Ponencia de Adolfo Pastran Arancibia en el Foro de Amor, Paz y Solidaridad con Nicaragua
11 de enero 2019

Bajo el gobierno del Presidente Daniel Ortega, Nicaragua se encontraba hasta abril pasado en un círculo virtuoso, por su crecimiento macroeconómico sostenido creciendo en promedio 5% anual, reducción de la pobreza, estabilidad social y seguridad ciudadana, siendo el país más seguro de Centroamérica.
Estas ventajas, han sido los principales activos del país frente a amenazas externas, siendo una de las pocas naciones en el continente que tiene una dirección mancomunada en el gobierno central y los municipios, y con un diálogo con el sector privado, que le da certeza y predictibilidad hacia dónde va el país.
Ahora, cuando hablo de sector privado es con los pequeños y medianos empresarios y productores y con aquellos grandes empresarios que quieren trabajar por Nicaragua.
Los indicadores, reconocidos por el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, CEPAL, Organización Mundial de la Salud, UNICEF, la FAO, entre otros, demuestran cómo se mejoró la calidad de la salud y la educación, ambos gratuitos; la esperanza de vida al nacer, disminuciones en las tasas de mortalidad materna e infantil y de la tasa de natalidad, y la creciente tasa neta de educación primaria en el campo y la ciudad; más y mejor acceso a la electricidad; agua potable y saneamiento; infraestructura vial y productiva, pero sobre todo, la reducción de la pobreza extrema y la pobreza en general.
En otras palabras, hubo en los últimos doce años una justa redistribución de la riqueza, impulsando programas de impacto social que crearon un Estado de Bienestar con mejores servicios públicos, subsidios al transporte urbano y la electricidad; más acceso al internet; internet gratuito en parques públicos; la telefonía básica y móvil; ampliación de la banda ancha; entrega de miles de títulos de propiedad en el campo y la ciudad; merienda escolar; subsidios para la compra de una vivienda digna; bonos productivos; recreación y tranquilidad.
Se aumentaron las oportunidades y la estabilidad económica para los sectores más vulnerables, reconocido en el Índice de Desarrollo Humano 2017 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Y como lo han dicho y lo seguirán demostrando otros compañeros de instituciones de Gobierno, se mejoraron los indicadores de producción en todos los rubros; las exportaciones y los rendimientos y se incorporaron a las pymes a través de programas de asistencia técnica y financiera.
A pesar de los días difíciles que pasamos en el 2018, el gobierno concluyó el año con el 95.6% de cobertura eléctrica nacional, nunca antes visto en Nicaragua. Decenas de comunidades esperaron más de 100 años para poder tener una bujía encendida en su humilde casa y la ciudad de Bluefields, en el Caribe Sur, ya pronto gozará de un sistema de alcantarillado sanitario que no ha tenido desde que fue fundada como ciudad en 1903, es decir, desde hace 116 años.
Igual Nueva Guinea, en el Caribe Sur, una de las zonas agropecuarias más importantes del país, después de haber sido colonizada en 1950, hasta 69 años después tendrá alcantarillado sanitario.
El empuje a la incorporación de la Costa Caribe a la economía nacional no tiene precedentes. Son decenas de miles de manzanas cultivadas en palma africana, café robusta y otros productos, además de la conexión por carretera hasta la ciudad de Bluefields que unirá el Caribe Sur con el pacífico este año, y el avance de la carretera entre Río Blanco y Siuna hacia el Caribe Norte. Y la interconexión terrestre de todo el centro, norte, sur, oriente y occidente de Nicaragua.
Ha sido este gobierno sandinista que amplió acuerdos comerciales con Corea del Sur, Taiwán, Ecuador, Colombia y ALADI, también mantuvo altos niveles de inversión extranjera directa y logró generar y mejorar el empleo y los salarios, reconocido esto por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), en tanto se promovió mejoras sustanciales en la tramitología y facilitación de negocios y trámites aduaneros y de zonas francas, fomentando la producción.
La paz social y la estabilidad económica fueron reconocidas durante los últimos años en diversos sondeos de opinión y por ello el Presidente Daniel Ortega mantenía un nivel bien alto de popularidad y aprobación.
La política fiscal se ha mantenido estable y se está priorizando la inversión en infraestructura productiva y social. El déficit del sector público no financiero se mantuvo contenido, siendo el más bajo de Centroamérica, igual que la inflación, a la par de impulsar un intenso plan de desarrollo de infraestructura.
Todo esto es lo que le dio a Nicaragua certidumbre económica y mayores oportunidades de empleo aprovechando al máximo los recursos humanos disponibles, gracias a la visión de su Plan Nacional de Desarrollo Humano en donde el bienestar de los nicaragüenses es primordial y en el que el gasto social es la columna vertebral de los objetivos.
Ahora nos toca impulsar el talento humano nacional hacia una economía fuerte y diversificada, encadenada productivamente e insertada en la globalidad, incorporando decididamente a los pequeños y medianos, mediante el fomento de una cultura emprendedora de alto valor agregado y una serie de programas y proyectos que le ayuden a su inserción al mercado global.
Nicaragua tiene una economía de libre mercado con un alto grado de libertad económica y en ella encaja la economía emprendedora, como lo fue para Corea la economía creativa como motor de desarrollo e innovación empresarial.
Ha sido esa economía emprendedora lo que permitió a esta nación asiática multiplicar un 400% su riqueza en apenas cincuenta años.
Los expertos dicen que en economía los milagros no existen, y solo propiciando las mejores condiciones para que el talento emprendedor nazca y crezca se consigue crecer. Es lo que estamos haciendo en Nicaragua, que el protagonista de su futuro sea el propio nicaragüense, con un desarrollo justo y sostenible.
Erradicar la pobreza y crear un desarrollo sostenible y justo sigue siendo el reto más grande.
El país debe enfrentar grandes retos y desafíos. Por ello este diálogo entre este sector privado, el gobierno y los trabajadores sigue siendo fundamental y esencial para desarrollar medidas efectivas para promover el crecimiento económico, crear nuevos empleos y reducir la pobreza.
Los nicaragüenses hemos renovado las esperanzas, la confianza, la seguridad, de que nos esperan días mejores, porque las crisis son oportunidades que nos fortalecen y redefinen el camino, y con entusiasmo de que así como antes superamos conflictos armados, catástrofes naturales, odios, divisiones, presiones y agresiones externas, con generosidad e hidalguía avanzaremos hacia un mejor derrotero.
En ese fuerzo necesitamos del apoyo y solidaridad del mundo, para que este avance socioeconómico no se detenga, que no retroceda el país a décadas obscuras y que podamos encontrar no solo el camino de la prosperidad, sino también el de la solidaridad humana y la reconciliación.
En Nicaragua estamos construyendo una historia nueva desterrando el odio, la destrucción y la discordia para que brille el amor de hermanos. Será un proceso, pero hemos dado el primer paso.
Una historia y un país en donde los campesinos tengan tierra para producirla; en donde los niños tengan nutrición suficiente para ir a la escuela; que no se permita la explotación del hombre por el hombre sino una relación justa con derechos iguales para todos y que las familias no estén divididas por quienes promueven el odio para justificarse, sino unidad para trabajar todos juntos por una Nicaragua mejor, acompañada de la solidaridad internacional.