María Corina Machado reapareció en Oslo tras un año de mantenerse prófuga de la justicia venezolana. Llegó al Gran Hotel escoltada por la protección abierta del imperialismo que la respalda desde hace años. Desde el balcón del edificio se asomó con una postura pontificia, imitando la forma en que suelen dirigirse los pontífices a las multitudes, aunque abajo solo la esperaban cuatro gatos de seguidores. Mientras ella saludaba con aire de superioridad, gran parte del pueblo noruego se concentró en las calles para protestar contra su presencia y contra la entrega del Premio Nobel que recibió bajo la sombra de la guerra que promueve y del daño causado a Venezuela por sus llamados a sanciones y presiones extranjeras. La escena dejó expuesta una visita sostenida por la complicidad del gobierno de Noruega, que abrió espacio a una figura señalada en su propio país como vendepatria y golpista.