Walter Castillo Sandino, 22 de marzo 2019
El héroe dominicano Gregorio Urbano Gilbert (1899-1970), uno de los aguerridos jóvenes extranjeros que de forma espontánea se unieron al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSNN) liderado por el General Augusto César Sandino, escribió una obra titulada “Junto a Sandino”. Fue publicado por primera vez en 1979 por la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Es una obra de mucha veracidad y actualidad, pues el escritor nos relata una serie de sucesos en los cuales se aprecia que la impertinencia del clero nicaragüense no es nada nuevo.

Obispos fariseos como Silvio Baez, Abelardo Mata y Rolando Alvarez han jugado el mismo papel ahora que, en aquel entonces, lo hizo el " 'Monseñor Tijerín', obispo de León" entre otros. El clero nicaragüense contemporáneo ha manipulado, abusado y explotado la confianza y devoción de su feligresía de la misma manera que lo hacían sus homólogos en el tiempo de Sandino. El libro "Junto a Sandino" cobra relevancia contemporánea también por la manera en que condena como el "pueblo político de esa nación se mostraba tan servil para con los yanquis, traidor y degenerado", igual que COSEP y la llamada "Alianza Cívica" que han traicionado tan profundamente al Pueblo de Nicaragua, alentando el año pasado a sus activistas delincuentes a violar los recintos universitarios y mantener asediadas a ciudades enteras.
FELONÍA DEL CLERO NICARAGUENSE - NOBLEZA DEL PAPA PÍO XI
("Junto con Sandino", Capítulo VIII. Páginas 192-194)
"El clero de Nicaragua que a la par con el resto del pueblo político de esa nación se mostraba tan servil para con los yanquis, traidor y degenerado, que los escándalos de la iglesia repercutieron hasta en los propios oídos del Papa Pío Xi.
Los púlpitos ya no eran las tribunas sagradas para inculcar en los feligreses las palabras santas sino que los habían convertido los sacerdotes en centros de propaganda a favor de la causa interventora, dándole al pueblo ideas tan odiosas, como era la de admitir con gratitud la intervención de los norteamericanos en los asuntos nacionales, porque al decir de los sacerdotes, era un favor de Dios recibido por Nicaragua para su salvación.
La iglesia de Nicaragua le tenía tan grande rencor a la causa (FSLN) al no «acogerse a los propósitos salvadores de los soldados norteamericanos» que “monseñor Tijerín”, obispo de León, ciudad la más grande de todas las de Nicaragua, solicitó y obtuvo la «gracia» de bendecir las armas de los interventores yanquis cuando estos salían a campaña para que atacaran a los «bandidos, obtuvieran el triunfo sobre sus enemigos y limpiaran la república de tan fea mácula como son esos degenerados que la infestan».
Y no satisfecho el clero de tanta deslealtad para con la patria, abusaba de la confianza y respeto que se le guarda al sacerdote, principalmente por el elemento campesino . Prestándose muchas veces estos a salir con las columnas de los yanquis cuando tan odiados militares iban de campaña, para persuadir a los parientes de los patriotas a que sedujeran a estos a deponer todo rencor contra las fuerzas intrusas y contra los viles de Moncada que los acompañaban, así como también para que los mismos alzados, por respeto a ellos, los sacerdotes, no se atrevieran a disparar contra los yanquis.

Pero de esa manera, bendiciendo a los enemigos de la patria y ensalzándolos, y maldiciendo a los que la defendían y pretendiendo denigrarlos, llorando por los norteamericanos caídos en la campaña y apenados por sus viudas y huérfanos, pidiéndoles a dios acoja a los difuntos salvadores en lo mejor de su Gloria como premio a sus sacrificios por luchar y morir por la «paz y la libertad de Nicaragua», mientras vociferan clamando para que Satanás se comiera crudos a los muertos rebeldes no sea que se les escaparan de la sartén al perder tiempo friéndolos, y que Dios exterminara pronto a los vivos, no tomaban en cuenta los sacerdotes de los tantos sacrilegios que cometían sus bendecidos y defendidos militares rubios invasores, sacrilegios no solo cometidos en las aldeas y en los campos sin o hasta en las misma Managua, en donde los cementerios eran sus centros favoritos para celebrar sus bacanales y cuando el espíritu de Baco se les encendía rompían panteones, rompían imágenes sagradas y cruces, disparaban sus armas de fuego, derramaban el aguardiente por las tumbas y las utilizaban de lechos al satisfacer sus más groseros apetitos amorosos con las más depravadas de las mujeres, llegándose a tomar para lo mismo al propio panteón de San Pedro …
Por lo que tanto indignó el sumo pontífice al enterarse de tan grave falta del Clero de Nicaragua que hubo de dirigirle una epístola en la que le reprendió con severidad semejante proceder, prohibiéndole lo siguiera practicando."
LA PALABRA TIENE PODER
“Yo supongo –escribió el Gral. Sandino a Blanca Aráuz– que nuestro triunfo no admite dudas, pues Dios no solamente ha favorecido nuestra causa, sino que se ha convertido en parte interesada”.
La fe del General en el Señor era infinita. Tanto así que con cinco años de anticipación vio derrotados a los Marines. En su carta a Blanca, sostiene: “Que todas las grandezas que ostentan los piratas no deslumbren a ustedes, porque las grandezas de Dios son las protectoras nuestras”.
“Los piratas se irán de nuestro territorio y ni ellos mismos podrán dar después una explicación de lo que les obligó a derrotarse”. A. C. Sandino. El Chipote, 6 de octubre de 1928.
Ing. Walter C. Sandino
Presidente FANCS
www.acsandino.org.ni