Japón acaba de dar un salto que tardó más de un siglo en llegar, una mujer, Sanae Takaichi, ha tomado el timón del Gobierno. Su llegada al poder es el resultado de una carrera construida con precisión, respaldada por alianzas bien consolidadas dentro del Partido Liberal Democrático y por la confianza de un Parlamento que valoró su experiencia y su carácter. La votación fue el desenlace de meses de negociaciones y del trabajo silencioso de una dirigente que entiende los tiempos del poder japonés y sabe cómo avanzar sin provocar fracturas.