍ PENSAMOS EN EL MOMENTO.