Cecilia Costa, en Redvolución, 2 de octubre 2018
http://www.redvolucion.net/2018/10/02/la-chispa-se-convierte-en-la-llam…

En el octubre de 1975, el FSLN por fin podía “anunciar al mundo, al enemigo, a los mediadores que pretendían seguir entregando a nuestro país a los explotadores, a las organizaciones de izquierda que habían expresado desconfianza hacia nuestra organización, que la unidad del sandinismo era la respuesta contundente para profundizar la agonía irreversible de la dictadura”.
Este 2 de octubre, 43 años después, queremos recordar al Comandante Guerrillero Carlos Núñez Téllez, arquitecto y padre de la nueva Constitución Política de Nicaragua, compartiendo con los lectores de Barricada el primer capítulo del libro Un pueblo en Armas, escrito por el Comandante Carlos Núñez y publicado por primera vez en el mayo de 1980.
El primer capítulo representa un texto extremadamente actual, donde se nos recuerda la importancia de la unidad para nuestra organización. También queda en evidencia que los círculos reaccionarios de derecha nunca quisieron luchar para la libertad de Nicaragua. Su plan era orquestar un golpe de estado para instaurar “un somocismo sin Somoza”. El FSLN denunció estas maniobras, dando a conocer estos siniestros planes a Nicaragua y al mundo. De esta forma, se evitó el golpe de estado y se preparó el terreno para la insurrección popular que conduciría, tres años más tarde al triunfo de la Revolución Popular Sandinista.
Por la unidad habían caído hacía meses o años nuestros hermanos Carlos Fonseca, Eduardo Contreras, Carlos Roberto Huembes, Pedro Arauz Palacios y Camilo Ortega. En los primeros meses de 1979 el ascenso revolucionario de las masas era un hecho incuestionable. La formación del Frente Patriótico Nacional, manifestaciones, acciones armadas, toma de iglesias, fogatas en todas partes, las tomas de Estelí y Jinotega, levantaba en pie de lucha a nuestro pueblo. Los esfuerzos del sandinismo por alcanzar la unidad comenzaban a concretarse llevando en su seno el reclamo legítimo de un pueblo que aspira a contar con una vanguardia político-militar única, capaz de conducirlo al derrocamiento de la dictadura. La mediación imperialista declinaba para encontrarse con un rotundo fracaso, las nuevas maniobras fraguadas por los círculos más reaccionarios vendrían a encontrarse con una respuesta enérgica de las masas, claramente dispuestas a no dejarse doblegar nunca más por ningún tipo de promesas o prebenda.
La Coordinación Sandinista Nacional del Frente Interno trabajaba febrilmente en la clandestinidad. Había que darle una sola dirección al movimiento de masas, al Movimiento Pueblo Unido, al mismo tiempo que se trabajaba en la formación del Frente Patriótico Nacional. En marzo de 1979, sus miembros, Clemente (Bayardo Arce), Roque (Carlos Núñez), Simón (Joaquín Cuadra) y Aurelio (William Ramírez), nos encontrábamos reunidos en la casa del doctor Gonzalo Ramírez (actual embajador en Venezuela). Cada uno llevaba una copia del documento acordado con las tendencias políticas del Frente Sandinista de Liberación Nacional; por un lado, la integración de la Dirección Nacional Conjunta y la colocación de todas las fuerzas bajo una única y reconocida conducción, y por el otro lado, el comunicado anunciando a nuestro pueblo y al mundo la unidad total del FSLN para enfrentar la batalla final contra el enemigo opresor de los nicaragüenses.
Aproximadamente tres años y cuatro meses habían pasado, desde aquel octubre de 1975 en que estalló la crisis política interna del FSLN. Ahora en esa reunión clandestina, en un marco político tremendamente difícil, con las masas lanzadas a las calles en acciones relámpago, ya bien fuera para atacar o protestar, por fin podríamos anunciar al mundo, al enemigo, a los mediadores que pretendían seguir entregando a nuestro país a los explotadores, a las organizaciones de izquierda que habían expresado desconfianza hacia nuestra organización, que la unidad del sandinismo era la respuesta contundente para profundizar la agonía irreversible de la dictadura, para oponernos a todos los desmanes y pretensiones de seguir entregando la Nación a los intereses extranjeros. Por fin se daban los pasos concretos, por fin la realidad se anteponía a cualquier idealismo y era en el momento preciso, en la coyuntura, en que todas las fuerzas se preparaban para lanzarse al asalto de la fortaleza enemiga.
¿Un grito de júbilo? ¿Una ráfaga de fuego por semejante logro? ¡Nada de eso! La clandestinidad no admite ese tipo de manifestaciones; quizás la mejor medida fue comprometernos a trabajar lo mejor posible para cristalizar en hecho práctico la unidad, porque la intensidad del trabajo obliga al militante revolucionario a ser frío en la apreciación de las cosas y a no permitirse debilidades. Después vinieron todas las tareas encaminadas a resaltar la elaboración de los acuerdos, los esfuerzos de los dirigentes y combatientes caídos en este logro histórico. Inmediatamente se procedió a informarle, a las milicias, las bases de la unidad y a difundir el pronunciamiento que anunciaba la reunificación del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Al fracaso de la mediación seguían las maniobras de la reacción, de los círculos del imperialismo, por encontrarle una salida a la situación de crisis aguda de la dictadura. El golpe de estado para implantar “un somocismo sin Somoza” comenzó a revolotear en la mente siniestra de aquellos que aún persistían en seguir detentan-do el poder. Para algunas organizaciones, esto del golpe de Estado, podría ser una fantasía; el sandinismo no lo tomó de esta manera, particularmente porque ya conocía en carne propia el contenido y los alcances de las maniobras imperialista y por lo mismo, se dispuso a tomar medidas inmediatas para preparar al pueblo.
La Coordinación Sandinista Nacional, al mismo tiempo que tomó en cuenta la importancia de difundir el contenido de la unidad, previó la posibilidad del golpe de Estado disponiéndose enteramente a levantar el país si tal plan se cumplía, pero de antemano, uno de sus primeros pasos fue denunciarlo públicamente ante nuestro pueblo. El FSLN estaba decidido a hacer fracasar esta maniobra y en tal sentido, la orientación interna era pasar a la ofensiva militar apenas se dieran las primeras señales del golpe, no obstante de antemano se haría el esfuerzo político de paralizarlo con la actividad de las masas (…)
Todas las organizaciones de masas creadas por el sandinismo comenzaron a movilizarse, el pueblo entero comenzó a hacerlo ante la mirada escéptica de otra organización que se negaba a aceptar que ciertamente en Nicaragua se estaba gestando un golpe de Estado para salirle al paso a las aspiraciones populares de derrocar revolucionariamente a la dictadura. Lo cierto fue que con toda la actividad política generada se logró enterrar las pretensiones golpistas y el Frente Sandinista de Liberación Nacional pudo seguir en su labor paciente de preparar todas las condiciones para la INSURRECCIÓN FINAL.
Introducción e investigación documental: Cecilia Costa
FUENTE. BARRICADA