Por muy optimistas que seamos nunca podremos decir que Nicaragua está en un lecho de rosas. Si el mundo tal como lo vivimos nos luce patas arriba, enredado en una madeja bélica, polarizado política e ideológicamente como parte de un proceso de recomposición en sus esferas de dominio globales y por supuesto deprimido económicamente por los olores a pólvora que se respiran y que disparan todo, entonces nuestro país, que es parte de la sociedad planetaria, no está al margen ni tampoco tiene inmunidad para no sentir los efectos que generan situaciones como esas.