Prolegómenos para la puesta en contexto del fallido golpe de estado en Nicaragua

Submitted bytortilla onLun, 03/12/2018 - 19:30

Prolegómenos para la puesta en contexto del fallido golpe de estado en Nicaragua (18 de abril-18 de julio 2018)

(Propuesta para el debate)

“Damas y caballeros, tengo que anunciarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad material nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte”
Texto del locutor ficticio del programa Orson Welles y el Mercury Theatre, en la Guerra de los Mundos de H. G. Wells (CBS octubre de 1938)


“…En el transcurso de la emisión [del programa radial] se habló de olas humanas de personas histéricas que corrían a tontas y locas por las calles, aunque, a diferencia de lo que se informaba durante el programa, nadie vio a ningún marciano… [Esto] no impidió [que] más de uno dijera a la policía y a la prensa haberlos visto…”
Leaming, B. Orson Welles


Miguel Ayerdis1
Docente/investigador
UNAN-Managua

Introducción

Las movilizaciones realizadas los días 13 y 19 de julio de 2018 por el partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en el poder, mostrando su músculo y fuerte respaldo popular al partido de gobierno, marca la derrota final del golpe de estado, ---según analistas políticos--- inscrito dentro de las recetas del politólogo estadounidense Gene Sharp (1928-2018). Todas las acciones políticas y sus expresiones de desestabilización realizadas por los actores intelectuales y materiales, antes y durante la puesta en marcha del golpe de estado, encajan a la perfección, como una pieza de tablero, dentro de la lógica propuesta en el manual de Sharp. Esta perspectiva analítica no debe desecharse al hacer un juicio o balance de este desgraciado acontecimiento político que enlutó a las familias nicaragüenses y abrió heridas que muchos creían curadas.

Dos aspectos importantes deben de considerarse en el análisis de la puesta en marcha de las acciones golpistas iniciadas en el crepúsculo del 18 abril de 2018. Ambas relacionadas con el contexto de la llegada al poder en 2007 del Comandante Daniel Ortega y la orientación de las políticas públicas del gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa. La primera, alude al proceso de la toma del poder del líder sandinista encabezando una coalición variopinta (Alianza Unida Nicaragua Triunfa), luego de tres intentos fallidos (1990, 1996, 2001), al alzarse con la victoria en las elecciones de noviembre de 2006. Este triunfo pone en agenda un reto expuesto por el candidato Ortega en los actos públicos durante la campaña electoral: “tener la oportunidad” de ejercer un gobierno en condiciones de paz, socialmente incluyente, con el fin de recuperar la autoestima colectiva del nicaragüense y enrumbarlo por caminos de progreso. Esta aspiración fue truncada en su primera experiencia de gobierno en la década de los ochenta, producto de la guerra y el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos (www.radiolaprimerísima.com; 24/10/2006).

El segundo aspecto, el recrudecimiento (exacerbamiento) de acusaciones y descalificaciones de ex militantes del FSLN, separados por voluntad propia en 1994, derivando en acciones políticas violentas, al concentrar sus ataques de manera personalista en la figura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Este último aspecto, debe de tener en cuenta el carácter pendular y oportunista de este grupo y su relación con la oligarquía tradicional nicaragüense, partidos políticos opositores, liberales y de otras tendencias, cuyo pico más alto se encuentra en la alianza con sectores conservadores del país, evidenciada durante el fallido golpe de estado de abril.

Un tercer indicador que no debe soslayarse, es la geopolítica. La historia de Nicaragua recoge sistemáticos conflictos con potencias extranjeras, cuyo único pecado ha sido el contar con recursos naturales de alto valor económico y sobre todo por su privilegiada posición geográfica en el istmo centroamericano. Los Estados Unidos, como potencia hegemónica en el continente americano, han visto siempre a Nicaragua como su patio trasero, con derecho a decidir en la vida interna del país, no aceptando regímenes independientes a su égida y cooptando o chantajeando a los sectores pudientes (oligarquía), para mantener su dominación (Borón, A., 2018 b).

Los gobiernos del Presidente Ortega (década de los 80 y 2007), se han caracterizado por una significativa autonomía y/o independencia en política exterior, generando malestar entre los gobernantes norteamericanos. Sin perder de vista los contextos, el análisis de la política internacional debe tener en cuenta la actitud vengativa del imperialismo norteamericano. El ejemplo de Sadam Husein y Kadaffi son emblemáticos –entre las situaciones extremas-- para la comprensión de la animadversión patológica contra Ortega, expresada en los líderes norteamericanos, de manera particular entre congresistas de ascendencia cubana (Ileana Ros- Lehtinen, Ted Cruz, Marco Rubio, entre otros) quienes no le perdonan su amistad con los hermanos Castro y la revolución cubana.

Los anteriores indicadores servirán de guía para la puesta en contexto del golpe de estado ejecutado en abril de 2018 por factores políticos y Organismos No Gubernamentales (ONG) --autollamados “sociedad civil”-- en contubernio con empresarios y sectores eclesiásticos. De igual manera, con este enfoque se busca dejar en evidencia la filosofía --nada oculta-- entre los golpistas, de “todo se vale” con tal de lograr sus objetivos políticos: la toma del poder. Sin esta última perspectiva, difícilmente se comprenderán las acciones de factura terrorista emprendidas por medio de las redes sociales, la información manipulada y operaciones realizadas contra la población, destruyendo instituciones públicas, privadas, cometiendo asesinatos, linchamientos y quema de personas, propias del estilo islamista.
FSLN y la Alianza Unida Nicaragua Triunfa: nueva oportunidad de gobernar

La presente exposición desarrollará los indicadores o variables expuestas arriba, teniendo como telón contextual e interpretativo, las recetas del “golpe de estado blando” y la estrategia política de “todo se vale” (filosofía golpista) para alcanzar los objetivos políticos. Comenzaré con el aspecto concerniente al reto del gobierno del Presidente Ortega en su segundo mandato en el poder: hacer un buen gobierno para todos, implícito en los discursos del líder sandinista.

A como se ha mencionado, el Comandante Ortega y el FSLN llega al poder en el año de 2007 encabezando una alianza (coalición) de partidos políticos denominada “Unida Nicaragua Triunfa”, conformada por un heterogéneo grupo de movimientos, partidos políticos y personalidades del mundo deportivo y cultural (Movimiento de Unidad Cristiana, Movimiento de Liberales en la Convergencia, Alianza Popular Conservadora, Movimiento de Conservadores Tradicionalistas, Arriba la República, Movimiento Democrático Resistencia Nicaragüense, Movimiento un Voto de Confianza, Movimiento de Evangélicos en la Convergencia, Movimiento Indígena de la Costa Caribe y el Movimiento de Acción Católica, Yatama; Alexis Argüello y Arturo Bone entre otros). Entre los puntos principales de su plataforma de gobierno, expuesto en los discursos de los líderes de la coalición durante la campaña electoral 2006, se hacía énfasis en la búsqueda de la paz y la reconciliación, condición necesaria para el logro del bien común.

Para este análisis, es pertinente mencionar las grandes expectativas creadas entre los sectores populares durante la campaña electoral de 2006 por la Alianza Unida Nicaragua Triunfa encabezada por el FSLN, quienes venían sufriendo con mayor fuerza, las políticas neoliberales de los tres últimos gobiernos: Conservador-liberal (Violeta Barrios de Chamorro, 1990-1996), liberales (Arnoldo Alemán 1997-2001; y Enrique Bolaño 2002-2006). Durante los años del gobierno plutócrata de Bolaños, la atmósfera política y social imperante en el país, llega a su punto más álgido: una inminente explosión social. Entre la mayoría de la población reinaba la desesperanza y frustración, ante la cada vez más asfixiante situación económica y social, sin visos de una pronta solución. Basta recordar la crisis energética que llevó al gobierno a la aplicación de fuertes racionamientos de energía eléctrica por períodos de hasta diez horas por día. Todo ello con el fin de no vulnerar las recetas económicas del Fondo Monetario Internacional en materia de gasto o inversión pública. Como es habitual en este sistema capitalista, el mercado es la prioridad y no los ciudadanos, menos aún si son pobres.

Los estudios y encuestas realizadas en los años previos a las elecciones de noviembre de 2006, reproducidas por los medios de comunicación, daban cuenta del desamparo y frustración que padecía la juventud nicaragüense que de manera abierta expresaban su deseo de emigrar y buscar nuevos horizontes fuera del país (Cuadra, E. y Zúñiga Gutiérrez L.; 20011, p.26; FIDEG, 9 de diciembre de 2006; El Nuevo Diario, 13 de julio 2017, p.1). Los niveles de violencia social, producto del desempleo y la falta de oportunidades, iban en ascenso. Con el fin de poner en perspectiva este contexto, es pertinente observar las estadísticas de denuncias de delitos y faltas (robos, asesinatos, homicidios y abigeato) tomados del registro de la Policía Nacional, en los últimos años de gobierno de los presidentes Alemán (2001) y Bolaños (2006) y después de esta última fecha (Gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa), para corroborar lo señalado, en cuanto a la crisis social imperante y los cambios suscitados con posterioridad (Ver Gráfico 1 y Tabla 1). La percepción de la población acerca de los niveles extremos de corrupción en la administración pública, desempleo, privatización de la educación y un notable deterioro en los servicio de salud pública, eran sufridas con estoicismo, sin que se suscitaran explosiones sociales como los ocurridos en Venezuela en 1989 o Argentina en 2001.
 

Fuente: Anuario 2015 de la Policía Nacional

Tabla 1. Número de denuncias / faltas reportadas en Nicaragua al final de los gobiernos de Alemán (2001), Bolaños (2006) y el primer y segundo período de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa (hasta 2015)

Fuente: Anuario 2015 de la Policía Nacional

El malestar social estaba presente en todos los hogares pobres de Nicaragua. Si no llegó a ser explosiva ---como se ha señalado--- se debió a la política “responsable” de la oposición sandinista sustentada en los acuerdos o “pactos”, como le llamaron en su momento, a los suscritos por el líder de la oposición, Comandante Ortega y el Presidente Alemán en 1998 y con el Presidente Bolaños en 2005; de igual manera, el acompañamiento en las firmas de tratados y/o acuerdos comerciales. Para sectores de la izquierda tradicional, estos acuerdos afectaron la imagen de izquierda del partido FSLN, al respaldar una serie de medidas económicas, claramente neoliberales, a cambio de cuotas de poder. La pregunta que surge bajo este enfoque es: ¿Hubiera el FSLN logrado la amplia alianza alcanzada con movimientos y partidos políticos heterogéneos e intereses disimiles en este contexto y optado al poder, alentando las protestas sociales con grandes posibilidades de tornarse violentas? La respuesta posiblemente sería no, porque la derecha y los sectores anti sandinistas internos y externos (incluyendo al gobierno de EEUU) fragmentada en ese momento, se hubieran unido y revitalizado el viejo discurso del miedo, presentando a esta agrupación política –-como lo venían haciendo en las elecciones anteriores--- como abanderada de la guerra y la violencia.

El pragmatismo supuesto o real dentro del liderazgo del Partido Sandinista por los acuerdos alcanzados con sectores de derecha y otras expresiones políticas y sociales, consideradas no progresistas, es un punto de desencuentro con versiones de la izquierda latinoamericana (Atilio Borón, 2018 a). Más allá de la interpretación oportunista que a ultranza pudieran interpretarse en las acciones políticas del partido sandinista con factores económicos y corporativos (cámaras empresariales y/o jerarquía católica) estas expresan una hábil estrategia de apertura de espacios políticos y sociales, en un contexto multipolar y de hegemonía neoliberal, creando las condiciones para la toma del poder, tal como ocurriría en 2007.

La negociación política y las alianzas como estrategia de lucha para la toma del poder, en el marco de los regímenes políticos capitalistas neoliberales latinoamericanos, son legítimos porque se dan dentro de las reglas del juego establecido y el FSLN lo ha sabido aprovechar. En este sentido, es válido hacer una relación comparativa con el PT (Partido de los Trabajadores) de Brasil, MAS (Movimiento al Socialismo) de Bolivia y la Revolución ciudadana de Correa en Ecuador, cuyas estrategias para la llegada al poder y/o las políticas de gobierno aplicadas durante el ejercicio del mismo, no significaron una ruptura completa con el neoliberalismo a lo interno de sus países (unos más otros menos), sopesando en estas estrategias, razones diversas de orden global (internacional), histórica, estructural y/o coyuntural para la puesta en marcha del modelo progresista o revolucionario de gobierno.

Ahora bien, la canción “Reconciliación” de la campaña del FSLN de 2006, reflejaba el deseo y la esperanza de cambio entre los sectores populares. La recepción de su mensaje, de paz, trabajo y reconciliación de sus estribillos repetidos de manera alterna, acompasados por un ritmo pegajoso atrapaba a muchas familias pobres, abrumadas por la situación social y económica que vivían. El ambiente electoral de ruidosas y entusiastas movilizaciones en los barrios, comarcas y localidades urbanas de todo el país y su correlato en las urnas el 6 de noviembre de 2006, cuyo escrutinio favorece a la alianza encabezada por el FSLN, es una perspectiva importante a tener en cuenta a la hora de hacer un recuento de las primeras medidas emprendidas por el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa (2007-2018).

El reto del gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa de 2007 y 2012 (FSLN, Yatama, Partido Liberal Nacionalista, Movimiento de Unidad Cristiana, Partido de Unión Demócrata Cristiana, Partido Alternativa por el Cambio, Partido de la Resistencia Nicaragüense, Partido Camino Cristiano Nicaragüense; Movimiento de Conservadores Tradicionalistas, Movimiento Arriba La República, Movimiento Democrático Resistencia Nicaragüense, Movimiento Evangélico en la Convergencia, Movimiento Indígena de la Costa Del Caribe y Movimiento de Acción Católica) era cumplir con las expectativas de los sectores populares, en su mayoría simpatizantes fieles al sandinismo y convencer a sectores medios de la sociedad que eran parte del proyecto, dentro de una concepción participativa integral de “un gobierno para todos” ´porque “el pueblo es Presidente”.

Al analizar el gobierno del FSLN en esta segunda etapa, las preguntas que debe guiarla es: ¿cómo hacer que los sectores populares empobrecidos, en poco tiempo sientan que su vida está mejorando, sabiendo que el país cuenta con una economía frágil, dependiente de los organismos financieros internacionales y de la ayuda externa para completar su presupuesto de gastos anuales? ¿Cómo hacer cambios significativos, dentro de una concepción revolucionaria, sabiendo que los márgenes económicos y políticos con que se disponen, son endebles y marginales? Es importante tener en cuenta los indicadores económicos al concluir el gobierno del Presidente Enrique Bolaños en 2006 (ver Gráfico 2; consultar informe del Banco Central de Nicaragua, 2005 y 2016) y los utilizados por muchos países para medir la pobreza (ingreso corriente per cápita, rezago educativo, acceso a la alimentación, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, acceso a los servicios básicos de la vivienda, calidad y espacios en la vivienda, y grado de cohesión social) y contrastarlos con los del gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa para tener una aproximación real de los avances o retrocesos en ambos períodos.

Fuente:https://datos.bancomundial.org/indicador/SI.POV.NAHC?locations=NI;https…

La puesta en marcha del programa de gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, reflejaba en su esencia un cambio significativo en la conducción política y social del país. Aunque en lo concerniente al aspecto financiero, comercial y productivo, mantiene cierta continuidad a la línea seguida por los gobiernos anteriores. Esta afirmación, evidente por los estrechos márgenes que se tiene en estos ámbitos, debe matizarse de manera sustantiva, al resaltar el esfuerzo del nuevo Ejecutivo, dirigido a la recuperación del protagonismo de sectores productivos, pequeños y medianos; cooperativas, asociativas, invisibilizados y marginados por las políticas económicas neoliberales de desregulación y los tratados de libre comercio. Sectores que representan una cuota importante para la generación de empleo y riqueza en el país (entre el 60 y 70% del PIB).

Como se señaló arriba, a la llegada de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa se le da continuidad a la política económica de los gobiernos anteriores al 2007, lo que significó la apertura de negociaciones y búsqueda de acuerdos o “alianzas” con grandes empresarios de capital nacional y extranjero. De igual manera con los que comenzaban a establecerse, receptivos a la exitosa campaña y estrategia de promoción impulsadas por la agencia “Pro Nicaragua”. Esfuerzo estratégico realista que abona a la estabilidad de país, estableciendo planes quinquenales de desarrollo humano e implementando reformas o cambios, necesarios para el bien de las mayorías. Acción criticada por la auto llamada izquierda nicaragüense (de dudosa credibilidad doctrinaria, si es que existe un consenso sobre tal aspecto) y versiones latinoamericanas, acusando al gobierno del Presidente Ortega de neoliberal y de “co-gobernar” con la cúpula empresarial.

Otro de los ataques de los opositores al partido FSLN y su líder, es la relación que mantuvo –y en cierta medida-- mantiene con algunos jerarcas de la iglesia católica, éticamente menos politizados y/o partidarizados. Este reproche o descalificación no es del todo exacto. El FSLN, partido hegemónico en la Alianza Unidad Nicaragua Triunfa, tiene relaciones de diversos grados con líderes de las diferentes denominaciones cristianas evangélicas del país, respetando sus espacios de acción dentro de una concepción de Alianza y de gobierno para todos. Ahora bien, debe reconocerse que así como el gremio empresarial aglutinado en el COSEP representa un poder fáctico, amamantado por los gobernantes anteriores (aunque su peso económico y generación de empleo no sea hegemónico), la iglesia católica también lo ha sido, no tanto por el respaldo de la mayoría de la población creyente, perteneciente a esta denominación (las iglesias evangélicas están creciendo de manera exponencial y la tendencia indica que en poco tiempo serán mayoría), sino por la influencia que tienen dentro de los sectores económicos (como los del COSEP) y la oligarquía tradicional, generando lobby y matrices de opinión por medio de sus áreas de influencia, nacional e internacional. Condición que la Alianza no ha dejado al margen en el juego político, aunque dándole prioridad a la atención estratégica de la feligresía católica en general, por la base social popular significativa con que cuenta el sandinismo, entre esta denominación.

La apertura de canales de comunicación fluida y los acuerdos con la cúpula eclesial, se sustentan en el programa de gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa de 2006. En este programa se planteaba como acción estatal, la reconciliación entre las familias y grupos sociales confrontados durante la década de los ochenta. La explicación que la respaldaba era que las heridas de la guerra de la década de los 80 aún no habían cicatrizado, siendo necesaria para alcanzar la paz y trabajar por el bien común. La polarización política era ---y aún lo es trágicamente--- una rémora para cualquier proyecto de nación, razón que impulsa al gobierno de la Alianza, desde sus inicios, abrir espacios de diálogos y participación con diversos sectores sociales, religiosos, políticos, económicos, no importando su filiación partidaria.

Debe recordarse que una de las primeras medidas tomadas por el gobierno en 2007 fue la conformación de la Comisión Nacional de Reconciliación presidida por el Cardenal Miguel Obando Bravo (1926-2018). Esta Comisión seguía la lógica de los acuerdos de paz de Esquipulas II de 1987 y Sapoa de 1988 –como se dijo arriba—pensando que la reconciliación aún no había concluido y hacía falta cumplir los compromisos con los desmovilizados e insertarlos a la vida productiva de la nación. En este sentido, es pertinente destacar que durante la campaña electoral de 2006 los sectores opositores al sandinismo, utilizaron los mismos argumentos de las campañas de 1990, 1996 y 2001, para influir en la decisión del electorado, infundiendo miedo de un posible retorno a la guerra y al bloqueo de la década de los 80, en el supuesto caso que el FSLN llegara al poder. Estas campañas del miedo, exacerbaban las contradicciones y apelaban a la violencia política, principalmente entre los grupos influenciados por liberales radicales, herederos del ideal somocista.

Ante este panorama político, es válido establecer algunos criterios que ayuden a la comprensión de las estrategias de gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa encabezada por el FSLN, poniendo en perspectiva su agenda revolucionaria. Es útil recordar el difícil contexto histórico internacional de la década de los 90 del siglo recién pasado, para los movimientos, partidos de izquierda y/o proyectos progresistas, en cuanto a hegemonía o correlación de fuerza en América Latina y el mundo. Correlación que desde la caída del muro de Berlín (1989) se encuentra a favor de la derecha, sectores reaccionarios del capital financiero y adláteres regionales o locales. La llegada al poder del Comandante Hugo Chávez en 1998, Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner en 2003, Evo Morales en 2006 y Rafael Correa en 2007, marca “un giro” en la región latinoamericana en cuanto al proyecto neoliberal, aunque como bien lo señala Emir Sader, el neoliberalismo es un modelo global que abarca no solo lo económico, sino lo social y cultural, de gran arraigo (hegemónico) entre las sociedades, requiriendo de importantes esfuerzos para superarlos (Sader, E., 2018).

En el caso del gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa --- en estudio--- el contexto señalado es un condicionante importante en los cambios a emprender. En este sentido, las características de la economía nicaragüense, pequeña, frágil y dependiente, hace que los márgenes de maniobra para el diseño de políticas públicas radicales sean menores. Pero es una oportunidad para su elaboración y formación porque se sabe el sujeto que las hace y quienes participan (Lindblum, Ch., 1991). Nicaragua no es Venezuela que cuenta con el rubro petróleo, permitiéndole al gobierno de este último, márgenes significativos de autonomía en el diseño de la política económica y social, soportando y resistiendo ---en alguna medida--- sanciones financieras y económicas de todo tipo.

La historia de América Latina y en particular la de Nicaragua, está cruzada de experiencias de gobiernos progresistas y/o revolucionarios de izquierda, derrocados por poderes fácticos, económicos, religiosos (burguesía oligárquica) en contubernio con factores políticos internos y externos (imperialismo norteamericano). El pecado original ha estado en el diseño y ejecución de las políticas públicas que toman en cuenta al individuo en su calidad de ciudadano (gobierno incluyente y no exclusivo), amenazando al sacrosanto mercado e intereses interconectados con los grupos hegemónicos locales. En este sentido, la condición estructural de la economía y la geopolítica, hace que el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, confeccione un diseño estratégico, prudente --- “polémico” para algunos--- en sus políticas públicas. Más que claudicación ante el neoliberalismo, representa una adaptación estratégica desde dentro del sistema, guiando las transformaciones, quizá no con la celeridad y profundidad soñada por analistas de orientación de izquierda, pero sí de gran incidencia en las formas de vida de amplios sectores sociales en condiciones de pobreza y/o precariedad.

En materia económica, las políticas de gobierno desarrollada por la Alianza Unida Nicaragua Triunfa desde el 2007, catalogada de pragmáticas por el sociólogo de izquierda Atilio Borón (2018ª) , mantiene la filosofía neoliberal que en gran medida siguieron los gobiernos anteriores: respeto a los tratados de libre comercio y acuerdos con organismos financieros internacionales; mantener los indicadores macroeconómicos establecidos por estos organismos en el marco de una economía capitalista globalizada. A partir de esta lógica se puede entender el llamado “cogobierno”: cúpula empresarial privada, gobierno, gremios de trabajadores, en estos últimos años.

Desde su nacimiento la alianza con el empresariado fue frágil, pero “necesaria para el desarrollo del país”, según el Presidente Ortega (ver entrevista Telesur, 24 de julio 2018), debido –entre otras razones--- a que el gobierno no era (ni es) afín al signo político de la cúpula empresarial representada por el COSEP. Los Presidentes anteriores al gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa (Barrios de Chamorro, Alemán y Bolaños), no necesitaron alianza con el empresariado, eran gobiernos de ellos (por consanguinidad familiar, afinidad política, intereses económica y amistad) y no veían peligro alguno de cambio de “reglas del juego” que afectara o hiciera peligrar sus intereses. Sin embargo, durante los gobiernos anteriores al 2007, la relación con los gremios de trabajadores fue tensa y discriminatoria, a tal punto que no existieron canales o espacios estables de diálogo para la discusión de las políticas económicas implementadas por estos tres gobiernos.

El gobierno de Arnoldo Alemán crea El CONAPLAN (Consejo Nacional de Planificación) en 1998, (Según arto. 150; numeral 13) llamado CONPES (Consejo Nacional de Planificación Económica y Social) en 2002 durante el gobierno de Enrique Bolaños, siendo una instancia de consulta o apoyo, con la finalidad de establecer un espacio institucional de participación de organizaciones empresariales, comunitarias, trabajadores y gobierno, en materia de diseño y seguimiento de políticas públicas. En el fondo esta instancia, además de responder a las presiones de organismos internacionales, velaba de manera prioritaria por los intereses de los empresarios. En noviembre de 2007 el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, reforma la ley que sustenta el CONPES e incluye a las recién creadas expresiones organizativas populares: los “Gabinetes del Poder Ciudadano”, ampliando con ello la participación sectorial, y evidenciando también el giro en políticas públicas del Ejecutivo, al darle protagonismo, --quizás no el deseado por algunos grupos políticos progresistas—pero significativo para los diferentes sectores populares.

Ahora bien, a partir de un criterio pragmático de “ganemos todos” el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua, alcanza acuerdos (alianza) con empresarios y gremios de trabajadores, lo cual le permite cierta estabilidad y consenso para la formulación de leyes y ejecución de proyectos que incidan en el desarrollo del país. El sustento programático de esta estrategia se basa en el principio del “bien común”, donde la lógica estatal, social y económica se supedita a un sistema integral de beneficio para todos (Rawls, J., 1979; también, López C., y Ruíz, C., 2000). Con sus aparentes costos políticos, --visto desde la izquierda “conservadora”-- esta alianza estuvo dirigida a “complacer” las demandas de los gremios empresariales del COSEP, quienes, ---como bien lo reconoció el Presidente Ortega en la entrevista con Telesur (24 de julio de 2018) --- tenían vía libre para la formulación y sanción de leyes para su beneficio. No hay duda que el partido FSLN tiene que hacerse una crítica y autocrítica sobre este tema, pensando en su base social, sus principios doctrinarios, históricos e ideológicamente vinculados a campesinos, gremios laborales, pequeños y medianos productores, empresarios, comerciantes y colectivos de cooperativas (López C., y Ruíz, C., 2000).

Frente a las pocas posibilidades de maniobra política y teniendo en su primer período de gobierno, una asamblea nacional desfavorable, en términos de votos para la aprobación de leyes, el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, mantiene su compromiso de cumplir con los acuerdos económicos y financieros heredados. A eso se le suma, el déficit presupuestario anual que arrastraban los gobiernos anteriores, dependientes de la ayuda y donaciones internacionales para completarlo y enfrentar los gastos básicos que demandaba la gestión estatal. Debe recordarse que Nicaragua fue incorporada a la iniciativa de los países pobres altamente endeudados (HIPC) impulsada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, lo que le permitió ser sujeto –desde mediados de la década del 90-- a la condonación de su deuda externa y las posibilidades de acceder a créditos preferenciales con organismos financieros internacionales (van Trotsenburg, A y MacArthur, A. 1999).

Teniendo en cuenta el anterior contexto y la herencia de una crisis energética profunda – como se ha señalado-- es que debe comprenderse la estrategia de “reingeniería” política puesta en marcha por el FSLN, a partir de los primeros meses de haber asumido el Ejecutivo en 2007, al adherirse al ALBA-TCP (Alianza Bolivariana de las América) en calidad de miembro pleno. Esta estrategia hizo que en poco tiempo comenzara a fluir la ayuda económica y material a Nicaragua por medio de este mecanismo de integración regional, permitiéndole al gobierno acabar los apagones y superar la crisis energética en pocos meses.

De igual manera, en el marco del Alba la cooperación e intercambio con Venezuela se intensifica, comenzando a impulsarse con firmeza y de manera sostenible, los programas sociales emblemáticos, destinados al cumplimiento de las demandas más sentidas de los sectores sociales empobrecidos del país. Debe recordarse que dos de los primeros programas implementados para la restitución de derechos fueron: “Operación Milagro” dirigido a los sectores empobrecidos, que por razones económicas no podían acceder a una cirugía oftalmológica para mejorar la calidad de su vista y “Yo sí puedo”, campaña de alfabetización que buscaba revertir el proceso negativo de cobertura educativa en el país de los anteriores 16 años de gobierno. Programas como estos y los que luego aparecerán en el transcurso de los once años de gobierno (Hambre cero, usura cero, plan techo...etc.) es donde se encuentra la matriz revolucionaria o progresista del gobierno del FSLN, distanciándose en gran medida del proyecto neoliberal de los anteriores gobiernos, carente de programas sociales integrales.

Como premisa de trabajo puede identificarse dos tipos de estrategias de políticas públicas, ambas complementarias, puesta en marcha de manera paralela por el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa. La primera --mencionada con anterioridad—le da prioridad en materia de diseño de políticas económicas y financieras, a la cúpula empresarial. La otra, reestructura y fortalece las alianzas con los gremios, pequeños, medianos productores agrícolas y comerciantes; empresarios independientes, medianos y grandes (no afiliados en las cámaras del COSEP), artesanos, cooperativas y asociaciones comunales, por medio de las nuevas estructuras estatales (gabinetes sectoriales, etc.) y otras expresiones o iniciativas organizativas locales, territoriales, étnicas o religiosas. La perspectiva de desarrollo más que de crecimiento económico, es un aspecto sobre el que hará énfasis el Presidente Ortega y los funcionarios del estado en esta estrategia de gobierno a dos niveles (élite y popular), implicando cambios, tal vez no acelerados ni traumáticos, pero sostenibles.

El diseño de las políticas públicas de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa dirigida a los sectores populares se expresa en una serie de programas sociales, económicos y culturales que mejoran sus capacidades de trabajo y promueve iniciativas individuales y familiares. Más de dos docenas de programas se contabilizan (Plan techo, Todos con voz, operación milagro, bono productivo alimentario, financiamiento agropecuario, bono solidario, entrega de títulos de propiedad, viviendas nuevas y mejoradas, paquetes alimentarios solidarios, calles pavimentadas o adoquinadas, Usura cero, expansión de las redes de comunicación, saneamiento de agua, electrificación, mejora de carreteras y caminos, salud, atención a familias, casas maternas, Centros de desarrollo infantil, entre otros) dirigidos a la incorporación de amplios sectores a la dinámica del desarrollo social y económico del país, restituyendo derechos y ciudadanía plena, en barrios y comunidades rurales.

La puesta en marcha de manera gradual de programas e iniciativas sociales, unos más otros menos exitosos, han incidido en la organización de la población en sus territorios, recobrando la autoestima colectiva y la participación ciudadana. Se puede discutir el carácter inducido o cooptado de estos programas sociales y la forma de organización en cada uno de sus pueblos, comunidades o barrios, no así el beneficio que han llevado estos programas a amplios sectores sociales, quienes por más de una década languidecieron en el abandono, sin esperanza de mejora material, durante los gobiernos liberales de la derecha oligárquica.

De lo anterior, la bizantina acusación de la oposición política, incluyendo a los auto llamados de izquierda, tildando de asistencialista o populista los programas emprendidos por el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, refleja más que todo una posición mezquina y retrograda de estos sectores. Las evidencias empíricas del impacto que los programas sociales han tenido –como se ha dicho-- unos más otros menos, en las formas de vida de las familias urbanas y rurales, ha sido notoria, reconocida por organismos como la FAO y el mismo Banco Mundial, entre otras instituciones internacionales. Este último organismo, reconoció que la pobreza en el país, antes del 18 de abril de 2018, se había reducido hasta el 26% en los últimos diez años, bajando más de dos dígitos (Gráfico 3; ver informe del Banco Central de Nicaragua 2015).

Fuente: Banco Mundial. https://datos.bancomundial.org/indicador/SI.POV.NAHC?locations=NI; https://datos.bancomundial.org/pais/nicaragua

El balance del gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, tanto en el primer periodo de gobierno como el segundo es positivo, de allí el respaldo popular durante las elecciones municipales de 2008; presidenciales de 2011, municipales de 2012; presidenciales 2016 y municipales de 2017. Desde la perspectiva de la continuidad del modelo neoliberal (apunta al primer nivel de las políticas públicas), los indicadores macroeconómicos sostenidos por el gobierno reflejan a un alumno eficiente. Desde el punto de vista de la microeconomía y la gestión de los recursos y programas sociales –pese a los detractores de los mismos-- representa el triunfo del modelo revolucionario, “híbrido” y audaz implementado por el FSLN, incidiendo en la reducción de la pobreza, restituyendo derechos a los más empobrecidos por medio de mejoras en su vida material (acceso a educación, agua, luz eléctrica, carretera, salud digna y acceso a crédito).

Dos enfoques o estrategias de políticas públicas en esta etapa –como anteriormente se ha dicho -- que conviven en un escenario socio económico marcado, nacional e internacionalmente, por el neoliberalismo y la globalización capitalista. Manejado con valentía y pragmatismo, el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa apuesta al diálogo y la apertura con todos los sectores sociales, políticos y económicos, coincidente con las estrategias expuestas en su plan de gobierno: desarrollar el país pensando en la inclusión social y la paz. Esta perspectiva de diálogo y de participación social amplia, --como se ha dicho-- cuestionada por sectores de la autollamada izquierda, satanizando la alianza con los empresarios nacionales y la apertura al capital trasnacional, es retórica política pura carente de propuestas. La pregunta que surge es: ¿puede un gobierno con una economía frágil, escaso desarrollo industrial y productivo cerrarse a los capitales externos?

Otro tema sobre el cual puede discutirse es acerca de la gobernanza. Pese a los detractores, este indicador mejoró de manera sustantiva en los diez años de gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, al ampliarse los canales de comunicación entre la mayoría de los sectores sociales con el Estado; atendiendo demandas urgentes y necesarias dentro de las comunidades y asociaciones. Hace falta seguir mejorando los canales de comunicación e intercambio, reconociendo la pluralidad de intereses y visiones entre los grupos sociales. Ahora bien, debe tenerse en cuenta que es un asunto de iniciativa y voluntad ciudadana. Los márgenes de independencia y/o autonomía de las asociaciones u organizaciones civiles comunitarias o gremiales, en relación con el Estado, están mediadas por intereses y/o afinidades políticas o sociales de cada grupo.

MRS: entre el cálculo grotesco y la caricatura política

El segundo aspecto del trabajo está relacionado con los opositores al gobierno representado por ex militantes del FSLN y otros grupos refractarios. El propósito es hacer un recuento de las actividades políticas, anteriores al fallido golpe de estado del 18 de abril-18 de julio de 2018, de tal manera que permita la comprensión de la violencia extrema que acompañaron estas acciones. Es pertinente recordar que la separación de los ex militantes del FSLN fue un proceso iniciado a partir de la derrota electoral de 1990 culminando en el año de 1995, luego de un tenso congreso extraordinario partidario del año anterior. Lo que aceleró la separación, fue el fallido intento de este grupo de separar al Comandante Daniel Ortega de la jefatura del Partido, al ser derrotada su propuesta política (Yáñez, 2013).

El desenlace del Congreso del FSLN de1994 dio como resultado --aunque ya lo tenían previsto—la fundación del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), formación política con la que intentarán llegar al poder en las elecciones de 1996 y 2006. Otro elemento a tener en cuenta, es el origen político y ascendencia social de la mayoría de los miembros que renuncian al FSLN. Los asambleístas que se separan, eran militantes de clase media y media alta de la sociedad nicaragüense, muchos de ellos reclutados a la causa anti dictatorial en los últimos años de la década del 70, e integrados a las estructuras militares, cívico-político y de solidaridad internacional del movimiento armado sandinista.

Durante el gobierno sandinista de la década de los 80 este grupo escindido de la burguesía, ocupa puestos relevantes en ministerios, servicio diplomático, ejército y policía, entre otros (Ver Yáñez, 2013). Algunos de los más prominentes miembros tienen entronques con familias tradicionales de la burguesía nicaragüense y fuertes lazos, desde el punto de vista económico y político, con empresarios y partidos tradicionales, al punto que a la derrota electoral de 1990 la transición a su nueva forma de vida --fuera de la gestión revolucionaria-- no fue nada traumática, como sí lo fue para la mayoría de sandinistas de ascendencia social popular, regresando todos ellos (militantes de origen burgués) al redil familiar y de intereses económicos y sociales, anteriores a 1979. De manera sorprendente, miembros de la Dirección Nacional del FSLN, en pocos años obtienen visa de Estados Unidos y parten a hacer estudios a universidades de este país.

Entre 1995 y 1996 los dirigentes del MRS lanzan una campaña publicitaria para posicionar su partido, reclutar miembros y debilitar al FSLN, cuyo contenido alardeaba de contar entre sus filas a lo más graneado y pensante de los sandinistas, por los nombres que encabezaban la lista de la agrupación política: escritores, profesionales, beneficiados en gran medida por el prestigio del FSLN y la revolución; destacada participación, de algunos de ellos, en la lucha guerrillera e insurreccional durante la década del setenta y en la gestión del gobierno revolucionario de los ochenta. Desde sus inicios, este movimiento careció de una plataforma doctrinaria y de un claro proyecto político de gobierno, más allá de algunos tópicos, como el de readecuar al sandinismo dentro del nuevo contexto histórico que se vivía, rechazando las luchas callejeras por considerarlas ex temporáneas, y planteando un acercamiento a los gobiernos de Estados Unidos, considerando que el enfoque antimperialista estaba agotado.

Pese a la crítica que hacen sus intelectuales de ONGs al modelo neoliberal, su agenda política está más dirigida en contra del FSLN, iniciando una cruzada opositora a lo que llamaron “caudillismo” como práctica y cultura política “nociva” en el país, la cual iba dirigida al liderazgo de Daniel Ortega. Sus discursos, escritos, emblemas y formas de vida vinculadas a ONGs, negocios personales, familiares y en otros casos, coqueteando con los gobiernos neoliberales (asesores en la sombra de ministerios e instituciones del estado durante los gobiernos de doña Violeta, Bolaños, entre otros beneficios obtenidos por la filiación familiar o amistad), no evidencian ninguna postura teórica o práctica de volver al misticismo revolucionario sandinista, ni mucho menos a los valores éticos y morales de los setenta u ochenta (Harris, Roger, 2018). Más bien se observa una actitud descalificadora y personalizada en sus posiciones y argumentos, en contra del FSLN y de su líder máximo; de complacencia y/o beneficio del modelo neoliberal por medio de sus negocios u ONGs, deseando que nunca se acabe la pobreza y las desigualdades en el país, con el fin de seguir usufructuando las ayudas de gobiernos y organismos internacionales de beneficencia.

Con el fin de poner en perspectiva histórica la personalización de la política del MRS, en la figura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, se hará un recuento sucinto de ciertos hechos a tener en cuenta en el análisis y comprensión del golpe de estado de abril y los ataques a los “Arboles de la vida”, para señalar un emblema y la saña con que se actuó para destruirlos. Esta perspectiva, no es nueva, ni tampoco ex temporánea, está sustentada en evidencia (y vivencias personales) de actitudes de miembros identificados con el MRS, quienes reaccionaban de manera violenta y con descalificaciones de todo tipo, al no ver coincidencias en sus posiciones ---enfermizas o paranoicas--- con sus interlocutores, acerca del análisis de la realidad política nacional y del FSLN, centrado era la figura y liderazgo del Comandante Ortega y la compañera Murillo.  

La derrota electoral del FSLN de febrero de 1990, hizo aflorar las contradicciones existentes entre la aparente unidad “monolítica” sandinista de la década de los ochenta, cuando este movimiento revolucionario gobernó, en medio de agresiones y bloqueos. Con el tiempo, estas contradicciones tomarán ribetes inusitados de confrontación, no sólo irreconciliable, sino de confrontación violenta y de intolerancia hacia el adversario, tanto de este grupo político como de sus aliados, los fragmentados partidos políticos de la derecha y de religiosos partidarizados.

Como bien se dijo con anterioridad, la personalización del debate político del país por los miembros del MRS, es un elemento esencial para la comprensión del origen de la violencia en el fallido golpe de estado de abril. Este posicionamiento político centrado en la figura del líder sandinista, estructuró un discurso colectivizado, primero entre sus miembros y luego entre aliados y sectores anti sandinistas, fraguado a partir de una sostenida campaña de acusaciones, revestidas de academicismo que en el tiempo, van más allá del año 2007. Primero lo difundirán por medio de sus órganos de divulgación, semanario Confidencial, revista Envío y El Nuevo Diario (hasta su venta a los dueños de BANPRO en 2011). Luego por medios audiovisuales propiedad de sectores anti sandinistas, que al igual que ellos (MRS), convergen en el odio hacia la figura del Comandante Ortega y Rosario Murillo, como el diario La Prensa, Radio Corporación, Canal 12 y 100% Noticias, entre otros.

Entre los antecedentes de la personalización del debate y/o confrontación política en la figura del Comandante Ortega y Rosario Murillo por parte de ex militantes del FSLN, debe tenerse en cuenta el chisme surgido en medio de las reformas estructurales que el gobierno revolucionario emprendió en 1987 con el fin de enfrentar la crisis económica, producto del bloqueo y la agresión externa (gobierno de EEUU), conocida como “compactación”. Este chisme, escuchado de diversas maneras a militantes y/o funcionarios vinculados a la cultura, tiene como protagonista al poeta Ernesto Cardenal, y la también poeta Rosario Murillo. A sotto voce se filtró en los corrillos de algunas instituciones del estado, las contradicciones y mala relación entre Cardenal y Murillo. Esta desavenencia tuvo su punto máximo a inicios de 1988, en una supuesta reunión que terminó con mucha tensión y donde se dijeron muchas cosas fuertes, estando de testigo el Presidente Ortega. Más allá de la veracidad o no del chisme, las diferencias o desavenencias entre estas figuras de la revolución tenían su origen muchos años atrás, desde la fundación del Ministerio de Cultura dirigido por Cardenal y de la ASTC (Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura) por Murillo, siendo el centro de la discordia, la supuesta o real duplicidad en las funciones de cada una de las instituciones (Wellinga, K. S., 1994; 152-153).

La compactación del Ministerio de Cultura a finales de 1988 y la creación del Instituto de Cultura en abril de 1989 (GDO. Decreto N° 427, 29/03/89) –aparentemente-- exacerbaron las contradicciones entre ambas figuras del Estado y otros funcionarios cercanos a Cardenal, quienes cierran filas a favor del poeta. Estas contradicciones salen a luz pública después de la derrota electoral de febrero del año 90, teniendo como espacio de debate –impensable años atrás—en los medios de comunicación sandinistas: el diario Barricada, el suplemento Ventana y Gente.

Las figuras más representativas del MRS, incluyendo el poeta Cardenal y sus seguidores, desde sus ONGs, negocios personales, y la Asamblea Nacional, acusan de “ortodoxos” a los artistas y activistas sandinistas, quienes junto al Comandante Ortega, acompañan en las calles a los pobladores desempleados, producto de la reducción del estado, resistiendo la crudeza de las medidas de choque económico emprendidas por el gobierno de Doña Violeta (Wellinga, K. S., 1994; 96-97 y 152-153). Los artistas sandinistas, encabezados por la poeta Murillo, acusan de “traidores” y “oportunistas” a figuras conocidas que ocuparon cargos importantes dentro del gobierno sandinista y que colaboran con el nuevo gobierno de la alianza UNO. Paradojas de la historia, dos décadas después los dirigentes del movimiento MRS se arrogarán la defensa de una “pureza” nada clara del ideal sandinista, auto identificándose como los verdaderos portadores de la izquierda nicaragüense, en oposición al defendido por el FSLN, denostando a los miembros de este últimos como “danielistas”.

Para entender las tensiones y divisiones incubadas a lo interno del FSLN durante este período, es importante recordar la reunión de militantes sandinistas de El Crucero en junio de 1990 y el Primer Congreso del FSLN en julio de 1991. En ambas citas se buscaba relanzar al Partido en la nueva etapa de oposición, elaborando un programa consensuado y con estatutos actualizados. No debe dejarse a un lado, las contradicciones y acusaciones, evidentes –aunque aún no públicas-- en el Congreso del 91 por el tema de la llamada "Piñata sandinista”, las que salen a luz pública en el marco de los debates del Congreso extraordinario de 1994 y la posterior separación --para hacer “casa aparte”-- de los MRS en julio de 1995. Las acusaciones entre los dos grupos en que se dividió el Congreso del 94 por la apropiación de bienes dados en resguardo y propiedad del partido, reales o inventadas por militantes, son exaltadas y manipuladas por los enemigos del sandinismo, creando un importante daño a la imagen del FSLN, siendo una de las excusas de la separación definitiva del grupo encabezado por Sergio Ramírez y Dora María Téllez, sumando a Cardenal y sus seguidores.

Sin importarles que la militancia sandinista estuviera informada de los beneficios de la llamada “Piñata Sandinista” por parte de dirigentes y figuras conocidas del MRS, lanzaron una campaña, cuyo eje central del discurso era distanciarse del tema, acusando a los dirigentes del FSLN de ser los promotores y principales beneficiarios de esta acción, coincidiendo con los sectores anti sandinistas más recalcitrantes, quienes aprovecharon la situación, organizando una campaña internacional para erosionar la imagen y valores del Partido. Incluso, los autollamados “Renovadores”, llegaron a deslindar responsabilidades de aquella revolución de los ochenta que consideraban “no valió la pena” (Ramírez, S., 1999). Una de las estrategias utilizadas para protegerse de cualquier sospecha de “piñateros”, fue recurrir a su ascendencia social u origen de clase, esgrimiendo un patrimonio familiar heredado y no adquirido en poco tiempo.

La separación de los ex militantes del FSLN y su incorporación a una agrupación política nueva, debe de verse dentro del marco de una silenciosa lucha de clase que a lo interno del FSLN se vivió en la década de los ochenta. A partir de la derrota electoral de febrero de1990 fueron recurrentes las quejas y denuncias ex tempore, de ventajismo y privilegios durante el periodo revolucionario de los ochenta, hecha por militantes sandinistas de origen obrero o campesino, a favor cuadros provenientes de las clases media y media alta. La base de la “queja” se sustentaba en la puesta en marcha de una política de “estímulo” o “solidaridad de clase”, promovida por dirigentes de la misma ascendencia social, quienes de manera meteórica se apropiaron de importantes cargos, mientras ellos no pasaron de ocupar puestos menores. Jóvenes en esa época, se integraron a todas las tareas de movilización social, cultural o militar, convocadas por el FSLN, logrando –con mucho esfuerzo-- alcanzar puestos de secretarios políticos de zona o distrito de la Juventud Sandinista u organizaciones de masas o gremiales (Núñez, O., 2006; 129-162).

Siguiendo con la genealogía, los resultados electorales de noviembre de 1996 donde el candidato del MRS Sergio Ramírez obtiene menos del 1% del electorado, revelan dos situaciones que marcarán el derrotero golpista de abril de 2018: la primera, la alianza del MRS con el grupo parlamentario que apoya al gobierno de Doña Violeta Barrios de Chamorro, aprobando leyes y el resultado electoral de 1996, patentizan que su propuesta partidaria no tuvo el eco esperado entre la base electoral sandinista. Por otro lado, la condición de minoría de esta agrupación política, acentuaría los ataques, continuando con el descrédito del partido FSLN en la figura de Daniel Ortega, teniendo sus puntos álgidos en el caso Zoilamérica y el llamado pacto con el Presidente Arnoldo Alemán en 1998. En sus inicios, estos hechos crean confusión y malestar entre la militancia sandinista, siendo superado por medio de la cohesión y la disciplina de sus miembros de base. Ambas situaciones serán usadas por los militantes del MRS y la oposición antisandinista, como estandartes en su cruzada personal contra el Comandante Ortega y Rosario Murillo, tanto dentro del ámbito nacional como internacional.

El llamado “pacto Alemán-Ortega” y las reformas que derivaron en acuerdos políticos, dentro de una audaz estrategia pragmática del líder sandinista, tuvo dos consecuencias inmediatas: por un lado, la profundización de la división de las fuerzas de derecha, muchas de ellas refractarias a cualquier acercamiento con los sandinistas, calificando de acción personalista y ambiciosa el paso dado por el líder liberal y de allanarle el camino al poder a Ortega, cediéndole espacios o puestos en el estado, tal como ocurrió años después. Por el otro, --como se ha señalado-- los MRS, radicalizan sus posiciones y arrecian los ataques al dirigente sandinista, aventurando sus ideólogos desde sus medios de comunicación, paralelismos históricos con los partidos tradicionales e invocando el espíritu de caudillos políticos, desde José Santos Zelaya pasando por Emiliano Chamorro hasta llegar a Anastasio Somoza García.

Basta hacer una revisión de los archivos de la revista Envío de la UCA, el periódico El Nuevo Diario (hasta 2011), Semanario Confidencial de la Fundación CINCO de Carlos Fernando Chamorro (y sus publicaciones en forma de boletines o libros), el periódico La Prensa, y el resto de medios de la derecha, ---en línea todos ellos--- para constatar los ejes de ataques en ascenso y con saña en contra de los líderes Arnoldo Alemán del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y Daniel Ortega del FSLN por el llamado Pacto. Este tema, acercaría posiciones políticas entre el MRS y la derecha aglutinada en sus medios, coincidiendo y repitiendo los mismos argumentos de descalificación.

Con la llegada al poder en 2007 de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, aumenta la escalada de ataques, afinando y poniendo al día las estrategias mediáticas que se verán en acción en abril de 2018. El eje acusatorio de “caudillos” (Alemán y Ortega), y luego el de “dictador” (Ortega) apelando a hechos históricos, forman parte de los ensayos discursivos y psicológicos, apoyados en forzados paralelismos históricos (paráfrasis o mimesis le llama Roger Chartier; Mendiola, 2017, p.50) hasta abril de 2018 donde ponen en escena una extraña mezcla de géneros hollywoodense, de Thriller de Tarantino o la combinación de Thriller y horror al estilo de Darío Argento, con su “revolución popular”, equívoco sobrenatural de la de julio de 1979.

Digno de notar, las consignas o lemas pregonados durante las marchas de abril de 2018 y las pintas hechas en las paredes y monumentos a héroes y mártires sandinistas, recogen los ejes temáticos vertidos desde el 2007 en las publicaciones escritas y/o medios audiovisuales por los miembros del MRS y sus aliados de la derecha. La de “dictador” sustituyó a la de “caudillo” (anterior al 2007) y la de “autoritario” es alternada con la de “régimen represivo”; la de “falta de libertad de expresión y ciudadana” dialoga con la de “fraude electoral” y “falta de democracia”. El diseño y puesta en ejecución de las políticas públicas del gobierno de la Alianza Unidad Nicaragua Triunfa, sirven de insumo, a los ideólogos y opinadores del MRS para la articulación de un discurso escrito o comentado en los medios audiovisuales, donde recrean un régimen despótico y sin escrúpulos, paradójicamente sin que sus autores tengan consecuencia alguna al narrarlos ni publicitarlo (CINCO, 2009). Discursos y enfoques asumidos también como propios por las figuras más relevantes del liberalismo escindido del PLC, inicialmente agrupados en la Alianza Liberal (ALN) y después en el PLI (Partido Liberal Independiente); además de otras figuras opositoras que administran una imagen de independientes.  

Lo destacable desde la anterior perspectiva, es la articulación de la estrategia partidaria del MRS con las tácticas utilizadas por sus afiliados o simpatizantes, dueños y/o empleados de ONGs. Esencial es mencionar la relación de estas ONGs en el acopio de recursos proveniente de la cooperación internacional, de manera especial de Estados Unidos, para el financiamiento de los estudios sociopolíticos por medio de CINCO y la manutención de los programas y/o medios de comunicación (Max Blumenthal destapa el financiamiento de la NED-USAID para ejecutar un golpe en Nicaragua, www.rebelión.org.). De igual manera, estas organizaciones no gubernamentales (ONG) posicionan un discurso donde se arrogan la representación de la “sociedad civil” nicaragüense, justificado a partir de la creación y/o financiamiento de organizaciones satélites (feministas, derechos humanos, opinión, medioambientales, liderazgos, formación, etc.).

En este sentido, es importante problematizar acerca de la supuesta falta de independencia de las organizaciones sociales afines al partido sandinista versus independencia de las ONGs, autollamadas “sociedad civil” y sus “diversas formas organizadas”, oprimidas estas últimas –al decir de sus dirigentes-- por las acciones del gobierno que les impide actuar con entera libertad. Este axioma convertido en tautología, invalida toda expresión organizada de los diversos grupos sociales que dialogan con las expresiones estatales. En consecuencia, aceptar como “sociedad civil” “verdadera”, aquellas organizaciones refractarias o antagónicas con el poder estatal, no es más que una estratagema con fines políticos y partidarios. La supuesta autonomía o independencia de estas ONGs (autollamadas “sociedad civil”) y sus organizaciones satélites, debe medirse en proporción al monto de financiamiento externo que ellas tienen. En otras palabras, es ingenuidad no pensar que estas ONGs obedecen o se pliegan a los intereses de sus patrocinadores.

A partir del 2007 cuando empiezan a implementarse los planes y políticas estatales del nuevo gobierno, se renueva la discusión sobre el concepto de “gobernabilidad”, convertido en el sustento teórico (al igual que el de gobernanza) y motivo práctico de denuncia del MRS y sus ONGs para la puesta en escena de acciones publicitarias (Montenegro et al, 2005). Proveniente de la sociología liberal, y asumida como propia por los organismos internacionales, el concepto de gobernabilidad, confuso y ambiguo es un tema de las democracias liberales occidentales, “imperfectas” (o perfectibles como se quiera ver), donde los miembros de la sociedad, en calidad de ciudadanos, de manera individual o en representación de colectivos, pueden pronunciarse acerca de su relación con el Estado y sus instituciones (Konrad Adenauer-Stiftung/Instituto Nicaragüense de Administración Pública, INAP, 1996). Este concepto, manejado y reformulado como “nueva propuesta” --como dice una de las publicaciones del 2005 de CINCO-- será el termómetro para medir y/o evaluar el funcionamiento de cualquier régimen — siguiendo el concepto de Guillermo O' Donnell (2004) — o para medir y/o sancionar la eficacia de las políticas públicas estatales.

En las conclusiones del “Primer informe independiente” (2005), de los analistas de CINCO, simpatizantes del MRS –de por si teórico-- se observan dos temas que serán los ejes dicotómicos –siguiendo la lógica de gobernabilidad-- sobre los cuales montarán sus ataques con el fin de restarle legitimidad al gobierno surgido de las elecciones del 2006: “modelo económico” versus “proceso democrático” y “fuente democrática” (léase sociedad civil de las ONGs) versus “legalidad jurídica” (Montenegro et. al, 2005; 154-156). Estos aspectos, comunes a los problemas de todas las democracias latinoamericanas, serán manipulados por este grupo en contubernio con factores liberales y jerarcas de la iglesia católica, entre otros, al diseñar una puesta en escena de hechos sociales y políticos que calzara con su teoría. Esta se representa de manera trágica, en capítulos y en distintos momentos (escenas de desaparecidos, represión indígena, campesina, cierre de emisoras, fraudes, corrupción, nepotismo, entre otros ejes representados) hasta llegar a la representación mayor de abril de 2018.

Durante el proceso electoral de 2006 se observan coincidencias con los liberales de Montealegre relacionados a enfoques interpretativos de la situación política del país, de manera particular a lo que el MRS y sus militantes llaman “bipartidismo de facto y autoritario” (Montenegro, 2005; 155). A seis meses de haber asumido el gobierno la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, estos grupos políticos empiezan a ver “peligros” en la democracia (CINCO, 2009; 114) rechazando las propuestas de la Alianza, de participación directa de los ciudadanos en las tomas de decisiones y en la creación de nuevas estructuras organizativas. Desde sus medios de comunicación y en sus escritos, recalcan la necesidad de “mejorar la democracia” liberal de los últimos 16 años, apelando a un “proyecto político” (desconocido) que no es más que el de ellos (Montenegro, 2009; 114; Harris, R., 2018).

Como se viene señalando, el escenario mediático como punta de lanza del golpe de estado de abril de 2018, recoge una utilería escenográfica cambiante, sustentada en críticas a lo que llaman “gobierno autoritario” (desde el 2007), hasta el de “dictadura” (2011), copando con este enfoque los titulares y las páginas de opinión de los diarios escritos, las radios y canales de televisión de la derecha. Paralelo a esta publicitada crítica por los medios tradicionales, empiezan a estructurar una red de información y de convocatoria, haciendo uso del Internet; de correos electrónicos, algunos con consentimientos de sus propietarios y otros pirateados, iniciando un trabajo sistemático, cuya cabeza visible es la activista extrema Margarita Samcam. Durante todos esos años, hasta la puesta en marcha del golpe de estado, esta militante se encarga de alimentar y agrandar la red de correos masivos electrónicos, enviando mensajes o textos adjuntos, escritos en gran parte por sus ideólogos y opinólogos, quienes dan cuerpo a los ejes temáticos de ataque contra el gobierno: autoritarismo, dictadura, represión, corrupción. Esta estrategia comunicacional sería ampliada a las redes sociales como Facebook, whatsApp, entre otras (Alarcón Ortiz, D. y Díaz García, A. F., 2013; 128-132).

Otro detonante que agudizará los ataques del MRS en contra del FSLN y su principal dirigente Daniel Ortega, es la suspensión de la personería jurídica de este partido en el 2008. Acusarán al líder sandinista de estar detrás de la decisión tomada por el Consejo Supremo electoral y a este último de haber perdido la independencia en relación al poder ejecutivo (El Nuevo Diario, 4 de junio 2008). A partir de este momento, las convocatorias de los simpatizantes a movilizaciones de protesta frente a las instalaciones del Consejo Supremo Electoral (CSE) por la suspensión de la personería jurídica, se hacen frecuente, a la que se suman otros grupos de la derecha, con mayores demandas, como el tema del supuesto “fraude”. Lo destacable de estas convocatorias es la forma en que se realizan, por medio de correos electrónicos masivos, ensayando en estas acciones, los futuros llamamientos y otras acciones mediáticas extremas, implementadas en abril de 2018.

Debe documentarse, que si bien es cierto los programas de liderazgo juvenil –entiéndase cuadros reproductores de valores de subordinación al imperialismo-- impulsados por medios de ONG cercanas al MRS y sectores de derecha, se remontan a los inicios de la década del 2000, lo es también, que a partir del año 2007 se observa un incremento de estos cursos, promovidos en universidades privadas y otros centros de capacitación propiedad de ONGs (Celaya M., 2016). La Universidad Centroamericana (UCA) será uno de los centros principales donde convergen estas iniciativas de formación, financiadas por instituciones de Estados Unidos. El instituto NITLAPAN en coordinación con el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA) se encargará de una buena parte de la formación de jóvenes provenientes de universidades privadas, públicas, colegios privados e institutos públicos,  

Otras acciones coincidentes del MRS con los sectores de derecha más radical, es la estructuración de matrices de información sustentada en rumores (dentro de la lógica de fake News o la pos verdad) buscando generar opiniones desfavorables o malestar entre la población que coadyuve al acercamiento de sus ejes publicitarios y por ende a sus planes partidarios. Una de las más recurrentes, donde participan personeros de la iglesia católica, como los obispos Mata de Estelí y Álvarez de Matagalpa, tiene que ver con la presencia de armados con fines políticos en las montañas de Nicaragua. Este rumor, tendrá su punto culminante a finales del año 2017 cuando se desarticula una agrupación, considerada por el Ejército de Nicaragua, finqueros y hacendados, de banda de abigeo y del crimen organizado, en la localidad de La Cruz del Rio Grande. La matriz de opinión de supuestos armados, represión y desaparecidos, será recurrente en los discursos de estos opositores, sin que extrañamente los organismos de derechos humanos internacionales, se hagan eco de manera contundente, más allá de las presiones y manipulaciones de ONGs afines a estos grupos, incluyendo liberales cercanos al grupo de Montealegre, ahora identificados con Kitty Monterrey (CxL) y corporativas (ONG de la iglesia católica).

Otro tema que también será bandera de sus acusaciones y ataques contra la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, es el de fraude electoral y la puesta en cuestión de la transparencia del proceso electoral y la probidad de su árbitro. El detonante de esta matriz política, compartida por la derecha extrema, se inicia con la pérdida de la personería jurídica del MRS en 2008 y los resultados electorales municipales de noviembre de ese mismo año, donde el candidato a la alcaldía municipal por el PLC (Partido Liberal Constitucionalista) Eduardo Montealegre desconoce los resultados dados por el CSE, órgano rector electoral nacional, argumentando que él es el ganador y denunciando un presunto fraude sin presentar pruebas (El Nuevo Diario, 11 de noviembre 2008).

El sistema electoral nicaragüense de votación y escrutinio, establece que el conteo se hace al cierre de las Juntas Receptoras de Votos (JRV) en presencia de los fiscales de los partidos acreditados en cada una de estas Juntas, siendo obligatorio la entrega de copia del acta a cada representante de los partidos en contienda. Desde el año de 2008 hasta el 2017 el MRS hará coro con la oposición de la derecha y otros sectores anti sandinista para desconocer al árbitro y denunciar fraudes electorales, sin presentar pruebas (actas, videos o testimonios) cayendo en la simple acusaciones mediáticas. La pregunta que surge es: si estos grupos políticos consideraron de verdad que hubo fraude en alguno de estos procesos, por qué no recurrieron, con pruebas en mano, a organismos internacionales y de esa manera dejar al desnudo los supuestos fraudes. En las elecciones municipales de noviembre de 2017 la OEA como acompañante del proceso, certificó que en siete municipios del país se habían presentado irregularidades en el proceso de votación y escrutinio, no siendo relevante para solicitar la anulación y/o repetición de las elecciones en estas localidades.

Otro aspecto dentro de la preparación de la puesta en escena del golpe de estado de abril, es la matriz de opinión de relacionar la figura de Daniel Ortega con Somoza, haciendo un burdo y reduccionista paralelismo histórico, reñido con las ciencias históricas (Gadoffre, G. 1997). Como se ha dicho, el discurso de la “dictadura” alimentado desde el año 2011, toma cuerpo en la superposición de la imagen del despótico fundador de la dinastía somocista, en la del Presidente Daniel Ortega, sustentando las acusaciones en la pervertida representación, de un país sometido a una represión –incomprensible si no es por el odio que irradia hacia el Comandante Ortega—superior a la vivida en la década de los 70 del siglo pasado. Esta concepción retorcida en su matriz y discutible en sus postulados particulares, será reproducida y amplificada, no solo por sus teóricos y opinadores del MRS sino por los sectores extremistas del anti sandinismo.

Como corolario a la atmósfera pre fabricada de una dictadura del siglo XX colgada en la segunda década del XXI, en una especie de “Regreso al futuro” de Robert Zemeckis y Bob Gale (1985), se anuncia la llegada de una “revolución” calcada a la de julio de 1979 digna de cualquier episodio mágico de Harry Potter. Incluso, sus inventores, creadores y lectores de novelas de ficción, se atreven a afirmar con aplomo, dentro de un disparate, digno del personaje principal de la novela La Guerra del fin del Mundo de Vargas Llosa2, que las condiciones políticas y coyunturales de Nicaragua, son similares o idénticas a la vivida en los años previos a la insurrección de 1978 y 1979. Lo que se extraña de estos “revolucionarios” de las “cruzadas del siglo XXI”, es la ausencia de un nuevo lenguaje que represente la condición política actual. Es más, los nostálgicos echan de menos una réplica del lenguaje de la década del 70 del siglo XX cuando se hablaba de “situación revolucionaria”, “liberación nacional” y “clase sociales” ¿a qué “revolución” se refieren estos revolucionarios del fin del mundo? (Ver López et al, 1979; M. Vilas, C. 1984). Probablemente a la “Revolución de Colores” o “Primavera Árabe” con la consabida mano “pachona” reaccionaria del imperialismo norteamericano (Telesur, 2016; Soengas, X., 2013; Gorraiz López, G., 2018).

Otra extravagancia del humor negro de esta “revolución” se puede observar en la portada del diario Metro del 14 de agosto de 2018 propiedad de empresarios golpistas ligados al capital especulativo financiero, donde aparece la imagen de la “Comandante Masha” que “lideró” las protestas de Jinotepe, arropada en una bandera azul y blanca.  Este discurso golpista de la puesta en escena de una “insurrección” surrealista, circula de manera legal y sin restricciones por estos medios de la derecha, contradiciendo la supuesta represión a la libertad de expresión. De igual manera, continúan estos voceros del golpe, de forma abierta y sin pudor, alimentando la violencia al justificar las acciones de vandalismo que sufrió el pueblo nicaragüense, al ponerle aureola de héroe a quienes se ensañaron con muchas personas en Jinotepe y Diriamba por el solo hecho de no estar de acuerdo o no expresarse a favor de sus acciones. Paradoja o cinismo puro –lo último es seguro--, el pregonado levantamiento “pacífico” usa motes militares como el de “comandante”.

A diferencia de la verdadera revolución de julio de 1979, la puesta en escena de la “revolución” del 19 de abril de 2018, en su versión kafkiana (Robert, 1985), tiene como actores principales a los sectores más reaccionarios del país: curas, pastores, obispos, empresarios, grupos políticos extremistas, entre otros. Así como secundarios, a grupos de estudiantes y de jóvenes desempleados o envueltos en pandillas, reclutados en los barrios populares. El escenario de esta puesta en escena de una insurrección del 79 en su versión más vulgar del imaginario del autor de la Metamorfosis, es el de Monimbó y León, de gran simbología en la narrativa histórica y valores místicos sandinistas. Las barricadas, son caricaturas de resistencia sin sentido; proclamas de sectores de extrema derecha, COSEP, grupos conservadores como la Conferencia Episcopal y sus asociaciones afiliadas, sin que aparezca una conducción coherente, ni se conozca un programa de gobierno, dejando la sensación de ser una asonada calculada, al estilo “golpe de mano”, resumida en la demanda: “quítate tú pa ponerme yo”.

La “revolución” a la que apelan los MRS y su “Alianza Cívica”, es más parecida a las revoluciones tradicionales del siglo XIX e inicios del XX, encabezadas por las clases pudientes de hacendados y comerciantes, cuyas tropas, reclutadas a la fuerza entre sus peones (o trabajadores humildes), se lanzaban a combatir con otros ejércitos similares, en un aquelarre dantesco, teniendo la certeza sus “generales”, que en una sola batalla –sin importar la cantidad de sangre derramada-- se ajustaban cuentas sobre el tema del poder. Esta “revolución”, tiene similitudes a la “revolución de colores” y “Primavera árabe, por los recursos utilizados para crear escenarios de guerra ficticios, el uso de los medios de comunicación, redes sociales y sobre todo, por la carencia de programas reivindicativos, sustentados en el sentir real de la mayoría de la población (Telesur, 2016; Soengas, X., 2013; Gorraiz López, G., 2018).

Si de verdad hubiese sido una insurrección de todo el pueblo, las posibilidades de sobrevivencia de cualquier gobierno, sin apoyo externo, hubiesen sido mínimas y los líderes estarían a la cabeza de estas revueltas, orientando la lucha y los propósitos del cambio. Los tres meses de violencia extrema, demuestra que los organizadores de esta “insurrección espontánea” recurrieron a recursos ya conocidos en otras partes del mundo, pensando que los “auto convocados” e independientes “líderes estudiantiles” solicitarían –como bien lo externaron-- que la Alianza Cívica (amalgama de sectores reaccionarios de derecha) “creada” durante la revuelta, asumiera un gobierno de transición (provisional), haciendo que las figuras política detrás del golpe, ya conocidas por el pueblo, aparecieran como salvadoras. La realidad fue otra, no hubo tal explosión social, sino estupor y miedo, en la mayor parte de la población, –en sus inicios—ante el odio y la violencia extrema de las acciones surgidas de la noche a la mañana. Una acción calculada, artera, producto del trabajo realizado por los cuadros del MRS y sus aliados, transmitido a sus seguidores y a aquellos jóvenes reclutados mediante pago de servicios.

Las acciones terroristas, se concentraron de manera especial, en cuatro de las principales ciudades de Nicaragua ubicadas en el Pacífico. La evidencia empírica demuestra, que sus organizadores tenían expectativas de llevar la violencia a todo el país, pero carecieron de la logística requerida y principalmente, de apoyo popular, razón por la que concentraron sus acciones en León, Managua y Masaya, teniendo a Jinotepe y la zona de Chontales, como lugares estratégicos de acción, por las posibilidades publicitarias que ofrece la carretera Panamericana que los cruza y lo productivo de la región central y oriental del país, incluyendo el Departamento de Río San Juan.

Falta hacer un estudio de mayor profundidad que permita comprender dos cosas. Por un lado, el por qué los órganos de inteligencia nacional (policía y ejército) no pudieron detectar el aparato organizativo de los golpistas, sabiendo que desde hace años venían trabajando en la formación de jóvenes por medio de ONG –hoy golpistas-- y por los escenarios falsos y manipulados que habían ejercitado, en particular durante el incendio de la reserva de Indio Maíz. La otra, la trama de las redes sociales y sus posibilidades manipuladoras, que llevaron a la confusión colectiva, atacando de manera directa los valores éticos y morales de los individuos, por medio de escenarios de represión, muchos de ellos ficticios o falsos, saturando las redes (viralización) y las posibilidades de análisis y evaluación de lo que estaba pasando (Redvers, Ch, 2018).

Por último, destacar que el movimiento MRS que se auto erige como abanderado y fiel defensor de las ideas de izquierda y de la pureza del pensamiento de Sandino, a mediados de 2017 acompañó a una delegación de la extrema derecha nicaragüense al Congreso de Estados Unidos para cabildear y pedir a los congresistas de origen cubano de Miami, sanciones económicas contra el gobierno de Nicaragua. Esta acción prepara el escenario de abril, y se constituye en una acción política mercenaria, reñida en su totalidad con los principios y valores sandinistas y patrióticos. Cuando el Presidente Ortega firmó el acuerdo del canal con el empresario chino, este grupo le acusó de entreguista e hizo un paralelismo con Emiliano Chamorro y el Tratado Chamorro Bryan de 1916 ¿cómo puede entenderse el cabildeo y posterior agresión norteamericana por medio de la Nica Act? Nadie que no sea simpatizante de los golpistas puede aplaudir un acto abominable de entreguismo y subordinación al imperialismo norteamericano como el que hizo el MRS y sus aliados de la derecha. La pregunta que surge ¿dónde está el ideario de Sandino y su defensa en estos militantes de “izquierda”?

La desnaturalización de los principios éticos de este grupo y su posición violenta, la podemos también derivar de los argumentos, muchas veces esgrimidos en sus escritos, de ponderar únicamente como expresión de la “democracia” la que tienen que ver con el juego político y no las acciones sociales y económicas de mejora de la vida material y espiritual de las colectividades que conforman el país. Esta perspectiva los llevó a menospreciar los avances en materia económica y social que venía impulsando el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, creando la matriz, por medio de sus órganos de publicidad y redes sociales, de ausencia de democracia (dictadura), apuntalando escenarios ficticios o reales, aumentados o manipulados, de violencia y represión, como expresión de una política de estado.

El vandalismo y la destrucción de las instalaciones públicas, saqueos, tranques y paros de empresarios extremistas, destruyendo la economía del país, no puede entenderse sin la matriz egoísta y sin escrúpulos de justificar el enfoque de la “democracia política” por encima del bien común sustentado en mejoras materiales y espirituales de las grandes mayoría. Era necesario destruir la economía del país para que el discurso articulado desde el 2007 de “dictadura” y “represión”, tuviera un sustento real o coherente: desempleo galopante, inseguridad ciudadana, hambre, aumento de la pobreza y emigración de la juventud.

La cuestión de la política internacional

El último aspecto a abordar en este trabajo tiene que ver con la política exterior independiente que el Presidente Ortega ha mantenido durante el período de gobierno inaugurado en el 2007, coherente en gran medida, con las implementadas en la década de los ochenta. Desde sus inicios el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa liderada por el FSLN se dedicó a reestablecer y/o fortalecer las relaciones con partidos y organizaciones amigas, muchas de ellas originadas al calor de la guerra de liberación y otras durante el gobierno revolucionario de los ochenta. Esta perspectiva explica las relaciones con Rusia, Irán, Libia, el gobierno palestino y Frente Polisario, entre otras. Este será otro escenario de confrontación que enfrentará el gobierno con la oposición de la derecha en contubernio con los halcones del imperialismo norteamericano.  

Las administraciones de los presidentes Bush (en su último año de gobierno) y Obama mantuvieron “cierta prudencia” para juzgar la política exterior emprendida por el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa. Para especialistas en la materia, su aparente desinterés obedecía a la prioridad de la administración Obama, enfocados en temas del oriente próximo o medio (Afganistán, Irak, Egipto). Eso no significaba que no se pronunciaran o ejercieran presión, abierta o velada sobre el gobierno, buscando un cambio en su postura dentro del concierto internacional.

Al observarse la política exterior de Nicaragua, pueden identificarse cuatro prioridades: la primera, tienen que ver con el fortalecimiento de las relaciones entre los países del área centroamericana por medio del SICA, organismo regional reconocido como interlocutor principal por la Unión Europea. La segunda, la relación con Venezuela y con ello las vinculada con los gobiernos progresistas y de izquierda latinoamericana, como el de Bolivia, Ecuador (Correa), Brasil (Lula y Dilma). Otro importante, el restablecimiento y fortalecimiento de las relaciones de amistad y cooperación con Rusia, heredero del poderío económico, militar y geopolítico de la antigua URSS, cuya estrecha relación en la década del 80 fue crucial para el gobierno revolucionario y su defensa. La última, pragmática si se quiere, es la apertura y/o fortalecimiento de intercambio con bloques regionales, económicos y comerciales, con el fin de atraer inversión al país. Otros temas internacionales,-- ya mencionados-- y de interés por razones de principio e identidad política, como el conflicto palestino, las relaciones con Irán y Libia (Kadaffi) se han manejado a un nivel “especial” en cuanto a prioridades. Con el gobierno de Estados Unidos se ha optado por una política prudente y pragmática en las relaciones, dada la dependencia económica con este país y la influencia que tiene en los organismos financieros internacionales.

La firma en 2013 del acuerdo con un consorcio chino HKND (Hong Kong Nicaragua Canal Development) para la construcción de un canal inter oceánico por el territorio nicaragüense, es considerada por analistas en términos geopolíticos como uno de los puntos de discordia más importantes con el gobierno de Estados Unidos (Borón, A., 2018b). Pensar que el gobierno chino esté detrás de este acuerdo – como se ha dicho por los medios de comunicación-- representa un peligro a la hegemonía de esta potencia en la región, intolerable para sus dirigentes. Pese a la ausencia de pronunciamientos grandilocuentes entre los personeros de las relaciones internacionales de este país, el apoyo económico a las ONGs opositoras al gobierno vinculadas al MRS, organizando campesinos para oponerse a su construcción y financiando campañas publicitarias, evidencian una postura de rechazo a este proyecto.

Las declaraciones de los principales funcionarios de los Estados Unidos, mostrando preocupación por el incremento de la presencia e influencia de China y Rusia en América Latina, va dirigido además de los grandes países de América Latina, México, Brasil y Argentina, con quienes tienen relaciones comerciales significativas el país asiático, a Venezuela, Bolivia y Nicaragua. En Centroamérica, Nicaragua es el país con el que Rusia mantiene una estrecha relación de cooperación amplia, incluyendo temas de seguridad, asesoría y avituallamiento de armamento para sus fuerzas de seguridad. El caso de la compra de los tanques rusos T.72B1en el año 2016 es un ejemplo de los focos de tensión con Estados Unidos sobre el tema de la independencia de Nicaragua en las relaciones internacionales. De esto último, debe considerarse la doble moral estadunidense, al censurar la compra de armamento por Nicaragua, país que destina el menor presupuesto en defensa de la región centroamericana3(Tabla 2).

Tabla 2. Presupuesto de defensa de los países centroamericanos

Fuentes: https://datos.banco mundial.org ; https://dtosmacro.espansion.com/estado/gasto

Las ONGs afines al MRS financiadas –en buena parte-- por organismos provenientes de Estados Unidos, iniciaron una cruzada mediática, satanizando el proyecto del canal, su firma y no esperando la finalización de los estudios de factibilidad. Sumando a esta cruzada, a personajes nacionales conocidos en temas medioambientales, ecológicos y otros opinólogos “sensibles” por el tema. “Ríos de tinta” corrieron por los diarios escritos y medios audiovisuales, todos opositores al gobierno, señalando lo “antipatriótico del acuerdo”, centrándose en los daños catastróficos –en sus razonamientos—para el medio ambiente del país y para el lago de Nicaragua, la construcción del canal. Más allá de la validez de la discusión que pudiera generar un proyecto de esta envergadura en cualquier país, lo importante a destacar es la virulencia (agresiva) que acompañaba los argumentos difundidos en grandes titulares, por los medios opositores y la beligerancia de estas ONGs sobre el tema.

A pesar de la política pragmática emprendida por el gobierno del Presidente Ortega en las relaciones con Estados Unidos, respetando los tratados y acuerdos comerciales, los inquilinos de la Casa Blanca y en particular ciertos congresistas y senadores, han mantenido recelo y/o rechazo al gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa. De manera particular debe mencionarse a los congresistas y senadores de origen cubano, quienes mantienen una posición enfermiza de agresión contra el gobierno de Nicaragua. No es casual que los emisarios del MRS y sus aliados de la derecha en el 2017 recurrieran de manera expedita a estas figuras políticas para demandarle acciones en contra del gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa. De este encuentro surgió la iniciativa de la Nica Act y la aplicación de la Ley Global Magnitsky en contra de los funcionarios de gobierno.

Por último, importante es destacar que la Organización de Estados Americanos (OEA) en noviembre de 2017 acompañó el proceso de las elecciones municipales, recomendando al finalizar dicho proceso, reformas con la finalidad de mejora y darle mayor confiabilidad a las elecciones. En febrero de 2018, el gobierno de Nicaragua firmó un memorándum de entendimiento con la OEA, estableciendo mecanismos de cooperación en las áreas de política electoral e institucional durante los siguientes tres años, con el fin de corregir los supuestos vacíos o deficiencias electorales denunciadas por la oposición. Desde esa fecha, la comisión de la OEA inició sus trabajos estableciendo un itinerario para la puesta en marcha de los cambios o ajustes a realizarse, debiendo aplicarse en los comicios de 2021. Con este paso, el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa se hacía eco de las demandas de la oposición canalizadas por medio de este organismo continental.

Conclusiones

Las premisas que deben tenerse en cuenta para la comprensión de la trama política montada en abril de 2018, encubierta por una supuesta “explosión social espontánea”, encabezada por estudiantes “auto convocados”, se sustenta en la matriz de la conspiración política, siguiendo experiencias de la “revolución de colores” o “la primavera árabe” de la que se nutre el manual de Charp para estructurar su teoría. La guerra mediática puesta en marcha, desvirtuando la realidad nicaragüense que niega la estabilidad y las mejoras materiales de la sociedad en los últimos once años, se entiende a partir de todo un proceso organizativo prolongado, realizado por factores políticos (MRS) opositores, en contubernio con los sectores más reaccionarios del país.

La coincidencia con las experiencias de las “primaveras árabes”, “revoluciones de colores” o la aplicada en Venezuela en abril de 2017, está en el grado de saña y violencia a la que recurren los activistas (vulnerando los valores éticos y morales de todo ser humano). La puesta en escena de acciones similares (caso de las monjas de rodillas frente a patrullas de la policía en Nicaragua o curas frente a policías en Venezuela) con el fin de causar un efectos sicológicos en la población, creando estados de opinión favorable a su causa son obvias. Sobre todo, el uso manipulado de las redes sociales, la fabricación de escenarios de confrontación y violencia; el supuesto liderazgo de jóvenes o grupos sociales étnicos o religiosos en represión, sin que aparezcan los verdaderos líderes o financiadores de la revuelta.

El trabajo que se presenta, destaca la figura de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa como una expresión política plural y con vida orgánica. Los miembros que conforman la Alianza, tienen cuotas de poder --menores o mayores-- en el gobierno o en organismos ejecutivos, permeando de alguna manera, decisiones del ejecutivo (negociar consensos con factores políticos, religiosos, económicos, financieros; leyes y otros espacios de participación). Debe reconocerse el evidente peso del FSLN y de su principal dirigente Daniel Ortega dentro de esta formación política. Esto significa que el diseño y puesta en marcha de las políticas públicas y las estrategias de gobierno –pese a ser negada por los opositores—recogen las demandas de la heterogeneidad de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, en cuanto a intereses económicos, sociales y visión de vida.

No todas las agrupaciones políticas que conforman la Alianza Unida Nicaragua Triunfa son revolucionarias de izquierda, ni tienen fines netamente políticos. Condición que de alguna manera el FSLN como partido mayoritario, ha tomado en cuenta, buscando los equilibrios para no romper los compromisos pre electoral. Sin duda, faltan mayores estudios dentro de esta Alianza, acerca de las relaciones entre los aliados, siendo importante tener claridad, que va más allá de las supuestas prebendas recibidas y que de manera vulgar la oposición acusa a sus representantes.

Otro elemento que ayuda a desentrañar las manipulaciones mediáticas, el odio enfermizo y la violencia que trastocó valores y principios, individuales y colectivos, es la utilización de la sinécdoque, figura retórica literaria que explica “la parte por el todo”, justificando con ello un enfoque utilizado por los golpistas. El hecho que un miembro o un colectivo, vulnere las normativas y cometa dolo, no significa que esa sea la política oficial de la institución. En este sentido, la Policía Nacional ha servido de chivo expiatorio antes y durante el fallido golpe de estado, --pese al enorme prestigio y reconocimiento internacional que tenía y tiene este organismo corporativo—al señalarse el comportamiento anómalo de ciertos miembros de su cuerpo (corrupción o algún maltrato) como si fuera una política institucional y por ende del Estado. Esta lógica convertida en retórica, ha estructurado un discurso manipulador, sustentado en una supuesta represión generalizada.

La personalización de las contradicciones políticas en la figura de Daniel Ortega es otro factor axiológico sustentado en la perversión del sentido de la política. Los extremistas del MRS fueron construyendo por medio de sus ONGs y medios de comunicación, durante los últimos veinte años, una figura del líder sandinista, como personaje maligno que condensaba lo más pérfido de la mente de sus creadores. Esta construcción psicológica, colectivizada e internalizada por ciertos sectores políticos y sociales, atrapados por sus medios y redes sociales, llevó al establecimiento de una máxima que justificó la violencia extrema del golpe de estado: todo trabajador del gobierno o simpatizante del FSLN es danielista por tanto si se odia a Daniel --al punto de desearle la muerte-- debe aniquilarse. Esta lógica ruin y criminal, es la que llevó a los extremistas a ver en todo militante o simpatizante sandinista, un objetivo a atacar o destruir –pensando en guardias GN o esbirros somocistas—en su afiebrada supuesta “revolución” (Perceval, 2017; 247-284).  

De igual manera, debe destacarse los sistemáticos empeños de los factores políticos agrupados en el MRS y sus aliados de la derecha para manchar la imagen del gobierno a nivel internacional. En reiteradas ocasiones, estos grupos buscaron establecer una agenda temática, donde se articulara un escenario de supuesta represión y violencia, en contra de las comunidades indígenas del Caribe. Es importante destacar el tema de los colonos mestizos que invadieron tierras comunales de los grupos étnicos de esta región, en la reserva natural de Bosawás. Hecho que comenzó a darse durante los anteriores gobiernos al de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, siendo publicitada a más no poder por los medios de comunicación afines a su proyecto político o ideología.

El tema de la supuesta “brutal represión” y “corrupción extrema” en el país, ha permeado a prominentes figuras progresistas o de izquierda, quienes lo han repetido sin constatar la veracidad de tal afirmación. Tópico utilizado por los golpistas en la esfera internacional para desacreditar al gobierno. Dos interrogantes pueden plantearse sobre este tema, la relacionada con la hiperbólica afirmación de represión, y el imperativo de sustentarse en datos y/o cifras, y como señala Harris, difícil de creer que una policía, considerada modelo en América Latina, de la noche a la mañana se le ocurra matar de manera indiscriminada (Harris, R., 2018). Por otro lado, estos personajes progresistas que viven fuera del país, deberían tener la elemental preocupación investigativa de saber quiénes son los que escriben y para qué medio escriben. En el caso de Nicaragua, se sabe que la mayor parte de los corresponsales de agencias y medios internacionales, son nacionales, algunos de ellos vinculados a CINCO de Carlos Fernando Chamorro, como es el corresponsal del diario El País de España, Carlos Salinas Maldonado y la agencia alemana de prensa DPA, Gabriela Selser, esta última vinculada por afinidad familiar con un prominente miembro del MRS.

Emblemático de esta agenda mediática internacional del MRS es el tema de la firma del acuerdo de construcción de un canal interoceánico con empresarios chinos. En esta cruzada opositora --como se señaló antes—cerraron fila con ONGs ambientalistas y otras afines a ellos, sumando figuras conocidas en este ámbito, con el fin de generar un estado de opinión negativo al acuerdo. Paralelo a esta campaña, comenzaron a organizar a campesinos de la zona de Nueva Guinea (Caribe sur) y otros sitios (San Miguelito) por donde creen que pasaría el canal, para enfrentarlos con el gobierno. Desde el 2013 fabricaron dirigentes anti canal en la zona, iniciaron las marchas de campesinos reclutados y ensayaron tranques, preludio de los de abril a junio de 2018. Falta recoger los datos empíricos que sustenten una investigación exhaustiva de las acciones realizadas por factores políticos en estas zonas del país, que pongan en cuestión los niveles de manipulación a que han llegado, generando zozobra entre los habitantes de estas comunidades, con supuestos escenarios de guerra por llegar y planes de reclutamientos forzosos en marcha por parte del Ejército Nacional.

Otro de los ejes utilizados para atacar al gobierno del Comandante Ortega, es la supuesta falta de libertad de expresión. La evidencia empírica establece que de las tres áreas tradicionales de comunicación: prensa escrita, radial y televisiva, únicamente en la televisiva el gobierno y sus simpatizantes tienen una correlación de fuerza casi de igual a igual (aunque habría que analizar los canales privados y la tendencia política de sus propietarios). En prensa escrita y radial, es evidente la superioridad de los factores opositores al gobierno y grupos independientes (privada, cooperativa o comunitaria en el caso de las radios).

Una simple lectura de los titulares de la prensa escrita, donde la oposición tiene hegemonía y atender por un día, los programas radiales dirigidos por prominentes figuras del golpismo, es suficiente para tener una idea del amplio margen de tolerancia del gobierno, en materia de información y divulgación de ideas o perspectivas, acerca de la problemática política de Nicaragua. Es más, el irrespeto --y últimamente-- las amenazas en contra del mandatario y su familia (realizada por Oscar René Vargas en 100% Noticias), evidencian la política abierta y sin restricción, en esta materia. Desde años atrás, las caricaturas de Manuel Guillén en el diario La Prensa, ofenden y denigran, de manera vulgar y sistemática, la dignidad del Presidente de la República y de su esposa, apelando en sus contenidos al odio y la violencia.

A diferencia de países como Estados Unidos, donde las amenazas y ofensas al Presidente son penalizadas con cárcel, el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, nunca les ha censurado. En los dos primeros día del golpe de estado (20-21 de abril) los medios televisivos opositores 100% Noticia (y otro); Radio Corporación y otras emisoras del interior, extremaron sus insultos y llamaron de manera abierta a la violencia y al derrocamiento del gobierno, elegido por el pueblo, de manera legítima y democrática en las elecciones de noviembre de 2016. El gobierno de la Alianza –como lo haría cualquier gobierno, responsable y respetuoso de la convivencia ciudadana en el mundo—cortó la señal abierta de estos medios golpistas. Ante la campaña mediática manipuladora, que daba curso a la estrategia de la agenda golpista a lo interno y externo del país (de difamación y mentiras por medio de un escenario ficticio de guerra), el gobierno les reestableció la señal, evitando con ello, que siguieran victimizándose y mantuvieran este frente de ataque4. La pregunta guía de cualquier estudio sobre este tema, debe interpelar el comportamiento ético de estos grupos que manejan medios de comunicación; su compromiso y responsabilidad social, sabiendo --como dice Manuel López (1995)-- que los medios cultivan una imagen muy particular de la sociedad. De igual manera, revisar el marco jurídico que lo sustente, siendo este un referente disciplinar y compararlo con otros países, buscando establecer su justeza o eficacia en pro de los ciudadanos y la sociedad en general (Ver Maigret, 2005; 333-349 y 435-463).

Por último, es digno reconocer que al igual que en otros países de América Latina, en Nicaragua existen retos políticos y sociales con el fin de mejorar el sistema democrático, pero desde una perspectiva revolucionaria (Borón habla de “re democratizar el proceso revolucionario”). En este sentido, es válido que factores políticos y sociales se manifiesten, demandando cambios en el sistema electoral; Exijan mayor independencia de los poderes del estado; transparencia en el uso de los recursos del estado y otras demandas, reales o infundadas. Lo que es cuestionable, en el contexto del fallido golpe de estado, es el establecimiento de un escenario de violencia y destrucción, sin que exista la suficiente justificación, afectando al conjunto de la sociedad. Los espacios de movilización, reclamos y otras acciones de carácter cívicas, están garantizadas por medio de la constitución y normadas para todo ciudadano nicaragüense, sin distingo de color, raza, opción política o condición social. El Secretario General de la OEA5, reconoció en los inicios de esta revuelta terrorista, que la situación de Nicaragua hasta el 18 de abril era igual en términos (problemas o tensiones) políticos, sociales y económicos, al del resto de países de América Latina, por tanto no había justificación suficiente para la puesta en marcha de planes violentos, ni mucho menos derrocar al gobierno legal y legítimamente constituido.

NOTAS
1. Militante del FSLN desde la década de los 80, brigadista de la alfabetización en 1980, brigadista de los BEP (Batallones Estudiantiles de Producción) 1985, miembro del BIR 30-72 (1982-1983) y Oficial de la juventud del BLI Farabundo Martí (1986-1987).
2. La trama de la novela recrea el poder de manipulación de los medios de información con fines políticos. El pueblo de Canudo y el Consejero aparece en una supuesta “insurrección popular”, en una doble trama, donde factores políticos interesados buscan sacarle rédito al movimiento de este fanático religioso.
3. El aspecto en disputa es que Nicaragua tiene el menor presupuesto de defensa de la región y compra su armamento a otros países, como Rusia y no a Estados Unidos. En el caso de Costa Rica, que argumenta no tener ejército, destinará en 2018 un presupuesto de gasto para la seguridad nacional de 452 millones de dólares. Ver www.infodefensa.com; https://tiempo,hn/costa rica - gastos - seguridad – ejército
4. Es importante tener presente que todo gobierno tiene normas que regulan el ejercicio de los dueños y profesionales de la información, sea escrita o audiovisual. En Nicaragua se ha cultivado una perniciosa práctica en los medios de comunicación, donde sus dueños se arrogan toda la libertad del mundo para decir lo que quieran, sean en bien o en mal, de cualquier institución o personas, sin importarle principio moral o ético. Todo en defensa de una mal interpretada libertad de expresión. En este sentido, en los inicios de la puesta en marcha del golpe, medios involucrados en esta acción, lanzaron una serie de acusaciones y tergiversaciones (dentro de la lógica de fake news). Dentro de la lógica del golpe, sabían que una reacción del gobierno de censurarlos “legitimaba” sus acusaciones, entrando en funcionamiento los organismos reaccionarios internacionales: SIP, CIDH y otros de la misma factura.
5. Al hacerse un recuento de las declaraciones y enfoque de la situación política de Nicaragua, desde el inicio del fallido golpe de estado, por parte del señor Almagro, es notoria la presión ejercida por Estados Unidos y la debilidad de este personaje, ante uno de los principales financiadores de la OEA. Sin ser partidario o simpatizante del gobierno del Presidente Ortega, reconoció los esfuerzos del gobierno por establecer canales de diálogo en temas sensibles como el electoral y otros que la oposición quisiera discutir. De igual manera, criticó a la oposición nicaragüense por la manera visceral con que fue atacado, tanto él como la delegación de la OEA que acompañó el proceso electoral de noviembre de 2017.


Referencias
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