Sandino en las artes y las letras del Perú

Submitted bytortilla onJue, 13/07/2017 - 19:09

Consejo de Comunicación y Ciudadanía, 13 de julio 2017

Textos de canciones, poemas y entrevistas de autores peruanos dedicados al General de Hombres y Mujeres Libres.
 

CÓMO FUE LA GUERRA DE SANDINO


Entrevista de César Lévano a Esteban Pavletich

 

¿Cómo fue usted a dar hasta las guerrillas de Sandino en Nicaragua?

 

Yo había salido deportado. Leguía dio la famosa Ley de Vagancia que tendía a declarar vagos y enviar a la selva a dirigentes sindicales y opositores. La Federación Obrera Local y la Federación de Estudiantes del Perú preparábamos un paro general contra la ley, cuando, a la salida de una sesión, fuimos detenidos, Luis Bustamante, presidente de la FEP, y yo, que era secretario del exterior. Era en 1925. En junio salimos al destierro. Nos enviaron a Panamá, donde participamos en uno de los movimientos sociales más recios que haya habido en América. El paro inquilinario. El movimiento fue tan grande, que el presidente Eduardo Chiari tuvo que abandonar el Palacio y refugiarse en el Hotel Tivoli, en la zona estadounidense. Las tropas yanquis acamparon en los parques. Hasta la Guardia Nacional de Panamá se incorporó a la lucha popular. En esos días a Bustamante lo deportaron a Cuba, y a mí, a Guatemala. Allí me dediqué a una campaña contra la United Fruit, y en 1926 me deportaron a México. En México, debido a un mitin que realizamos ante la embajada de Estados Unidos, utilizando los balcones de la embajada como tribunas, se inició una persecución contra los organizadores, entre los que estaba Julio Antonio Mella, el fundador del Partido Comunista cubano que fue asesinado a los 26 años de edad. Pude salir huyendo a Cuba, cuando seguramente Fidel Castro estaba gateando. Me vinculé a otros elementos de la Revolución cubana como Juan Marinello, el actual canciller Raúl Roa y un grupo que trabajaba en la Universidad Popular José Martí.

 

¿Conoció entonces a Rubén Martínez Villena, el hombre que como Carlos Oquendo de Amat dejó la poesía por la lucha política?

 

Yo fui secretario de redacción de la revista América Libre, cuya dirección se había entregado a Rubén. Con Mella forman la pareja más recordada por la revolución. A Rubén lo minó la tuberculosis. Bueno, sucedió por esa época que yo seguía manteniendo correspondencia con los trabajadores peruanos, y le dirigí unas cartas al dirigente gráfico Manuel Zerpa. En una de ellas le hablaba de la necesidad de penetrar en las filas del ejército. Las cartas cayeron en poder de la policía. Las autoridades hicieron un gran despliegue de publicidad, reprodujeron las cartas fotostáticamente en la revista Mundial y otros periódicos oficialistas. Se aprovecharon de eso para una represión que llevó a José Carlos Mariátegui a la prisión, y causó la clausura de Amauta.

 

El famoso “complot comunista” de 1927…

 

Leguía se quejó ante el tirano Gerardo Machado, de Cuba, de que desde el territorio de un país amigo un grupo de asilados peruanos conspiraban contra el gobierno del Perú. Machado aprovechó de este pretexto para hacer también su redada. Por supuesto, Bustamante y yo fuimos de los primeros en caer; pero también cayeron decenas de cubanos, entre los cuales estaba Alejo Carpentier, que todavía no era novelista. Después de tres meses de prisión, me echaron de Cuba a México. El 16 de enero de 1928 se inauguró la Sexta Conferencia Panamericana en La Habana. Ya entonces Sandino se había levantado en armas en Nicaragua y había acentuado los ataques a las fuerzas de ocupación norteamericanas. Fue en esa conferencia que Víctor Maúrtua, cuya figura es aquí hasta venerada, presentó como delegado del Perú una moción monstruosa a favor de intervención de Estados Unidos, ya no solamente en el “Mare Nostrum” de los yanquis, es decir, el Caribe, sino en cualquier país latinoamericano. El Secretario de Estado norteamericano. El secretario de Estado norteamericano, Charles Evans Hughes, declaró que esa era “la Biblia de la política latinoamericana”. Después de esa actuación de nuestros delegados Maúrtua, Salomón Osorio y Jesús Salazar, me pareció que debía producirse una reacción de los peruanos exiliados. Creí que era más contundente hacerlo incorporándome a las fuerzas de Sandino. Así fue como viajé hacia Nicaragua, con pasaporte falso, porque no hubiera podido pasar de otra manera por Guatemala, ya que había sido echado de ese país. Me puse en contacto con el poeta Froilán Turcios, que era el contacto del sandinismo en Honduras y editaba la revista Riel en que se publicaban todos los mensajes, partes de guerra, etcétera, de Sandino. Pude entrar a Nicaragua con guías que formaban parte del Ejército Libertador. La travesía la hacíamos a pie a través de las montañas de Honduras y gran parte de Nicaragua. Eso sucedía en los días de la Semana Santa de 1928. Demoramos muchos días en poder llegar hasta la primera columna sandinista, comandada por el coronel Gregorio Colinas. Él se encargó de llevarme a la presencia del general Sandino.

 

¿Cómo era Sandino? En las fotos parece mostrar rasgos de mulato.

 

No. Era más bien mestizo, tirando a blanco. Era hijo natural de un hacendado, don Gregorio Sandino, del villorrio de Niquinohomo, en gran parte dedicado al sembrío de café. Hay una cosa curiosa: los libros, los artículos, llaman Augusto César Sandino al héroe, porque él firmaba Augusto C. Sandino. Pero el hecho es éste: Sandino era hijo de don Gregorio y una empleada muy subalterna, una señora Calderón. En Nicaragua se acostumbra que los “hijos naturales” lleven el apellido de la madre. Durante muchos años, Augusto se firmaba Augusto Calderón. Cuando el padre lo reconoció como hijo, y lo recogió, entonces la “C” quedó como inicial de un segundo nombre. Esto está basado en documento incontrovertible, inclusive en la versión personal que el propio Sandino daba entre sus amigos. Era muy poco autobiográfico, pero entre lo poco que revelaba de su biografía figuraba este hecho.

 

Usted va hacia él. ¿En qué lugar lo encuentra? ¿En el monte?

 

Me encontré con él el 14 de mayo de 1928. Me acuerdo mucho de la fecha porque el 13 había yo cumplido veintidós años. Ocurrió después de un combate que había librado el jefe de su Estado Mayor, el general guatemalteco Isidro Ruano, general de las fuerzas regulares de Guatemala, uno de los elementos más distinguidos, más preparados de los que sirvieron a las órdenes de Sandino y que luego fue capturado y fusilado envuelto en cadenas, por los estadounidenses. Ruano había librado un combate en Bocay. La región en que estaba Sandino era la confluencia entre los ríos Bocay y Coco, cerca de la frontera de Honduras. Alcancé a ver ese día y el siguiente, cosas que podrán parecer monstruosas para quienes no han estado en una guerra o en una guerrilla, los cadáveres de los infantes de marina que cayeron en ese combate. Estaban colgados de los árboles, como si fueran grandes frutos que ofrecía la selva. Por supuesto estaban desprovistos de vestidos, de botas y otras prendas, porque todo eso era de gran valor para los soldados de Sandino, que era un ejército de desarrapados, en su mayor parte campesinos y mineros. En el momento en que íbamos a encontrar una columna del coronel Colíndres con el Estado Mayor de Sandino, oímos un toque de diana. Así llegué donde Sandino, quien estaba rodeado de su Estado Mayor, todos sentados en el suelo. Fui presentado a él. Físicamente, Sandino no daba impresión del carácter, la tenacidad, el valor del que estaba poseído. No alcanzaba tal vez al metro sesenta de estatura. Calzaba unas botas de minero, llevaba pantalón de montar, camisola kaki. De su cintura colgaba una pistola 44, cuya funda estaba amarrada a una pierna con una pequeña cuerda para que no le molestara la marcha. Se peinaba con raya al medio. Tenía unos ojillos vivaces, muy móviles, castaño oscuro hasta parecer negros; nariz prominente y ancha en las bases; boca de labios muy finos, que podrían denotar crueldad para quienes se dejan llevar por teorías sobre rasgos fisonómicos; pero Sandino no era un hombre cruel, era un hombre justo. Desde ese momento me incorporé a la secretaría de Sandino, que estaba ocupada por quien era tal vez la primera figura al lado de Sandino. Me refiero a Agustín Farabundo Martí, el revolucionario salvadoreño. Él había terminado sus estudios de Derecho. Era comunista, no militante del Partido Comunista, porque todavía no lo había formado en El Salvador y Nicaragua; era comunista por educación.

 

No había más elementos para poder formar un núcleo dirigente que sirviera de asesoramiento al general Sandino. Aun varios de sus generales eran completamente analfabetos. Se caracterizaban por su valor, pero no por su sentido político. En política, Sandino era hombre de pocos libros. Tenía experiencia sindical en Tampico, la zona petrolera de México. Además, había sido mecánico en Honduras. Se había producido un movimiento contra el presidente nicaragüense Adolfo Díaz, movimiento apoyado por México en función de su lucha por el artículo 17 de su Constitución, que proclamaba el derecho del Estado sobre el subsuelo. Las compañías estadounidenses e inglesas habían iniciado una campaña terrible contra México. El presidente de México, Plutarco Elías Calles, había decidido apoyar al vicepresidente nicaragüense Juan Batista Sacasa, legítimo sucesor de la presidencia. Adolfo Díaz había sido colocado por los yanquis. En Puerto Cabezas se había formado un gobierno presidido por Sacasa y militarmente dirigido por el general José María Moncada. Como este movimiento encabezado por el Partido Liberal iba adquiriendo gran vigor, y las tropas conservadoras al servicio de Díaz sufrían constantes derrotas, los estadounidenses empezaron a crear lo que se llamó las zonas neutrales. Cuando los conservadores estaban en proximidad a un combate con los liberales, la zona era declarada neutral. Se procedía a desarmar a los liberales.

 

El primer desarme se produjo en Puerto Cabezas, en el Atlántico1. El armamento quitado a los liberales fue arrojado al mar. Sandino, que había descendido por el río Coco desde las Segovias, casi de un extremo a otro del país, de oriente a occidente, con la ayuda de algunas prostitutas recoge fusiles y cartuchos arrojados al mar2. Sandino, de regreso, va donde Moncada, para incorporarse a la lucha -porque él era liberal, como toda su familia. En Nicaragua se era liberal o conservador. Moncada, desde antes de esa acción, a primera vista, sintió gran aversión por Sandino. Se negó a darle armamento, para que abriera un nuevo frente de lucha en las Segovias, que era la zona que él conocía perfectamente. Sandino, al regresar de México para incorporarse a este movimiento, se había empleado en la mina San Albino, de una compañía yanqui, para catequizar a un grupo de mineros que fue con el que inició el viaje hasta Puerto Cabezas para la recolección de fusiles. El armamento fue llevado a las Segovias, que es una zona que abarca cinco departamentos. Haciendo un paréntesis, diré que Nicaragua tiene 149 mil kilómetros cuadrados, de los cuales nueve mil son lagos. Sandino se movilizó durante toda su campaña en no más de treinta mil kilómetros cuadrados. Allí se mantuvo casi seis años, sin sufrir mayores derrotas. Hay que tener presente esto: Nicaragua es un país que debe tener ochenta lenguas de ancho, y los yanquis tenían barcos de guerra en el Atlántico y en el Pacífico. Tenían cerca de quince mil hombres en tierra y habían copado el aire.

 

Cuando él empieza sus guerrillas, Mao no ha entrado todavía a la acción militar. Solo en agosto de 1927 encabeza la “insurrección de otoño”.

 

Mao más bien aprovechó la experiencia de Sandino. Igual ocurrió en Cuba, en Argelia. Cuando todavía el Kuomintang era un partido con cierto acento revolucionario, porque formaban parte de él las tropas comunistas, el día que las fuerzas de Chiang Kai-shek entraron en Shangai, llevaban grandes pancartas con el retrato de Sandino. En todo el mundo se conocía ya a este hombrecillo, a este mecánico anónimo, que se había improvisado guerrero para impedir que todo el territorio de Nicaragua fuera ocupado por Estados Unidos, y que tenía que luchar contra los yanquis y contra conservadores y liberales.

 

¿Oyó alguna vez hablar a Sandino sobre sus reglas de guerra?

 

Realmente no las exponía ni las había concretado en una cartilla o manual. Las había ido extrayendo de la práctica. Por ejemplo, sus tres primeros combates con los infantes de Marina le fueron totalmente desfavorables. Especialmente el primero, que fue en la plaza del Ocotal. Sandino atacó nada más que con sesenta hombres armados el Ocotal, donde los yanquis y los conservadores estaban acuartelados en lo que era casi un fuerte. La población civil sufrió una verdadera catástrofe desde los aviones. El pueblo había seguido a los guerrilleros al penetrar en la plaza. Tuvo que batirse en retirada. Tuvo otros dos intentos de batir al enemigo allí donde estaba fortificado. Ya no volvió a hacerlo más. Entonces empezó a aplicar el sistema de la guerrilla móvil, el de las emboscadas. Hay que considerar que las fuerzas de Sandino tenían pocas armas, no recibían paga y en la época de siembra se reducían. Había un 70 por ciento de campesinos, incluso algunos hondureños. El resto eran mayormente obreros, algunos artesanos y aun elementos del lumpen, que eran ganados para la militancia por la causa de Nicaragua. El servicio de espionaje funcionaba maravillosamente. Toda la población servía por propia iniciativa.

 

¿Qué papel desempeñaron las mujeres?

 

El sistema que existía era el de las soldaderas, equivalente de las rabonas nuestras. Ellas vivían en los campamentos junto con los hombres. Cuando se iba a producir una emboscada, los hombres se desprendían. A veces una emboscada duraba muchas horas, porque la columna norteamericana se demoraba. Entonces ellas llevaban los alimentos hasta los propios lugares de la acción. Si estaban presentes en el momento de la emboscada, y caía el marido u otro combatiente, ellas tomaban el fusil. Sandino mismo tenía una compañera. Él se había casado en los primeros momentos de la ocupación norteamericana con la telegrafista de San Rafael del Norte, que fue la ciudad en la cual él lanzó su primer manifiesto contra la ocupación y contra la capitulación de Moncada. Bueno, pero tenía una mujer, digamos de campaña, y que vale la pena hacer resaltar. Era Teresa Villatoro. El nombre se parece al de la Teresa Toro de Bolívar. Era salvadoreña, tenía un hijito. Era mujer de gran coraje, que lo acompañó durante toda la campaña. La esposa, la telegrafista, se había quedado en la ciudad, porque era una mujer de complexión delicada. La Villatoro era una gran compañera. Incluso podía intervenir en algunas decisiones. Fue herida en una ocasión por el charnel de una granada lanzada desde un avión. De la frente se le desprendió un trozo de hueso. Sandino hizo engastar ese trozo de hueso en un anillo que tenía como amuleto.

 

¿Por qué salió Sandino a México en 1929?

 

Me interesa que se sepa las razones por las que se convirtió en prisionero de Estado en México. En Honduras se produjo un cambio de gobierno, y subió al poder un doctor al servicio de la United Fruit Company, Vicente Mejía Colinas, quien firmó un acuerdo con Washington para impedir todo paso de ayuda hacia Nicaragua. Se había formado una Guardia Nacional organizada por el Partido Liberal. Además, a Sandino le recrudeció una dolencia de paludismo. Turcios, su representante en Honduras, se entregó al gobierno de su país y fue nombrado cónsul en París. Además, había sido un error nombrar representante suyo en México a José María Cepeda.

 

Luego de los finteos revolucionarios de la pequeña burguesía mexicana, el presidente Coolidge había nombrado embajador en México a Mr. Dwight Morrow, quien logró conciliar los intereses de Estados Unidos y de los dirigentes de la Revolución mexicana. Se produjo un avenimiento, una entrega de la pequeña burguesía al imperialismo. Simultáneamente se inició una represión contra la izquierda. Se había producido el Termidor de la Revolución mexicana. El embajador Morrow, de la Casa Morgan, había sido perfectamente elegido para eso. Entonces se formó un triángulo encargado de liquidar la lucha de Sandino en la montaña. Lo formaban Portes Gil, presidente provisional de México, Mr. Morrow y José María Cepeda. Portes Gil relata en sus memorias que Cepeda se presentó un día a Palacio para decirle que Sandino abandonaría la lucha si los infantes de Marina se retiraban de Nicaragua. El intento fracasó. Entonces se aplicó otro plan, que dio frutos: el de que Sandino viajara a México, atraído por promesas de ayuda oficial. Al llegar Sandino a la frontera de Guatemala con México, se presentaron tres generales mexicanos y le brindaron honores de general de división. Lo acompañaron hasta el puerto de Veracruz; pero en vez de llevarlo a la Ciudad de México, le dijeron que había que dejar que se enfriara el entusiasmo popular. En Veracruz el pueblo le había hecho un recibimiento apoteósico. Lo mandaron a Mérida, como decir que en el Perú a un invitado oficial lo envíen a Iquitos. Allí comenzó la etapa más atormentada de Sandino. Estuvo casi un año virtualmente prisionero del régimen mexicano.

 

¿Usted ya estaba en México?

 

Sandino salió en junio de 1929 de Nicaragua. Dos meses antes, sospechando de los planes de Cepeda y del Gobierno mexicano, me envió a México para sondear el caso. Yo me di cuenta de todo el plan; pero ya no pude regresar a Guatemala. No disponía de fondos ni recursos. Bueno, cuando al fin llegó Sandino a Ciudad de México, se despertó un entusiasmo multitudinario. Yo recuerdo que en el Teatro Lírico le organizaron un homenaje. Las seis u ocho cuadras que había desde su alojamiento hasta allí estaban repletas de gente. Medio México se había volcado para ver a Sandino. En el teatro, lo recuerdo con cierta vanidad, Sandino me encomendó tomar la palabra en su nombre. Pero poco después se produjo una represión contra la gente de izquierda que rodeaba a Sandino. Sandino, en gesto de protesta, huyó de Mérida. Viajó como mecánico con documentos falsos a Guatemala. Finalmente regresó a pelear en las montañas de Nicaragua. Hay que precisar que Sandino no era comunista. Aunque tenía una gran inclinación a la izquierda, su propósito era mantener un frente único amplio.

 

¿Qué nos puede decir de la muerte de Sandino?

 

El 1º de enero de 1933 se hizo cargo de la presidencia de Nicaragua el jefe liberal Juan Bautista Sacasa. Fue un presidente impuesto por los Estados Unidos, al mismo tiempo que imponía como jefe de la Guardia Nacional a Anastasio Somoza. El 2 de enero había salido el último soldado norteamericano de Nicaragua. Sandino se quedó combatiendo contra la Guardia Nacional. Entonces vinieron los trajines para que suscribiera un pacto con Sacasa. Las aves de rapiña de la política nicaragüense lograron la firma. Sandino recibió unas tierras, en las que creó una cooperativa con los cien hombres que le quedaban de su ejército. Todo parecía en paz hasta que un día lo invitaron a Managua, la capital. En la noche, después de cenar en Palacio, fue ametrallado en el aeropuerto. Allí estaba montada una ametralladora. Da la coincidencia de que un mayor disfrazado de cabo que era el ejecutor de la maniobra ideada por Somoza, así como otro oficial, eran masones. Sandino se había incorporado a la masonería en Mérida Yucatán, a la Logia Chilam Balam. Lo curioso es que en esa misma logia se hizo masón Haya de la Torre. Bueno, el mayor llamó al teatro en el que en ese momento estaba Somoza, escuchando un recital de la declamadora peruana Zoila Rosa Cárdenas. También Somoza era masón, y por eso el mayor quiso consultarle. Pero Somoza se hizo negar. Hay que precisar que horas antes, había conferenciado con el embajador de Estados Unidos, Arthur Lane. El hecho es que la orden se cumplió. La ametralladora fue puesta en marcha, y liquidaron al general Sandino, a su hermano Sócrates y a sus generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor. Sus cadáveres desaparecieron para siempre.

 

Caretas. Lima, 7 de febrero de 1974.

 

 

¡LA RAZA SERÁ GRANDE!


José María Arguedas (a los 17 años)

 

Sandino conoce a sus verdaderos enemigos: va contra ellos. Y los árboles, las bestias, todos se unen a su causa; hasta las mujeres se dejan arrastrar por el interés de la raza y combaten con Sandino.

 

¡Americanos!, a ellos: salve. Seremos grandes y más tarde hará un Sandino en cada pueblo porque necesitaremos de ellos y serán como Pompeyo: donde ponga el pie saltarán las legiones.

 

Inti, año 1, N°1, setiembre de 1928. pp.15-16, Huancayo.

 

PRIMAVERA TRIUNFANTE (fragmento)

 

Arturo Corcuera

 

I

Muchachas que miráis los precipicios

bajo crepúsculos desesperados,

infantes que jamás habéis reído,

seres opacos que caváis la noche

hasta encontrar el sol de los metales,

inviernos taciturnos,

jornaleros,

remos hundidos,

pianos, soledades:

Viene la primavera.

Viene alada

legándonos la paz.

No la paz del ciprés

que custodia el silencio de los muertos.

No la paz de planicies desoladas.

No la paz de las celdas del convento.

Es otra nuestra paz.

 

II

La paz del río cosechando peces,

la paz de las canciones de mamá,

la paz del fuego en medio de la noche

dorando el sueño de los panaderos.

La paz del mar

palpitando en las redes.

La paz de las oscuras golondrinas

conduciendo en sus alas el verano.

La paz de octubre pleno de setiembre.

La paz del campo lleno de domingos.

La paz florida de las zanahorias

floreando las mejillas de los niños.

La fiera paz de los libertadores,

la santa paz que no encontró Sandino,

de los guerreros en tiempos de paz,

del campesino dueño de la rosa,

del colmenar en manos del obrero,

de los albos relámpagos pacíficos,

de los rojos crepúsculos pacíficos,

de los dulces océanos pacíficos.

(…)

Primavera Triunfante, Ediciones de la Rama Florida, Lima, 1963.

 

NICARAGUA ES ETERNA

 

Marco Iriarte - Tiempo Nuevo

 

1933. El 2 de febrero llega Sandino a Managua,

en el aeropuerto no cabe un alfiler.

 

1934. El 21 de febrero Somoza reúne a su Estado Mayor

hay Consejo de Guerra en su propia casa.

Washington ha decidido

la muerte de Augusto César Sandino.

 

Cuando salías de la casa de macabras marionetas

nadie sabía del futuro de tu frente liberada.

La tierra te esperaba con tu pueblo esperanzado

la historia no terminaba sólo estaba continuando.

 

Sandino: Contra ti están conspirando.

Sandino: Contra ti están conspirando.

 

Los tiranos ya destilan por sus poros, odio, muerte, lava y fango

traicionera es la mano que dispara contra tu cuerpo insurgente.

Si tu cuerpo se caía y tu sombrero daba saltos

tus ideas y tu lucha estaban resucitando.

 

Sandino: tus ideas no han matado.

Sandino: con tu pueblo estás luchando.

 

Muchos años han pasado, sí

botas frías, dinastía

fosas que llenan rebeldes

feudo, miseria que hierve

 

¿Por cuánto tiempo creían los tiranos de hojalata

que soporta un pueblo entero la bota de la opresión?

5, 10, 30, 50 años de dolor y de humillación

Pero ya en agosto, ya en diciembre

todo momento es para la rebelión

Ya lo vemos, compañeros

¡Nicaragua es eterna, los Anastasios no!

 

Combate en la calle, el campo, en la choza

Que sepa el tirano que esto se acabó

 

Por Sandino digo:

¡Se acabó!

 

Levanta la mira fusil contra el trono

Contra marioneta y su mano mayor

 

La fruta es más rica si es libre la tierra

La lluvia es más fresca si es libre tu cielo

 

Levanta la mira, fusil libertario

contra el mercenario y su hermano mayor

 

Por Sandino digo:

¡Vencerás!

 

 

Tiempo Nuevo, Nuestro Canto, Lima: Epocap, 1975-76.

 

SANDINO

Tomás Borge

 

El general era león
traficado y enorme
Parecía montaña

de lumbre

de luna llena

de héroe diciéndolo al oído

y todos oyeron


Se ponía un pie en la cabeza

-contaba su amigo mi padre-

y hasta los dos

 

Por eso fue fehaciente y venado

el ojo contagioso

para mirar lejos lejos

con el corazón amarrado

a las chispas de un sombrero

despejado de desdén

 

Las pestañas listas para mirar azul

desde las pupilas grises

con las que vio a Blanca

doblada en lágrimas

por una ola que parecía beso

 

No tenía miedo a la paz nos decía Carlos

me refiero a Carlos Fonseca

el de la alondra que comía banderas

ni a la muerte
ni a la curva del camino

una emboscada era cosa de niños

dos o tres, después las harían Fidel y el Che

mientras dormían los ruiseñores

 

No se comía las uñas

no le salían callos

solo en el dedo índice

las botas en las tierras húmedas

de varias leguas a la redonda

parecían caminar de puntillas

trinar y rugir y muchas cosas

cantar si Adelita se fuera con otro

y los invasores son hijos de puta

para hacerles el corte de chaleco

cuando los venados miraban a los

pájaros saltar a la suavidad

y hasta hacer muñecos de zacate

para engañar a los aviones

pero no mentía

era leal como recién nacido

y se puso serio

encabronado

y Bolívar a la hora de la muerte

 

Lo enterraron en una gran mañana

mientras los relojes marcaban todas las horas

y nosotros caminábamos

sacudiéndonos el sueño de los ojos

 

Lima, abril de 2009

 

Sandino, 21 febrero 1934

Óscar Málaga

 

Las palabras se traban en tu nombre.

Te detienes frente a la garita.

En tus sueños revolotea el futuro.

Avanzas en la oscuridad. No estas solo.

La traición no te detendrá.

Sonríes.

En todas las ventanas de América

Se enciende una luz.

Parpadea la ciudad.

El paisaje reverdece.

Entras en la eternidad

 

Auckland, junio de 2014

 

SANDINO

Rosina Valcárcel

 

Compañero Sandino has venido a visitarnos

Nicaragua tiene adentro una alegría porfiada

Te recordamos tiñendo la vida de arcoíris

Tu mamá Margarita Calderón pintó de flores tu infancia

Ágil jugando con pelotas de trapo en tu barrio

Corajudo, alertas las casitas llenas de humo

Juraste ante los oprimidos

Y los yanquis temblaron

 

Quién a traición mandó detenerte

Quién decretó asesinarte

 

Libertario de hombres y mujeres

Hombre de risa abierta, nicaragüense

El pájaro guardabarranco disipa tu corazón

Y el árbol madroño cuelga tus sueños

Universal de miras

 

Cae un trueno sepia sobre la tierra

Tu intacto cuerpo humeante

Apunta que eres sol en el río magenta

 

Por arte de magia los mártires de la patria

Permanecen entre rosas de sal bajo la lluvia

Y tú, compañero

Eres astro-nube iridiscente bajo el horizonte

Bordando a disparos el compás.

 

Otoño 2014, mayo 2017

 

SANDINO, BIENVENIDO

Winston Orrillo

 

Para Marcela Pérez Silva, embajadora de Sandino en el Perú

 

Salud, mi general:

tú nunca nos dejaste

porque el combate sigue

y flamean victorias

que tú ya troquelabas.



Buenos días, Sandino,

General de Hombres Libres:

la muerte y sus tumores

batiste, y tú, aleonado,

galopas en su alfombra.



Salud, mi camarada,

acogotaste al súcubo

chacal de aquel imperio (y

sus cachorros romos,

mas siempre tan fenicios

y asaz tan deletéreos).



Relumbran, ya, por eso,

tus hombros, parapeto,

del hombre nuevo y nuestro;

¡y, asimismo, la indemne

mujer inagotable

en todas las batallas!



Yo saludo a tus botas

y a tu sombrero

altivo: acerados

emblemas

que fustigan

la Historia.



Y bien, Augusto

César, encabritado líder

crepitas con tu ejército

de pobres poderosos.



Amortajaste al yanqui

enfardaste sus ansias

de entabicar

tu patria

como una nueva estrella

de su bandera estéril.



Dijiste: Patria Libre,

Patria Libre o morir

mas tu enseña

hoy enhiesta

ondea ya

en tu patria,

sin yanquis bucaneros.



Con 29 hermanos,

más tu que comandabas,

iniciaste el Ejército

Defensor de tu tierra (que

era también la nuestra: y

guerra de guerrillas

y machete en la mano

humillaste al artero

invasor aullante).



Tenías claro, entonces

-como ahora en tus lares- que

la soberanía de un pueblo

no es materia de pláticas

baldadas, sino que se defiende

con las armas crispadas.



Mientras tanto la

Guardia Nacional –ese engendro

jurásico del yanqui emponzoñado-

medraba en Nicaragua

y anudaba en abusos

innúmeros y umbríos

contra los sandinistas.



Anastasio Somoza García

urdió, sí, la emboscada

para el asesinato de Sandino

y sus fieles generales

adjuntos (Estrada y Umanzor).



Estos fueron los hechos: la artería

provino de la orden parida

por la embajada yanqui.



Pero Sandino ya era

un emblema indeleble

que fecundó en el mundo

contra los aleteos

de tanto cuervo rubio.



Y así, el 61, del siglo recién

yerto, se fundó el Sandinista

Frente Liberador; que en Julio 19

de aquel 79, dijo al mundo

flamígero que Augusto

César vive: que su amor por

los pobres (siempre fiel a su origen,

del seno, sí, oprimido) hoy fulge

en Nicaragua, tan libre

y Sandinista como él lo jurara

cuando puso su espada

a defender sin pausa

su patria y su decoro:

la redención del pobre

y de los humillados.



Sandino, pues, el héroe

el genial visionario

la oriflama de aquella

la Nicaragua nueva: augusto

paradigma de hidalgo

que naciera del seno, sí,

oprimido, para sus redenciones:

¡ pues su espíritu pleno

fue el del amor al pueblo

en cuya entraña vive!



Oh, general salvífico

para las patrias nuestras:

una misma

y enhiesta Nación

a quemarropa.



¡Por eso nadie, ahora, se llame

Augusto César,

mientras tú resplandezcas:

es decir, para siempre!

 

 

La Calera, Lima, 21 de febrero, 2014

 

BLANCA ESTELA

Marcela Pérez Silva

 

A Blanca Estela Aráuz Pineda, telegrafista y guerrillera,

esposa del General Sandino

 

Llegaste escoltado de jaguares y cenzontles

alborotando las rayas y los puntos

de mi telégrafo Morse

a esta villa de San Rafael del Norte.

 

Cuando tu silueta

de héroe y bandolero

tocada de sombrero y botas altas

se dibujó en la puerta de mi casa

supe que lo nuestro sería

de Patria Libre o Morir de amor.

 

Vibró mi mano al transmitir tu Manifiesto:

«Juro ante la Patria y la historia

que mi espada defenderá el decoro nacional

y será redención para los oprimidos».

Y te seguí montaña adentro.

 

Por vos atravesé las selvas pobladas de fieras y mosquitos

navegué en pipante por el río Wanki

crucé las montañas segovianas a lomo de mula

conocí en León la Cárcel de La 21

y afiné la puntería en la cuenca del Poteca.

 

Aprendí a llenarme de pólvora las manos

y de barro los pies

a ser valiente y soberana

a llevar «el sol de la libertad sobre la frente»

y el orgullo de vos a flor de pecho.

 

Tu sombrero alón sobre mis rodillas

tu brazo guerrillero envolviéndome entera

tu cuerpo amado entre la milpa crecida

tendido junto a los helechos

llamándome esposa mía

mi par, mi pajarita segoviana

emboscadora del bosque

llamarada.

 

Fui colaboradora, confidente, cómplice tuya.

Interceptadora de marines y vendepatrias.

Operadora de tus proclamas de guerra.

Destinataria de tus mensajes de amor:

«Te debes convencer de que te amo

y de nada te servirá gastar sal en el mar.

Eres tú mi esposa. Yo soy tu mar. En mí confía».

 

Construí bombas de mecate

en latas de sardinas

las rellené de tuercas, vidrios rotos y piedrecitas

¡Viva Sandino!

mientras los aeroplanos yanques

llovían fuego sobre Yucapuca.

 

Bauticé los campamentos nombrando la esperanza:

«La Calma», «Luz y Sombra», «La Chispa» y «El Chipote»

Aticé fogones para echar tortillas para todos

y fogatas para escucharte leer el Quijote

en medio de la noche guerrillera.

 

Morí alumbrando la vida.

De mí quedó sólo una mecha enamorada

junto a una blanca estela

de pólvora.

 

Lima, 16 de junio de 2014

1 Nota de César Lévano: El argentino Gregorio Selser escribe: “el 24 de diciembre de 1926, el almirante Julián Latimer, al mando de las fuerzas concentradas en puertos de Nicaragua, intima a Sacasa y Moncada a desalojar Puerto Cabezas. Los cañones de los cruceros ‘Denver’ y ‘Cleveland’ se divisan desde tierra”.

2 Selser precisa: “en esas 48 horas de ocupación inicial, muchachas nicaragüenses, pobres prostitutas del puerto, otorgan sus favores a los “marines” y en lugar de dólares les piden fusiles y municiones”