PALABRAS DEL PADRE URIEL MOLINA OLIÚ
13 de Septiembre 2019
Honorables Miembros de la Asamblea Nacional e invitados especiales
No es poca cosa para mí entrar en el número de aquellos que ostentan títulos tan honoríficos como el que hoy se me ha otorgado a mí en esta Asamblea Nacional. Agradezco al Doctor Gustavo Porras, a los miembros de la Junta Directiva de esta Asamblea Nacional, a los diputados y diputadas de esta Asamblea y quiero decirles que me siento profundamente orgulloso porque no es poca cosa entrar a formar parte de aquellos que entregaron su vida por Nicaragua por el país cuyas fiestas patrias estamos celebrando en estos días.

Me siento orgulloso porque esta condecoración coincide con la readmisión de mi Orden Franciscana después de haber estado dimitido de ella desde el año 1946. No es mi intención contarles a ustedes las peripecias que yo pasé cuando en publica reunión del presbiterio de Managua se me acusó de ser un infiltrado de la seguridad sandinista del Comandante Tomás Borge Martínez.
Si es cierto que yo fui dimitido, es también cierto que fui dimitido por cuentos y vicherías que nunca faltan en los conventos religiosos. A Dios gracias se acabó esa pesadilla, yo ahora puedo decir soy fraile menor y me siento orgulloso porque desde pequeño cultivé esa vocación a la vida religiosa y al sacerdocio.
No es poca cosa ser condecorado con la Orden José Dolores Estrada como no es poca cosa contarles a ustedes que así como me fue dada esta orden se me dieron otras tantas muy valiosas también como la de Rubén Darío y la de Augusto César Sandino ambas son para mí un gran orgullo nacional.
Ahora me preparo para los últimos años de mi vida; el 6 de octubre estaré cumpliendo 87 años y estoy muy contento. Mis estudios los hice en el Convento Franciscano Porciúncula de Asís y en el Instituto de la Flagelación de Tierra Santa en Jerusalén. Mis estudios fueron estudios bíblicos que me dieron mucho prestigio debo decirlo y también mucho orgullo.
Ahora estoy pisando los umbrales de este templo por la presencia de tantos amigos embajadores y de personas renombradas hace ya mucho tiempo cuando yo, hace muchísimos años fui golpeado por la enfermedad del cáncer y se debió a la pericia de los doctores que integraban en ese entonces el hospital Militar y en especial uno que está aquí conmigo acompañado el Doctor Esquivel a quien debo la vida para quien pido un aplauso.

Y ahora seguiremos adelante. Yo tengo muchas enfermedades, pero no me amedrentan, la fe que yo sustento ha sido suficientemente grande, amplia como para poder entregarme a ese poder de Asís cuyo nombre fue tomado orgullosamente por el Papa Francisco y quiero recordar aquí aquella bella poesía de Rubén: ¨el varón que tiene el corazón de liz, alma de querube y lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís está con un rudo y torvo animal¨, representado por el poeta dos figuras enigmáticas: la dulzura de San Francisco y la ferocidad del lobo que luego se convierte por las palabras de Francisco y que volvió a retomar el camino de ser otra vez feroz porque los frailes en el convento no le ayudaron a ser feliz, contento, sino que en todos ellos vio el que había revivido la fiera.
Quiero darle las gracias a todos ustedes que han venido acompañarme yo me siento muy contento siento que se juntan en mi la integración a la orden y las condecoraciones que acabo de recibir que el Señor me los bendiga a todos ustedes, que ustedes y yo podamos seguir haciendo una patria grande en la cual este desterrado el odio y en la cual se reconozcan los méritos las glorias de aquellos que sacrificaron su vida para que tuviéramos una patria grande y mejor, muchas gracias a todos.