Los intectuales con atributos

Submitted bytortilla onJue, 09/08/2018 - 08:39

Santiago Molina, 8 de agosto 2018

El título de mi artículo envía a la monumental obra del escritor austriaco Robert Musil (1880-1942), El hombre sin atributos. Para Musil, el hombre sin atributos (o bien, puede decirse, el hombre sin cualidades) significaría aquel individuo que vive su época sin ansiar ninguna riqueza, hombre de pensamiento y de análisis: su contrapartida sería el hombre de acción, representado por el intelectual profuso en premios tanto como el  comerciante  exitoso. Musil retrata de esta manera  su época: los últimos años del imperio austro-húngaro, que el autor llama irónicamente con el término Kakania, “que fue precisamente eso el Estado que se limitaba a seguir igual, donde se disfrutaba de una libertad negativa. Allí  se fantaseaba sobre lo no realizado”.

La lección de Musil puede servirnos para comprender también nuestra época contemporánea, pues parece ser dominada por los hombres con atributos, intelectuales que enriquecen su “punto de vista” con los propios principios del sistema que critican, incluso, parece  que hemos retornado a la noción desarrollada por Gramsci, que definía a  los intelectuales como “los empleados del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político”.

Pareciera que en algún momento de la Historia la "intelligentsia"  perdió la brújula, como si su conciencia política se hubiera  desgatado, como si la fuerza de un verdadero humanismo se hubiera también agotado. Volvamos a Musil: Ulrich, el personaje de la novela,  lee  un titular de periódico donde se hace referencia a un caballo,  este último es llamado “un genial caballo de carrera”; Ulrich se sorprende del atributo “genial”, y piensa que un intelectual puede ser superado desde ahora en adelante por un caballo de carreras,  que el resto ya son conceptos anticuados para definir al hombre.  Por consiguiente,  decide que un hombre sin atributos es también un arma para combatir la proliferación  de tanto desvarío conceptual. Ni más ni menos es lo que hoy está aconteciendo, todo lo que un medio informativo dice, es una verdad  genial y no merece ser discutida.  

La opinión de algunos “intelectuales de izquierda” responde a esta lógica. Los medios de derecha se han tragado a los “intelectuales de izquierda”, algo así como el cuadro de Goya, Saturno devorando a sus hijos. Nicaragua ha sido blanco de ataques inmerecidos, el dirigente  socialista español Pablo Iglesias dijo sobre nosotros  frases fuera de foco: alguien que  se construye una casa de un millón de euros, debería callar. Con ese dinero se hubiera podido (ya que se trata del partido “Podemos”) ayudar a miles de familias que se amontonan en las calles de Madrid, a miles de personas  que en este momento están siendo  desalojadas de sus viviendas en toda España. Estoy seguro que el socialista de la cola de caballo  no conoce los planes del gobierno sandinista que otorga viviendas a los más desposeídos.  

Son  dirigentes socialistas muy al gusto del filósofo francés Jean Francois Revel, para quien criticar a los E.E.U.U es un oprobio. En otras palabras, se trata   de la “gauche caviar”, de la  izquierda  caviar devorando   una tradición de lucha  que ya  ni les interesa recordar, prefiriendo  ser espectáculo de los medios.  Cuánta presión histórica tuvo sobre sí Walter  Benjamin (el fascismo en su más pura expresión) y nunca dejó de escribir sobre la clase trabajadora, nunca defraudó a los vencidos de la Historia: en su maletín de viaje, huyendo de los nazis que tenían ocupada Francia, llevaba como su último tesoro Las tesis sobre la filosofía de la historia, que todos aquellos que hoy critican a Nicaragua estoy seguro ya olvidaron o no han leído: “Ni los muertos estarán seguros ante el enemigo si este gana. Y  ese enemigo que no ha cesado de ganar”.

Para que el enemigo cese de ganar hay que terminar con el poder de las clases dominantes, mientras tanto ningún muerto descansará en paz.  Si el imperialismo gana en Nicaragua es Latinoamérica y el mundo entero que pierde. Chomsky debería escuchar a Walter Benjamin antes de opinar  en contra de Nicaragua, él que tanto ha criticado  al imperio de su país hoy se muerde la cola, dibuja un círculo que es la misma linealidad de la Historia, el discurso de los vencedores que no cesado de vencer. No se le pide a los intelectuales “que transformen el mundo” sino que sepan reconocer el peligro que en determinado momento pueda correr la humanidad, porque –como dice también Benjamin- “lo decisivo es ubicar la imagen de las fuerzas portadoras de la muerte que encarnan una época”.  

En palabras de Foucault, otro pensador  a quien debemos  tantas revelaciones acerca de cómo el poder penetra el cuerpo y las instituciones,  dejó claramente expresado también este deber: “el papel del intelectual no es el de situarse un poco en avance o un poco al margen para decir la muda verdad de todos; es ante todo luchar contra las formas de poder allí donde éste es a la vez objeto y el instrumento; en el orden del saber, de la verdad, de la conciencia, del discurso.

Luchar contra el poder, luchar para hacerlo aparecer y golpearlo allí donde es más invisible y más insidioso”. Insidioso en su discurso, injerencista en su actuar ha sido el ataque del imperio contra Nicaragua. Nosotros hemos tenido intelectuales sin atributos que han sabido “ubicar las fuerzas portadoras de la muerte”, que han trascendido la historia  dejando para las futuras generaciones su testimonio, uno de éstos “avisadores del fuego”, como el autor de Las tesis llama  a esos   hombres capaces de ver de lejos las chispas primeras que anuncian  la catástrofe, y uno de éstos hombres  fue Fernando Gordillo, así lo dejó escrito para siempre en su poema:

ANDRÉS
 
                                      Andrés
                                      Tu piedra es mi esperanza.
                                      Ha pasado un siglo y ya lo ves,
                                      todo lo mismo.
                                      Pudo más el oro que la sangre.
                                      Toda tu tierra, Andrés.
                                      Desde los lagos al Coco,
                                      desde el Cabo hasta el San Juan.
                                      Es una sola lágrima donde la Patria llora
                                      Lanza la piedra.
                                      ¡Lánzala!
                                      A un siglo de distancia, el enemigo,
                                      es el mismo.


Sin embargo,  también tenemos intelectuales con atributos, que todavía no han podido desvincularse del phantasma del somocismo o de sus profundos lazos oligárquicos. No les importa que el enemigo sea el mismo. Su ego lo condicionan los medios de comunicación hegemónicos de Occidente. Habitan en la sonámbula Kakania donde la soberanía no tiene ningún valor, país del simulacro continuo que tanto despreciaba Robert Musil.