Grupo de Curas en la Opción por los Pobres, 24 de enero de 2019
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La Palabra de Dios se hizo carne de fraternidad (cf Jn 1,14)
Así se expresaba el Papa Francisco en la Navidad pasada su “deseo de fraternidad”:
“Fraternidad entre personas de toda nación y cultura. Fraternidad entre personas con ideas diferentes, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro. Fraternidad entre personas de diversas religiones. Jesús ha venido a revelar el rostro de Dios a todos aquellos que lo buscan. Y el rostro de Dios se ha manifestado en un rostro humano concreto. No apareció como un ángel, sino como un hombre, nacido en un tiempo y un lugar. Así, con su encarnación, el Hijo de Dios nos indica que la salvación pasa a través del amor, la acogida y el respeto de nuestra pobre humanidad, que todos compartimos en una gran variedad de etnias, de lenguas, de culturas…, pero todos hermanos en humanidad… Que este tiempo de bendición le permita a *Venezuela* encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población”.
Ante el sufrimiento del querido pueblo venezolano, queremos expresar nuestro más profundo rechazo ante el intento de golpe de estado en Venezuela, lejos de este deseo de vida fraterna para nuestros pueblos.
Creemos que el gobierno de Venezuela ha sido elegido democráticamente mediante uno de los sistemas electorales más transparentes del mundo. Han habido ya elecciones libres en este país hermano.
CONDENAMOS los intereses de hegemonía de los EE UU sobre los gobiernos de América Latina y el Caribe.
Consideramos digna de repudio toda injerencia externa en los problemas internos de nuestros pueblos. Nuestros países tienen la capacidad de autodeterminarse a través del pleno desempeño de sus instituciones.
Venezuela, como cualquiera de nuestros países de la Patria Grande, tiene sus problemas internos. Nadie ignora que muchos de estos problemas son generados “desde fuera” con la complicidad de mezquinos intereses que se defiende “desde dentro”.
Que la fraternidad sea una realidad en América Latina y en el mundo, con el respeto profundo a la autodeterminación de los pueblos.