Becca Mohally Renk*, NicaNotes, 29 abril 2020
Desde el anuncio de la pandemia de coronavirus en marzo, hemos visto que los medios de comunicación de la oposición en Nicaragua citan “fuentes extraoficiales” e “informantes” no identificados diciendo que hay muchos más casos de COVID-19 que el Ministerio de Salud (MINSA) informa oficialmente, y estos cuentos se repiten en los medios internacionales. Nuestra organización, el Centro pro Desarrollo en América Central (CDCA), lleva más de veinte años administrando una clínica médica en Nueva Vida, uno de los barrios más pobres del país. Coordinamos estrechamente con el MINSA en ese trabajo y hemos estado coordinando con los funcionarios de salud locales sobre COVID-19 y la actual campaña nacional de vacunación, por lo que puedo contarles un poco sobre el protocolo de MINSA y la forma en que reportan enfermedades.
Cada proveedor médico de MINSA en los puestos de salud, centros de salud y hospitales completa una hoja de patología para informar lo que están viendo en sus pacientes, y MINSA usa esos números para rastrear enfermedades en todo el país. Cualquiera que haya estado en una sala de examen en una clínica u hospital de MINSA sabe que el médico tiene una larga hoja de patología con una lista de dolencias y síntomas comunes y mientras dan consulta a cada paciente, marcan las dolencias que correspondan. El médico que atiende al paciente marca las categorías de dolencias: infecciones respiratorias, infecciones del oído, fiebre, problemas gastrointestinales, etc., pero estas hojas no tienen COVID-19 porque no pueden diagnosticarse en una consulta. Cualquiera enfermedad que necesite una prueba de laboratorio de cualquier tipo para su confirmación no se enumera, sino que se marca en una categoría amplia o por síntomas. Por lo tanto, un paciente con síntomas correspondientes a COVID-19 aparecerá en esas hojas de patología por tener una enfermedad respiratoria. La neumonía es una infección secundaria asociada con COVID-19, no sinónimo de COVID-19, por lo tanto, cualquier paciente sospechoso de COVID-19 pero que también tiene neumonía, de hecho, se informará que tiene neumonía.
El protocolo de MINSA para la pandemia de COVID-19 es el siguiente: cada centro de salud tiene un médico en una habitación separada asignada para atender a pacientes con problemas respiratorios. Cuando el médico sospecha que un paciente tenga COVID-19, llama a MINSA Central y ellos mandan a buscar a esa persona, y los llevan a realizarse la prueba en el hospital; esto es importante, porque a esa persona no se le dice simplemente que vaya al hospital por cuenta propia (es posible que no iría, o que iría en bus posiblemente contaminando a otros pasajeros), más bien el centro de salud cuida el paciente hasta que el MINSA pueda venir a buscarlo. El médico del centro de salud informa en su hoja de patología neumonía o problemas respiratorios o fiebre o cualquier síntoma que vió en ese paciente.
Es cierto que el MINSA ha centralizado las pruebas de coronavirus, porque hasta donde se ha informado, solo hay un laboratorio en el país autorizado para realizar las pruebas. Es ese laboratorio el que luego informa el número de pruebas positivas de coronavirus, y esos son los números que MINSA informa en su rueda de prensa diaria. Además de evaluar a los pacientes con síntomas de COVID-19, el MINSA también realiza pruebas al rastreo de su propio personal y de pacientes que no informan síntomas de COVID-19, en un esfuerzo por detectar casos asintomáticos antes de que se propaguen.
Si bien MINSA no informa a diario cuántas pruebas han realizado en general, sí informan la cantidad de casos sospechosos que actualmente manejan aislado bajo cuido responsable. Esto sigue el protocolo de rastreo de contactos que MINSA ha estado utilizando durante esta pandemia, que se ha utilizado con éxito en otros países como Alemania y Taiwán. (Taiwán ha estado apoyando los esfuerzos anti-COVID-19 de Nicaragua). Este protocolo en particular ahora está comenzando a ser adoptado en algunos lugares de los EE. UU., como Massachusetts.* El rastreo de contactos significa investigar quién ha tenido contacto con el paciente con COVID, comunicarse con estos individuos y realizarles la prueba. Luego, el protocolo exige poner en cuarentena a las personas que MINSA cree que pueden tener el virus y hospitalizar a pacientes enfermos. El sistema nicaragüense de atención de salud basado en la comunidad está idealmente estructurado para este tipo de enfoque, ya que el MINSA cuenta con decenas de miles de promotores de salud capacitados en todo el país que pueden dar seguimiento a casos sospechosos en sus vecindarios.
Vimos con ojos propios este enfoque comunitario en Nueva Vida a principios de este mes cuando decenas de personas llegaron a la comunidad desde Costa Rica. Cuando la nación vecina de Nicaragua entró en cuarentena, muchos nicaragüenses que trabajan en la industria de servicios perdieron sus empleos y deseaban regresar a sus hogares, pero Costa Rica había cerrado sus fronteras y no podían salir. Entonces, la gente que conocemos de Nueva Vida hizo como muchos otros: cruzaron de regreso a Nicaragua sin pasar los controles fronterizos, por lo que el MINSA no tenía registro de ellos; por lo tanto, el MINSA no pudo darles seguimiento como lo han estado haciendo con las personas que ingresan a Nicaragua en los puntos de control de inmigración. Sin embargo, en Nueva Vida y en los alrededores de Ciudad Sandino, sabemos que los vecinos han informado a MINSA sobre las personas que han venido de otros países sin registrarse, y el MINSA ha dado seguimiento con esas personas, pidiéndoles que se pongan en cuarentena por 14 días y llamando para ver como siguen regularmente durante ese tiempo.
¿Es posible, como dicen las “fuentes extra oficiales,” que haya más casos de coronavirus en Nicaragua de los que conocemos? Sabemos que muchas personas con coronavirus no muestran ningún síntoma y por supuesto si las personas no se sienten tan mal o no reconocen los síntomas, no acudirán al médico, por lo que seguramente hay casos que incluso el MINSA no conoce.
¿Pero hay una campaña de parte de MINSA de esconder casos? Tengamos en cuenta lo que estamos escuchando de otros países: desde los EE. UU. escucho directamente de amigos y familiares que tienen todos los síntomas de COVID-19, han llamado a su médico que ha acordado que los síntomas suenan como COVID-19 pero debido a la escasez de pruebas y al bajo riesgo para ese paciente, se les ha orientado que se queden en casa. Por lo tanto, podemos suponer que el número de casos de COVID-19 en los EE. UU. es mucho mayor de lo que se informa oficialmente, pero debido a la falta de pruebas, no sabemos exactamente cuántas personas lo han tenido.
De manera similar, si hubiera un brote generalizado en Nicaragua, ¿no estaríamos viendo, oyendo o leyendo sobre personas con los síntomas a quienes se les dijo que se quedaran en casa o a quienes se les negaron las pruebas? Todavía no he visto ningún informe semejante, incluso de los medios de oposición, que seguramente estarían ansiosos por publicarlo.
Para contexualizarlo, el año en que el Zika llegó a Nicaragua, hubo una alerta y el gobierno informaba todos los días cuántas mujeres embarazadas tenían Zika y cuando nacían sus bebés si nacían con defectos de nacimiento. Al igual que el coronavirus, debido a que el Zika era una enfermedad nueva en Nicaragua, nadie tenía inmunidad y, por lo tanto, se propagó rápidamente por la comunidad. PERO hubo una escasez de reactivos para realizar las pruebas. Por lo tanto, de manera no oficial, las pruebas solo se administraban a mujeres embarazadas o pacientes con otras afecciones que los hicieron vulnerables. Mis hijas y yo tuvimos todos los síntomas, fui al MINSA y me dijeron que tenía “rash” y no me hicieron una prueba (más tarde, obtuve un resultado positivo de anticuerpos contra el Zika). Hablé con innumerables personas con el mismo cuento, incluyendo una familia de una sola casa con dos adolescentes, y un adulto y un bebé, y solo el bebé vulnerable recibió la prueba. En ese momento, podrías haber preguntado en cualquier vecindario y todos tenían un cuento de Zika que contar.
¿Si preguntaras ahora? Nadie tiene un cuento de coronavirus que contar que no les haya sido –re-enviado por alguien que lo re-envió (¿quizás por un “informante”?) en WhatsApp. Tal vez también deberíamos considerar aplicar el rastreo de contactos a los mensajes inflamatorios antes de reenviarlos.
* Becca Mohally Renk tiene 20 años de vivir en Nicaragua, trabajando con la Fundación Jubilee House Community y su proyecto Centro Pro Desarrollo en Centroamérica en las afueras de Managua.