Un muy buen amigo, a quien tengo en alta estima, colega en la Asamblea Nacional y tremendo médico, el Doctor Víctor Triminio, me hizo llegar una metáfora satírica que retrata de pies a cabeza a individuos, instituciones y naciones que hundidas en un mar de problemas, imposibles de hallarles la más mínima solución, se agarran de cualquier cosa para auto convencerse de que ellos pueden hacer las de Jesucristo de resucitar al tercer día y son tan optimistas en la negación de su mortuórica realidad, que creen incluso hacerlo antes del tiempo que le tomó al único que a lo largo de la historia de la humanidad volvió después de vencer a la muerte y son tan necios en el empeño que ahogándose en las oscuras y frías aguas del mar retan todo sentido común y se ponen al cinto grandes fajones de plomo porque apuestan a que la bruta necedad los sacará a flote.