Las buenas nuevas de Jesús para ayer, hoy y por siempre

Submitted bytortilla onVie, 10/04/2020 - 17:25

Moises Medrano Garay, 10 de abril 2020


Revolutionary religious figures, Padre Miguel d'Escoto and
Padre Uriel Molina celebrate mass assisted by Tomás Valdez

Las buenas nuevas de Jesús para ayer, hoy y por siempre:  Dios es fuente de vida y no de muerte

 

¿Por qué celebrar la “semana santa” y la “pascua de resurrección” este año, en medio de una pandemia mundial, de muchas malas noticias y de “guerras y rumores de guerra”?

 

En esta semana, llamada “semana santa”, el cristianismo conmemora la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Teológicamente vista, es una conmemoración que, al mismo tiempo que es festiva, es solemne, y supone el cumplimiento de una promesa: la promesa divina de que la vida plena está ahora al alcance de todos aquellos/as que aceptan el mensaje (la palabra y el ejemplo) transformador del hijo de Dios: Jesús de Nazareth. ¿Cuál es exactamente ese mensaje y qué significa su aceptación?

 

Según los textos bíblicos judeocristianos, mucho antes de que existiera la celebración cristiana, ya los judíos conmemoraban tradicionalmente la fiesta de pascua, la cual recordaba cómo ellos (los judíos) habían sido liberados de Egipto: el lugar donde fueron esclavizados por el faraón, lugar de “muerte temprana e injusta” (Gutiérrez). Para los judíos esa liberación significó un nuevo inicio y una promesa: que Dios les hacía su pueblo y que ellos, por el amor gratuito de Dios, habitarían en un lugar donde fluiría leche y miel. Sin embargo, según los relatos bíblicos, el pueblo hebreo se desvió una y otra vez del camino dispuesto de su señor, cometiendo injusticias de todo tipo y cayendo en idolatría. Y esto conllevo a que la promesa no fuera del todo cumplida. Pero Dios nunca abandonó su promesa por completo, pues en realidad tenía otra cosa “en mente” ...

 

Es en el marco de aquella liberación y de la promesa que le acompañó que hay que entender la vida, muerte y resurrección de Jesús: su mensaje. Éste – quien, según el texto bíblico, era un hombre migrante, obrero, sin techo fijo donde refugiarse, y que a la vista de muchos era “insignificante” – fue elegido el hijo, el enviado de Dios, para anunciar las buenas nuevas. ¿Cuáles eran estas? La respuesta está en la vida y predicación del nazareno: 1) andaba con lo “vil y menospreciado” de su tiempo: trabajadores (pescadores, artesanos, campesinos, etc.), gente considerada vil (pecadores de todo tipo: prostitutas, ladrones, publicanos), enfermos; y también compartía el pan con esta gente y lo multiplicaba; 2) predicaba el amor: “a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”, y aún amor al enemigo, pero especialmente amor a la “viuda, el huérfano y el forastero” (los pobres de la época).

 

En otras palabras, el mensaje de Jesús se hacía claro en su forma de vida y en su relación con los y las demás, así como en sus palabras. Era pues la promesa de “ayer” dada a los hebreos, pero cumplida “hoy”; era la promesa de la vida plena, vida eterna, hecha realidad en el ahora: “el reino de los cielos está entre vosotros”. Era una forma de decir: Dios es amor y los ama, está con ustedes, solamente deben aceptar el ofrecimiento de caminar con él y como él hacia su reino de paz, amistad, amor: caminar hacia la eternidad de justicia – donde ya no habrá más lagrimas que enjugar – desde el ahora colectivo e individual.

 

Y es que el aceptar aquel ofrecimiento significa y significó también, caminar como Jesús caminó; seguir los pasos de Jesús; andar como el anduvo: con el corazón dispuesto a amar y perdonar; dejar de lado el amor idólatra: amor del poder por el poder; amor por el dinero por encima de Dios y del prójimo; amor por uno mismo, de forma egoísta. En otro sentido: era aceptar el amor por el servicio: honesto y preferencial por el y la “insignificante” (los pobres) de la tierra. Y es por ello que, visto teológicamente, la resurrección es la “prueba” contundente de que Dios cumple con su palabra; es el mensaje más claro del Padre, quien nos dice que la vida triunfa sobre la muerte; que Dios es fuente de vida y no de muerte. Y es por eso por lo que el que ama y busca la paz es llamado “hijo de Dios”: porque la paz se opone a la guerra y, por lo tanto, a la muerte. Y es por eso mismo que Dios rechaza la injusticia contra el prójimo.